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¿Cómo se sale de la irresponsable ingobernabilidad?

Hoy cuando el país está en lo que sin lugar a dudas es su peor crisis económica y social nos pesan, y mucho, la inmensa cantidad de barbaridades que se hicieron en el pasado reciente, gracias al festín petrolero auspiciado por el delirio voluntarista de la megalomanía que aún asiste al gobierno.

¿Cómo se sale de la irresponsable ingobernabilidad?

Los arquitecto de la parafernalia comunicacional del régimen han de tener cuidado con tantas reposiciones de audio y video del difunto presidente. Por suerte para ellos no son muchos los que las escuchan o quienes las ven. Aunque trasmitan generalidades, allí están las claves de lo que fue la destrucción institucional y productiva del país. No sabemos si ingenuamente las reponen, como para que no queden dudas sobre el despilfarro de oportunidades que representó el destino dado a la renta petrolera a lo largo de todos estos años, o sólo es la letanía de estaciones de radio y TV que se quedaron sin emisor y mensaje.

Insistir en las nacionalizaciones, las confiscaciones de empresas y tierras, el enfrentamiento brutal contra el aparato productivo nacional, los miles de disparatados proyectos alternativos de nombres artísticos como los saraos, las comunas productivas, la acuñación de monedas para el trueque local, las tesis del crecimiento endógeno, los museos (más que empresas) de producción social (y un inmenso etcétera), junto a los convenios y regalos que sirvieron de instrumento para la geopolítica petrolera de una revolución que pretendía exportarse, más que errores son inmensas irresponsabilidades que hoy estamos pagando, sin que aparezca el mas mínimo propósito de enmienda.

Todo ello sin contar los faraónicos e inconclusos proyectos, como la red ferroviaria nacional, el tercer puente sobre el Orinoco, el segundo sobre el Lago de Maracaibo, ni que decir de las “fumadas de lumpia” como la base aeroespacial de Borburata, ejemplos que no son sino una pequeña muestra de todo lo que hoy nos pesa y golpea brutalmente la cara, de este pobre país que no tiene ni como curarse de parásitos, ni mucho menos sanarse de una simple infección.

Pobre País Pobre

Los cuentos abundan. Una señora que murió por la septicemia en una muela, un campesino que falleció por una herida mal curada en un pie por trabajar descalzo, el niño que puso a correr a toda una familia porque la diarrea lo deshidrató, todos estos y muchos otros cuentos, nos recuerdan lo pobre que somos, después de haber sido tan aparentemente ricos.

Lo trágico de la historia, y lo irresponsable también, es que esta película de auge, clímax y recesión petrolera ya la habíamos vivido. En los años setenta, a finales del primer mandato de Carlos Andrés Pérez, quienes tenemos años y memoria para ello, recordamos lo que la picaresca criolla llamó la jaula de King-Kong. Se trataba de una inmensa carpa o complejo ferial ambulante, instalado entre las dos Torres del Silencio, en lo que hoy es la Plaza Caracas, donde se exhibían los logros del gobierno. Los planes de la Gran Venezuela, la autopista del desarrollo camino al primer mundo, eran frases que sólo pueden compararse con las consignas acuñadas por el régimen actual. Baste por mencionar, para no cansar, la mas cínica de todas, la de país potencia o ejemplo moral para el mundo.

Una cita de una de las tantas y tantas páginas web encargadas de promocionar a la revolución bolivariana y de desacreditar a los gobiernos anteriores, dice lo siguiente sobre el gobierno de CAP I:

“El país con una de las gasolinas más baratas del mundo tenía paralizado de hecho el agro, viéndose obligado a importar el 80% de los alimentos que consumía a precios subsidiados. Fueron años de fuerte crecimiento de la economía, de la renta per cápita y del coste de la vida, pero las bases de todo este progreso y bienestar eran engañosas. Las funestas consecuencias de la política dilapidadora de quien había prometido; administrar la abundancia con una mentalidad de escasez; se iban a apreciar mejor a largo plazo,(…)” (www.nodo50.org.ve)

La cita no es una crítica al período de Hugo Chávez visto en retrospectiva. No es la descripción del presente tras el boom petrolero del pasado. Se trata de una reseña pro-chavista sobre aquel a quien El Comandante convirtió en su archienemigo. Tanta similitud espanta.

Señales de una nueva esperanza

Hemos repetido la historia, de tanto creernos ricos por la ilusión petrolera, lo efímero de esa riqueza nos hace despertar como lo que somos, un pobre país pobre.

Seguir enumerando las irresponsabilidades cometidas a lo largo de estos años más que repetitivo podría resultar masoquista para un público lector que más que seguir anclados en el pasado, quisieran abrigar una esperanza para el futuro.

En un contexto donde no hay demasiadas buenas noticias, las pocas que existen hay que ponerlas en evidencia. Lo primero ha señalar es que de las crisis se aprende. Nosotros no seremos la excepción. La docencia social que significaron las hiperinflaciones de la América Latina de los años ochenta, sirvió para curar a esas sociedades de los populismos militaristas y mesiánicos que hundieron al Continente, pero que a la postre sirvieron de bases para los consensos básicos que permitieron un manejo más o menos correcto de la política económica, junto a algunas practicas de inclusión social fundamentales para lograr estabilidad y gobernabilidad democrática.

A pesar de nuestros pasado inflacionario, o del estéril debate de los economistas criollos de si estamos o no en un contexto de hiperinflación, lo que si es cierto es que nuestra pedagogía de la crisis, nuestro aprendizaje social, tendrá que ver más con el atroz desabastecimiento y sus terribles consecuencias para la cotidianidad y la propia vida de los venezolanos, que la escalada sin precedente de los precios, los cuales si no son hiperinflacionarios, permítaseme al menos calificarlos de supreinflacionarios, lo cual, dicho se de paso, también enseñan.

¿Por qué la pedagogía es una buena noticia? No hay proyecto mesiánicos sin entusiastas y fervorosos creyentes o feligreses. Chávez tuvo los suyos, y aunque para muchos el proyecto aún no se ha muerto, lo que resulta bastante claro es que los axiomas simples de su doctrina difícilmente embauquen a las nuevas mayorías del presente.

Ello no quiere decir que el país completo saldrá a respaldar (por entenderlo) un plan de ajuste macroeconómico como el que parece necesitar el país post-chavista, pero al menos si pareciera haber un consenso (o un convencimiento) social, de que la crisis no es superable con este gobierno, o al menos con el Presidente Maduro al frente. Las encuestas hablan de un 72% de venezolanos que así opinan.

El problema entonces es cómo salimos de ésta, pero con las premisas de gobernabilidad futura basadas en la necesidad de que el cambio sea democrático, pacífico y constitucional.

¿Cómo se sale de la ingobernabilidad?

No es bueno salir de cualquier manera. El camino de la superación de las dificultades económicas y sociales que nos aquejan, pasan por cómo se supere la crisis política del presente.

El gobierno ayudaría mucho al país, si se hubiera atrevido a llevar a delante un gobierno de cohabitación. Habría garantizado su preeminencia como actor político, incluso si llagaba a convertirse en oposición. Pero no se atrevió. Ni ahora cuando el revés en las elecciones parlamentarias se lo indicó, ni antes cuando ganó la presidencia por tan escaso margen, y los signos de inviabilidad del modelo socialista rentista era más que una evidencia para iniciar los cambios.

Sin la cooperación del gobierno la salida política será traumática. Desde estallidos sociales que terminen en gobiernos tutelados, hasta puros y simples intervenciones militares con o sin causa directa, son posibilidades extremas, posibles aunque no deseadas.

Como es de entender , la activación de algunos de los mecanismos constitucionales debería ser la formula correcta, pero cualquiera que sea el camino todos lucen largos y susceptibles de ser escamoteados por un gobierno tan obstinado en sus inservibles políticas económicas, como en su temor en perder el poder.

Cierta redundancia envuelve nuestras posibilidades de cambio. Sólo la agudización de las dificultades obligaran al cambio o la apertura para que éste ocurra y, tautológicamente, el cambio no se inicia porque las contradicciones aún no han sido tan agudas. Semejante determinismo materialista sirve de poco para salir de la ingobernabilidad.

El paradigma de las condiciones objetivas, y de la necesidad de su espera, bajo el argumento de que el empeoramiento sólo garantiza el cambio, no solamente es falso, sino que opera como opio paralizante para los reacios a hacer política.

Lo que se impone es todo lo contrario. De la ingobernabilidad se sale trabajando para salir de ella. Se trata de insistir por las vías constitucionales, aprovechar las oportunidades pedagógicas de la crisis sin depender al extremo de ellas, y entender que un poco de negociación con el bando contrario es fundamental para lograr alguna salida del atolladero.

En definitiva lo más probable que ocurra, salvo que la crisis sobrepase los tiempos de la política y se precipiten eventos inesperados y seguramente indeseados, es que se llegue a una formula de consulta electoral consensuada. Llámese enmienda constitucional, revocatorio o elección anticipada, que sea una oportunidad para renovar el juego, propiciar una salida y no dejar moribundo a quien resulte derrotado.

El único problema de todo esto, es que mientras más pase el tiempo las victimas de la irresponsabilidad del gobierno y de su ingobernabilidad seguirá creciendo. En forma de enfermos sin remedio, crisis con empobrecimiento y problemas de todo tipo sin soluciones de ninguna naturaleza.

Dudamel: ¿quién lanza la primera piedra?

Todos conocemos ese pasaje del Nuevo Testamento. Aquí, en defensa de El Sistema, lo recuerda Carolina Jaimes Branger a propósito de la oleada de críticas en redes sociales contra el director de orquesta Gustavo Dudamel por su cercanía con los gobiernos chavistas