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Cómo un virus ayuda a recuperar la identidad de nuestro fútbol

Un país que se sumó "tarde" a la fiebre del fútbol pero que ha sido cuna de talentos incomparables, de gestas históricas y donde hay instituciones con una fanaticada tan ferviente como las de países europeos o del sur de América. Sin embargo, el balompié en Venezuela subestima su historia y son sus seguidores quienes se dan a la tarea de rescatarla

Cómo un virus ayuda a recuperar la identidad de nuestro fútbol

Los días de cuarentena provocaron un sentimiento realmente llamativo: la nostalgia. Por redes sociales, muchas cuentas y personas activaron los recuerdos, particularmente los que tienen que ver con el fútbol venezolano y su identidad.

Un tuit me hizo recordar lo que me ocurrió en los días que vivía en San Cristóbal y era asiduo a ver a Táchira jugar en Pueblo Nuevo. El «Coco» Arroyo, antiguo jugador del cuadro aurinegro, estaba en la puerta del VIP del estadio y el chico que hacía de portero, no le quería dejar pasar. Me acerqué y le dije al chamín que no tenía por qué saberlo, pero le estaba negando el acceso a una gloria del equipo. El muchacho, haciendo bien su trabajo, ni se inmutó. Creo que si hubiera sabido de quién se trataba el personaje, al menos hubiera consultado con algún superior si lo dejaba pasar.

El caso no es juzgar si el chamito estaba haciendo lo correcto o no. Lo que quiero traer a colación es que ésta situación que se presentó no es un caso aislado, sino una constante. Es un fenómeno que obedece al poco conocimiento que tenemos acerca de nuestro glorioso pasado deportivo.

¿Glorioso? Sí, y mucho. No mantener en el tiempo cada logro, cada hazaña, cada título y sus hermosas particularidades es responsabilidad de los medios de comunicación y de las propias instituciones; porque el aficionado sí conserva en su recuerdo esas maravillas.

Hablo del fútbol venezolano, pero es una situación recurrente en todas las facetas de vida nuestra. No apelamos a la historia, no preservamos nuestros recuerdos como una referencia que perdure en el tiempo. La historia es una materia obligada y no un estímulo para crecer sabiendo de dónde venimos y qué hemos hecho.

Hay instituciones que intentan, de alguna manera u otra, preservar la historia y mantener su identidad. Las tres estatuas aurinegras en San Cristóbal, algo tan sencillo, sirven para que las figuras de tres futbolistas idolatrados expliquen a quienes las ven, lo importante que es el Deportivo Táchira para su gente. En el camerino del Caracas se le recuerda al jugador, usando imágenes del pasado, lo que significa jugar en el rojo.

De resto, salvo lo que algunos periodistas y aficionados rescatan en redes sociales, no hay una exaltación al pasado, a la creación de los equipos, a sus figuras.

Rescatar el pasado es dar identidad, algo a lo que tantos nos referimos cuando criticamos el desarrollo tardío de nuestro balompié con respecto al resto del continente. Desconocemos nuestro pasado y no nos interesa rescatarlo porque no le damos el real valor que tiene.

Pedro Pascual Peralta una leyenda y parte de la identidad del fútbol venezolano

Pedro Pascual Peralta fue uno de los jugadores importados más destacados en el fútbol de Venezuela. Jugó para el Portuguesa FC (1974-79) y el Deportivo Táchira (1980). Anotó 78 goles para el Portuguesa FC en Primera División, el mejor registro histórico del club en esa categoría.
Con información de Eleazar Pérez.
Fotografía: Cortesía / Carlos Domingues

Mantener vivos los recuerdos, los hechos y los personajes acercan al aficionado y le da sentido de pertenencia a la institución. ¿Usted cree que es exclusivamente la situación país la que provocó que el hincha se haya alejado del estadio? No es exclusivo. Es el desinterés, la falta de afiliación, la que también motiva que al público le sea indiferente si va o no a apoyar a su equipo al estadio. No hay arraigo.

Los medios de comunicación juegan un papel preponderante, pero más relevante es la difusión e importancia que le brinden al tema las propias instituciones. El esfuerzo que hacen los departamentos de prensa para promover el conocimiento del pasado de sus equipos en estos días de cuarentena debería preservarse y no ser consecuencia del «no hay más nada qué hacer».

Sí bien nuestra historia futbolística es corta (Estudiantes es el equipo vivo más longevo y no llega a 50 años), hay una riqueza enorme cosechada en ese tiempo que servirá para sentar la base de la identidad de cada institución.

Los debates sobre los problemas estructurales son otros, porque la historia nunca se puede borrar, pero sí rescatar. Hacer ese esfuerzo por identificar qué jugador disputó más partidos, quién hizo más goles o quien jugó más minutos no debe ser tarea de cronistas y estadísticos filantrópicos, sino riqueza; activos de cada organización.

¿Hay algún estadio de fútbol en Venezuela que lleve el nombre de una gloria de este deporte? Solo el Gato Hernández en El Vigía y fue un cambio de nomenclatura reciente. ¿Hay algún nombre de un futbolista en alguna tribuna del país? Ninguna. No es costumbre ni interesa hacerlo, parece.

No cuesta nada crear un espacio que recoja los trofeos, las camisetas, las fotos; que existan monumentos, gigantografías, nombres de estadios, de tribunas que recuerden fechas importantes, jugadores… ¡Es tan fácil hacerlo!

La identidad se gana, pero también se fomenta. Puede y debe hacerse.

Encovi, el vivo retrato de la miseria, detalla los municipios de Venezuela

En el portal desarrollado por el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (IIES) de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) se detalla cómo varía el porcentaje de población venezolana que vive en pobreza extrema según las regiones: aunque el promedio nacional es de 64%, el índice es de 56% en el Distrito Capital, mientras en Amazonas alcanza a 71% de los habitantes.