<iframe src="//www.googletagmanager.com/ns.html?id=GTM-K8BB9HX&l=dataLayer" height="0" width="0" style="display:none;visibility:hidden"></iframe>

Corregir los falsos supuestos: hacia la estrategia y la coalición del coraje

Carta abierta a Laureano Márquez, Moisés Naím, Leonardo Padrón, Ramón Piñango, Valentina Quintero, Cesar Miguel Rondón, Benjamín Scharifker, Milagros Socorro, Gerver Torres, Luis Ugalde y demás intelectuales que firmaron una carta abierta a los venezolanos solicitando el cese de la división opositora, y el apoyo al Presidente Juan Guaidó.

Estimados firmantes, y pueblo venezolano entero.

1. Introducción.

Es clara la buena intención que inspiró su carta. Lo saludo como una invitación al debate abierto de ideas. Lo cual es esencial, sobre todo para los que sabemos que la verdad es la que nos hará libres. Y ella surge de este tipo de iniciativas y sus respuestas, para fortalecer la democracia deliberativa, y las acciones que se derivan de las conclusiones, que son robustas si se hace bien, que es el objetivo que los motiva, por lo cual estamos todos agradecidos, estoy seguro.

Las conclusiones a que ustedes llegan se derivan de sus supuestos. Voy a argumentar que dichos supuestos, a pesar de la buena intención, necesitan una revisión profunda. Intentaré la corrección respectiva, y llegaré conclusiones muy similares a las de ustedes: necesitamos unidad, para sumar fuerzas de los que estamos del lado correcto del conflicto político de facto en que estamos embarcados.

Concluiré que la unidad correcta viene de mantener la hoja de ruta del coraje, que empieza por el cese de la usurpación; y de coordinar con los militares rebeldes y la comunidad internacional del coraje, como se deduce de la estrategia óptima dados unos supuestos distintos, que argumento como los correctos en el texto.

Usaré muchas de las ideas que ya he expresado en los últimos años. Pero las repetiré aquí para que la carta sea auto-contenida, con referencias para profundizar sobre los temas tratados al final de la misiva.

2. El verdadero mapa de conflicto, y la verdadera unidad.

El primero supuesto a revisar, y el de más impacto, es que la contradicción principal en este conflicto es entre “(des)gobierno” (Maduro y la banda de los siete) y “oposición” (Guaidó y el resto de nosotros). Es el supuesto que se hace en situaciones similares en la historia del resto del mundo. Pero desconoce nuestra realidad de un país azotado por la enfermedad del rentismo petrolero. Que implica, como nos ha enseñado la literatura especializada con enfoque de Economía Política aplicada a Venezuela, la existencia, incluso desde antes de Chávez, de un cartel de mafias caza-renta, con negocios de crimen organizado asociados, que maneja los hilos del poder político y económico en el país. Que captura no solo a los gobiernos de turno. Sino también a parte clave de las oposiciones de turno.

Claro que con Chávez y Maduro eso se agravó a niveles superlativos. Primero, por las magnitudes y generalización de la corrupción, el militarismo, el populismo rentista, la centralización territorial e institucional, la debilidad e inoperatividad de las instituciones y la ausencia de estado de derecho. Y segundo por las implicaciones geopolíticas, terroristas, y de tráfico de drogas. En particular, por el dominio cubano en todos los ámbitos, desde el 2003, bajo la égida de Fidel Castro.

Pero la realidad es esencialmente la misma en el sentido que nos ocupa: la captura de políticos y partidos de oposición clave ha sido una constante mantenida, e incluso exacerbada también en niveles y en cantidades. No creo que nadie discuta esto a estas alturas. Por lo que solo daré referencias abajo.

Todo esto nos dice que el conflicto aquí es otro: no es entre el (des)gobierno y la oposición. Es entre el cartel de mafias caza-renta-delincuenciales, y el resto de nosotros. Y el cartel tiene como aliados claves, a través de los hilos que maneja en la política, la economía, los medios, y la cultura asociada, a políticos opositores que han estado tanto en la MUD, como en el Frente Amplio, quienes, dicho sea de paso, siempre han abogado por la estrategia de cohabitación en el juego de facto al que nos llevaron Maduro y la banda de los siete.

De esto se deduce que la unidad que queremos es la de las fuerzas que representan al resto de los venezolanos. No podemos incluir en esa unidad a los corruptos, asociados por correlación clara, al enemigo. Sería un error similar al de Chamberlain en la segunda guerra, que se alió con Mussolini para apaciguar a Hitler.

La solución es la unidad, como bien dicen ustedes, poniendo de lado las apetencias del momento entre los que tenemos el mismo enemigo. Dejar la competencia, la rivalidad, explicable muchas veces, entre el resto de los venezolanos y sus partidos. Pero es fundamental tener presente, como ya dije, que el enemigo no es sólo Maduro, un títere más de los caza-renta, que son los que mueven los hilos, y también tienen como agentes que los sirven, bien pagados, a los apaciguadores, cohabitadores y colaboracionistas. La unidad que debemos conformar es la unidad tipo Yalta, en que Churchill y Roosevelt se aliaron a Stalin, nada menos, a pesar de la rivalidad y la gran pugna que tenía occidente con la Unión Soviética. Stalin era un jugador del coraje contra el Nazi.

3. Los juicios ciudadanos: los políticos son culpables, hasta que demuestren lo contrario.

Otro supuesto falso en su análisis es que se necesitan pruebas en un juicio político. Eso es cierto en un juicio legal. Para condenar a un ciudadano se necesitan pruebas. Solo un tribunal puede condenarlo. Y nadie puede hacerlo a priori, pues tiene presunción de inocencia como punto de partida.

En política es al revés: el ciudadano tiene “inmunidad” para opinar sobre los políticos. Y nadie lo puede juzgar por eso. Mucho menos condenar. El político, en cambio, está sujeto a una especie de presunción de culpabilidad. Es el punto de partida. La “hipótesis nula”, usando metodología científica aplicada a este tipo de casos. La idea es que se aplica el mismo principio ético-político romano, según nos refiere Plutarco: “La esposa del César no solo debe ser honesta, sino también parecerlo”. En otras palabras, un político tiene la carga de la prueba para demostrar ante el público, ante los ciudadanos, que es honesto (pues a ellos entonces les parece que lo es, que es crucial aquí).

El ciudadano puede partir de suponer que no es honesto, que es corrupto. Se sabe también, en este tipo de juegos, que las palabras tampoco son suficientes para convencer a los ciudadanos que se es buen político. Eso sería “cheap talk” (hablar barato, o paja, en criollo). Se aplica la máxima de Jesús de Nazaret: por sus obras los conoceréis. O, como en teoría de juegos, necesita trasmitir “señales costosas” para demostrar que es honesto. Sus acciones políticas previas, junto con las actuales, deben ser las líneas del currículum de un político.

Por eso su prestigio es crucial en esto. Ahora bien, si algún ciudadano dice algo malo sobre él, eso lo perjudica? Al revés. No hay nada más bueno para un político que la fama. Que hablen de él. Mal o bien. Si es lo segundo, pues maravilloso (poco frecuente en Venezuela, no sé si lo han notado). Si es lo primero, también bueno. Porqué? Porque entonces se esmera en argumentar y probar lo contrario.

En el primer caso, es como si un usuario habla mal de un modelo de Toyota, diciendo en Twitter que sus frenos fallan, y que se estrella con facilidad, con consecuencias fatales. El gerente de la Toyota entonces se esmera en hacer pruebas técnicas, con un experto independiente, en el cual confían los usuarios. Y demuestra que es falso. Con esto, la Toyota gana muchísimo, pues la fama que trae el juicio público, y el resultado, lo coloca muy bien para el negocio.

Qué tal si fuera cierto lo de la falla de los frenos? Inmediatamente la empresa informa a todos los compradores, y cambia los frenos defectuosos. E indemnizar a los clientes. Es lo que deberían hacer los políticos: si es cierto que erraron, deben reconocerlo, y hacer propósito de enmienda que sea creíble. Mínimo. En Venezuela no ocurre eso, que yo sepa.

Y debería ocurrir, sobre todo de ahora en adelante, en que por fin nos estamos dando cuenta de quién es quién, y del verdadero mapa de conflicto.

Al político que no le conviene que hablen mal de él es al que es corrupto. Pues no puede demostrar, realmente, que no lo es. Pero eso es bueno también, no? Por eso, usar el argumento legal de requerir pruebas en un juicio político genera sospechas, pues al único que beneficia es al político corrupto: eso genera una corrección política que les da inmunidad, y perjudica la democracia, los derechos ciudadanos, al lado bueno del conflicto.

En conclusión, tanto para los buenos, políticos, como para los malos, es bueno (para el país, y para el político bueno) que la gente los cuestione. Incluso si dice cosas falsas. Y debe establecerse como nueva norma de comportamiento de cara a la salida de la enfermedad del caza-rentismo, no solo de Maduro.

Cierro la teoría diciendo que culpar a un ciudadano de acusar a un político es como culpar a un consumidor de cerveza de preferir una entre Zulia Polar, y criticar alguna de estas por su “mal sabor”. Otro ejemplo aquí sería que se impidiera criticar por su mal desempeño a un presidente, alegando que fue democráticamente electo. En una democracia representativa, lo dicho sobre la esposa del César es natural, dada la información asimétrica entre el elector y el político. Su carácter es materia vital de escrutinio político. No solo su programa de gobierno. Y su prestigio debe basarse en su desempeño. No en presunción de inocencia. Mucho menos en sus afirmaciones en su propia defensa. Imponer lo contrario, por la vía que sea, es totalmente contrario al buen funcionamiento de una democracia, además de que vulnera los derechos políticos ciudadanos.

En un país normal debe ser así. Pero en Venezuela mucho más, por lo dicho de la captura sistemática de los caza-renta de políticos de todo tipo. Y no solo políticos. También analistas, medios, periodistas e instituciones diversas, como las empresariales, culturales y académicas.

4. La desconfianza entre la población, y cómo recuperarla.

Por lo dicho hasta ahora, es claro que la gente desconfía de muchos políticos. No solo porque es el punto de partida. Sino porque las señales que dan muchos de ellos afianzan la “hipótesis nula”. Su desempeño es nefasto. Culpar a la gente porque opine contra ellos en las redes sociales, o porque no vaya a las marchas, contradice la lógica económica y la política.

De hecho, un banco le da crédito a un inversionista si su historia para recuperar el dinero invertido es adecuada. Si malgastó la plata que se le dio, no volverá a prestarle. Porque no le tiene confianza. En nuestro caso, el banco es el pueblo y el inversionista es el político.

La MUD dilapidó el capital político que se le dio con la elección de la AN. Lo mismo el Frente Amplio, que tiene entre sus componentes a políticos muy cuestionados por la gente, como Ramos Allup, Rosales, incluso Capriles, entre otros. Su desempeño ha sido cuestionable, como argumentaremos más sólidamente abajo en términos de su “plan de inversión” (La cohabitación).

Obligar a la gente, en fin, a que le tenga confianza a un político cuestionable es como forzar a un banco a que le dé crédito a un inversionista que ha malgastado el dinero que se le prestó. Jugar cohabitación ha sido un plan de inversión fracasado, cuando había un plan ganador, el del coraje, como veremos ahora.

Cómo se recupera la confianza? Pues con un equipo ganador y un plan ganador. Guaidó era un inversionista nuevo, al que se le dio el beneficio de la duda. Y su plan, de cese de la usurpación, era ganador, del coraje, en el que la gente creyó, y por eso le dio crédito. Le tuvo confianza. Lamentablemente el Frente Amplio socavó, desde muy temprano, tanto la confianza, con la foto con Ramos Allup, Rosales, etc, en quienes la gente no confía, como el plan ganador, para cambiarlo al de cohabitación, un plan fracasado. Y a la gente no le ha gustado eso, y con razón, como ahora veremos.

5. La fuerza relativa y la estrategia óptima: coraje o cohabitación.

Un segundo supuesto falso es que el (des)gobierno es más fuerte que nosotros. Si esto fuera cierto, lo óptimo sería la estrategia de la cohabitación, como veremos ahora. Ustedes dicen, por eso, que es ilusorio jugar coraje, pues eso no soluciona nuestro problema. No nos pone a ganar en el conflicto. Lo cierto es lo contrario.

Empecemos mostrando, usando este juego esquematizado que va al meollo del asunto, que lo relevante aquí es la fuerza relativa de los contendientes en una confrontación de facto:

PR Caza-Rentas
Coraje Gallina
Coraje x ; y 10 ; 0
Gallina 0 ; 10 5 ; 5

Imaginemos que dos carros van en dirección contraria. Como un juego d e los jóvenes estadounidenses de los años 60. Las dos opciones para cada uno de ellos es chocar (coraje), y desviarse para no chocar (gallina).

Aquí está el jugador fila, nosotros, el PR, “Pacto Republicano” (alianza que une al resto de los venezolanos), y el jugador columna, nuestro enemigo, los caza-renta y su modelo. En la matriz de pagos, el primer número es para nosotros, y el segundo para el enemigo, si nos dos jugamos las estrategias respectivas. Por ejemplo, si los dos jugamos “Coraje”, nosotros obtenemos “x”, y el enemigo “y”.

Supongamos que si nos confrontamos los dos jugadores (si los dos jugamos Coraje), salimos perdiendo, porque los valores de las dos variables son: x = -1, mientras que y = 1. En ese caso, el único equilibrio de Nash sería que nosotros juguemos “Gallina”, y el enemigo “Coraje” (Es un equilibrio porque si cada jugador piensa que el otro va a jugar lo que le corresponde ahí, no tiene incentivos para desviarse: jugará eso como lo óptimo en términos de la ganancia que obtiene ahí).

Pero lo que hemos dicho es que lo contrario es lo cierto: si llegásemos a confrontarnos, el perdedor sería del desgobierno y su régimen, con sus aliados, y nosotros saldríamos ganando, pues tenemos un Hummer, y ellos un Volkswagen: Es como si x = 1, mientras que y = -1. Reproduzco abajo la matriz con estos números, los correctos. El equilibrio de Nash en este caso sería que nosotros jugamos Coraje, y el enemigo Gallina (en amarillo).

Es el equilibrio porque si el enemigo supone que jugaremos Coraje, jugará Gallina, ya que si juega Coraje, su carro, el Volkswagen, quedará destrozado. Nosotros quedaríamos con un faro roto en el Hummer, carro mucho más fuerte a la hora del impacto, pero mucho mejor que si jugamos Gallina, perdiendo el territorio (el carro, en la apuesta del ejemplo de los jóvenes de los 60). Y si nosotros sabemos que ellos jugarán Gallina al final, jugaremos Coraje, pues terminamos ganando 10, todo el territorio que nos habían robado.

PR Caza-Rentas
Coraje Gallina
Coraje 1 ; -1 10 ; 0
Gallina 0 ; 10 5 ; 5

Esa es la estrategia óptima que creemos que debemos jugar. Es la que anunció Guaidó desde un principio cuando se juramentó: primero cese de la usurpación. Luego gobierno de transición, y al final elecciones libres. De hecho, esa juramentación implicó que por primera vez nos montamos en el carro. Pues la MUD, luego que el pueblo decidiera jugar Coraje el 16 de Julio de 2017, decidió, contrariamente a la voluntad ciudadana, jugar cohabitación: nunca se montó siguiera en el carro, para jugar el juego. Lo cual fue inteligentemente interpretado por el enemigo, que sí que jugó coraje, y se quedó con el territorio, hasta ahora.

Montarse en el carro, y jugar coraje, es lo que explica que Guaidó haya tenido tanto éxito en tan corto tiempo. No porque era él. O porque eran sus asesores, como erróneamente se ha planteado, con ánimo competitivo frente a otros líderes políticos. La razón es que esto activó el Hummer. Nos dimos cuenta de que teníamos fuerza en los ámbitos mencionados: la calle, la comunidad internacional, y los militares rebeldes.

Desviarnos a la cohabitación (gallina), como pretende el Frente Amplio, no es solo erróneo. Sino una traición, dado el “poder de negociación” que realmente tenemos, según lo que hemos dicho. Eso explica el desánimo de la gente. Y la división entre los opositores que representan el sentir del resto de los venezolanos.

Como vemos en la matriz, si los dos jugadores jugaran cohabitación (gallina), no sería un equilibrio de Nash: los dos tienen incentivos para desviarse. Aquí lo decía en un vídeo hace meses:

De manera que es falso que el desgobierno va a jugar cohabitación si nosotros jugamos cohabitación, como pretenden algunos, y como ha quedado demostrado una y otra vez en el pasado cuando hemos ido al diálogo y a las elecciones: el desgobierno ha jugado coraje, naturalmente, como sus incentivos se lo dicen, y predice el juego. La ciudadanía ha estado más clara en esto que muchos presuntos “expertos”.

Así pues, en cada uno de los campos relevantes de la confrontación, tenemos mucho más fuerza relativa que el enemigo: La calle, lo internacional, lo militar. El tema es la activación y coordinación de toda esta fuerza para que actúe.

Pero es claro que para poder tener ese liderazgo adecuado que active y coordine las fuerzas a nuestro favor, debemos organizarlo bien: debe ser la alianza adecuada, que hemos llamado “Pacto Republicano”. No podemos tener aquí a gente que no genere confianza. Que sea aliado o agente del jugador enemigo. Por ejemplo, Ramos Allup, Rosales, Capriles, no generan confianza en la fuerza armada rebelde. Tampoco entre EEUU, Colombia, Brasil. Entre los ciudadanos, y en las redes sociales, ni se diga. Eso se sabe en las élites políticas. Y tiene razón de ser, por lo dicho. Aquí paso la propuesta, directamente.

En las referencias, abajo, he abundado en este análisis de fuerzas relativas. Pero definitivamente lo ilusorio no es jugar coraje, y esperar ganar. Sino jugar cohabitación, y esperar ganar algo. Porque si el enemigo sabe que vamos a cohabitar, de nuevo, no va a cohabitar. Va a jugar coraje, como ha ocurrido con los previos diálogos: se quedará con el territorio. Se quedará con el Hummer, incluso teniendo solo un Volkswagen: o nos metió miedo con su bluffing (alardeo falso de fuerza), o hemos sido llevados por los aliados del enemigo en esta guerra. Según el análisis que hemos hecho de la fuerza militar del enemigo, se trata solo de un bluffing, ya que la gran mayoría de esa fuerza está de este lado, tanto en lo nacional, como en lo internacional.

Ellos han usado el aparato represivo para amedrentar al contrario, porque han estado en trance de perderlo todo, como hace naturalmente un jugador débil en una situación como esta. Es como si hubieran quitado el tubo de escape al Volkswagen, y le hubieran pintado los dientes de un dragón en el capó delantero. Con eso nos han asustado, y no nos habíamos ni siquiera montado a manejar el Hummer, mucho más poderoso, aunque pintado de rosado.

Como vemos, este es en realidad un juego de suma cero, si las fuerzas relativas son diferentes: o ganamos nosotros, o ganan ellos. (Si las fuerzas fueran similares, se puede dar el caso de guerras prolongadas, guerras civiles, pero no es nuestro caso). Nótese también que la teoría predice que la confrontación no es violenta, como lo documenta también la evidencia empírica. Contrariamente al argumento de los cohabitadores, de que la estrategia del coraje implica violencia generalizada. Solo hace falta apuntar la pistola. No dispararla. Pero la amenaza creíble es fundamental aquí. No usarla, estando disponible, traiciona el interés del resto de los venezolanos en la confrontación verdadera.

Eso de “jugar en todos los tableros”, queriendo decir que podemos jugar coraje y cohabitación a mismo tiempo no tiene sentido. Puedes, y debes jugar en todos los terrenos, tiempos y circunstancias, como te dice la teoría básica en juegos dinámicos con incertidumbre y desplegados territorialmente. Pero con la misma estrategia, aunque tengas distintas tácticas acorde a cada “tablero” (nodo de decisión en el juego), siempre y cuando mantengas la coherencia.

En este juego es contradictorio totalmente, insisto, jugar coraje y cohabitación al mismo tiempo. En realidad hay espacio para un juego de suma positiva. Pero cuando hayas ganado el juego: negociarás la salida. Con suficiente poder de negociación. Esto nos trae al siguiente apartado:

6. Lo erróneo d el diálogo y las elecciones.

En su carta, ustedes implican que lo sensato son el diálogo y las elecciones, si leemos entre líneas. Por lo dicho, ya sabemos que no es correcto. Pero he estudiado este tema con cuidado. Y les cito la referencia directamente aquí (la primera edición fue en La Patilla).

La conclusión es que no se ha acopiado todo el poder de negociación que tenemos disponible. Por tanto, lo que se espera, con mucha suerte, es que se llegue al acuerdo de elecciones. Pero como están las cosas, quizá ni salga Maduro en el proceso, como hemos visto. No nos conviene, por decir lo menos. Ya la gente ha estado más clara que ustedes, siento decirlo de esa manera.

7. La división entre los del coraje, y cómo corregirla.

Para poder lograr la coalición del coraje propuesta, debemos reconocer el fenómeno de la división. Explicarlo, y corregirlo. Hemos notado la división entres las redes sociales. En la calle, entre la población el día a día, en todas las regiones y la Diáspora. Es un fenómeno distinto al del desánimo, aunque tiene cierta correlación con él, como es lógico. Lo de la desconfianza ya lo explicamos, y cómo corregirlo. Ahora lo de la división, es explicable también. No es casualidad, como veremos.

De hecho, es lo que predice la teoría, como se muestra esquemáticamente aquí. Supongamos que Guaidó se ha decantado de los corruptos. Sería percibido como un jugador del coraje. Supongamos que los dos competidores político-partidistas son él y María Corina Machado, MCM:

MCM Guaidó
Cooperar Competir
Cooperar 5 ; 5 0 ; 7
Competir 7 ; 0 1 ; 1

Es ilógico pedir que MCM se sume, igual que el pueblo crítico, a la “unidad” del Frente Amplio, por lo que hemos dicho, por lo cual eso está descartado. Sin embargo, es posible considerar la unión entre los del coraje. Pero hay problemas incluso en ese caso, como veremos aquí.

Si los dos cooperaran, como piden ustedes, y sería en principio posible una vez deslastrados de los corruptos, gana cada quien 5, digamos, como se muestras en la matriz de pagos. Pero hay un problema: si MCM coopera, y apoya a Guaidó, Guaidó tiene incentivos para desviarse, y competir como candidato y ganarle a ella de cara a lo que viene. Pues así ganaría 7 en vez de 5 (recordemos que el segundo número en cada recuadro de la matriz es lo que gana el jugador columna). Pero sabiendo eso, MCM tampoco le conviene cooperar: jugaría “competir”. Y los dos terminan ganando 1, en vez de 5, que es lo que daría la cooperación.

Lo que hemos analizado, que reproduce bastante bien lo observado, es que los jugadores del coraje caen en lo que se conoce como “el dilema del prisionero”. En que el equilibrio de Nash (en amarillo en la matriz) los deja ganando menos que si cooperaran, paradógicamente. Es una de las quejas de su carta, estimados amigos.

Pero hay una solución! Cuál? No es obligar a los jugadores a cooperar. Hacerlos quedar mal. Exigirles altruismo (lo cual no es realista, pues un político tiene naturalmente sus objetivos electorales). Sobre todo si es solo a uno de ellos, y no a los dos. La solución realista es cambiar el juego. Solo así se puede esperar que cambie el comportamiento de los jugadores. La idea es que MCM y Guaidó (y todos los jugadores del coraje, como describimos en el borrador de la propuesta del Pacto Republicano), formen una alianza, en que se acuerde jugar ese mismo juego. Pero una y otra vez. Un juego de largo plazo, como el que se persiguió mediante el Pacto de Punto Fijo (de ahí el nombre de la propuesta).

Si se hace eso, se produce el milagro deseado. La cooperación se transforma en un equilibrio de Nash (el mejor, el Pareto Óptimo, y por tanto el “equilibrio focal”, que es más probable de ser escogido). A esto se le conoce como el “folk theorem”. La teoría muestra incluso que la cooperación es auto-reenforzable: es un “equilibrio perfecto en subjuegos”. Hay consistencia intertemporal entonces. El equilibrio sería el verde claro, repetido una y otra vez. En valor presente, es muy superior que desviarse una vez, obtener 7, y en el futuro obtener solo 1.

Sin entrar en detalles, los aliados del pacto cooperan en el largo plazo, pero compiten en el corto, a la hora de las elecciones. Y la alternabilidad no viene de un acuerdo previo, como se criticó de la izquierda, excluida de la alianza, sino de la votación ciudadana, que naturalmente pecha al que se desgasta en la gestión de gobierno. Lo cual es bueno para la democracia, en el mediano y largo plazos: esa competencia es sana, y no rompe el acuerdo de largo plazo, el Pacto Milagroso, podríamos llamarlo.

Esto es vital para lo que viene luego de la salida del sátrapa: para poder salir de la enfermedad del rentismo, y males delincuenciales relacionados. Unos quince años mínimo son necesarios, según nuestros cálculos. Puede ser más. Pero con una alianza sólida intertemporal de este tipo, iríamos con pie de plomo.

Para corregir los problemas el Pacto de Punto Fijo, la alianza debe incluir a la izquierda política. Pero que no tenga que ver con la corrupción ni con la represión. No como ha hecho el Frente Amplio. Pues eso genera, igualmente, desconfianza entre la gente, y mete entre tus filas a parte el enemigo en el mapa de conflicto. Esa inclusión, hecha adecuadamente, pues, permite mejorar el diseño del Pacto de Punto Fijo. Lo mismo cuando se incluye a la sociedad civil independiente, los dolientes de ese sistema corrupto-corruptor. Fue de los problemas principales del Pacto de Punto Fijo, que al ser solo de partidos, y convertirse en presa del cartel de mafias, degeneraron la democracia venezolana. Y se produjo el fenómeno de Chávez, etc.

Igualmente, hay que incluir a los militares en rebelión, que no tienen que ver con las corruptelas ni con la represión.

Son los que están activados, por su lado, y muy probablemente den una asonada muy pronto, definitiva.

Por último, la comunidad internacional del coraje, que ganaría mucho con esta alianza: EEUU, Colombia, Brasil.

8. El tema de las redes sociales, el argumento de autoridad, y la petición de obediencia sin crítica.

Lo dicho hasta ahí nos convence que las redes sociales han estado muy acertados en su manera de reaccionar a la realidad. Aquí solo he adelantado herramientas teóricas que explican ese comportamiento. Que es no solo lógico, sino acertado. El tema es reconocer los problemas, explicarlos, y solucionarlos. No forzar una solución artificial basados en una realidad que no existe, e imponerla hegemónicamente, por ejemplo por recurso al ridículo, al absurdo, denunciando presunta irresponsabilidad, o falta de virtudes como el recato, el auto-control; invocando la corrección política (political correctness). Negando el derecho a la democracia, y atacando a quien lo ejerce.

Las redes sociales son de las herramientas más formidables que tenemos los venezolanos en estos momentos para defendernos y derrotar al enemigo. No podemos actuar como el chavismo-madurismo que impide la crítica.

Es el último supuesto falso de su carta: que la democracia no funciona. Es al revés: la democracia no es solo un derecho, como hemos demostrado (es irónico que hiciera falta la demostración). Sino que es, ademas, el más formidable mecanismo que tenemos para la liberación. Pues la verdad es la que nos hará libres.

Si el supuesto es que la grandísima mayoría de los venezolanos tenemos los mismos intereses, contra el enemigo común el caza-rentismo; y le damos el poder a esa mayoría, en particular de expresarse libremente, la teoría de la decisión social nos dice que el mecanismo democrático va a producir una decisión que nos conviene a todos. Hay incluso un teorema en ese sentido, el del votante mediano. Aplicable a la opinión como voto. Como expresión de voluntad popular, ciudadana.

En este contexto de teoría de la decisión, una verdad impuesta, como la de ustedes, es vista obviamente como un intento de dictadura. De hegemonía de una oligarquía que quiere imponer una opinión. Una manera de ver las cosas. No es lo eficiente. Y no es lo democrático, además. Democracia y eficiencia, como vemos, van juntos. Imposiciones no-democráticas, directas o indirectas, no son solo una vulneración del derecho ciudadano, sino un impedimento a la eficiencia social y política. Un obstáculo contra el éxito de los aliados en la lucha de facto contra el enemigo común, y verdadero, en la que estamos embarcados.

Como se sabe en el modo de producción de conocimiento e información libres (como en el software libre), millones de participantes produciendo información y conocimiento, son mejores que incluso mil informadores profesionales que sean tenidos como los mejores técnicamente hablando. Y los mejores pagados del mundo.

Incluso sabiendo que hay errores. Pero auto-corregidos por la misma comunidad virtual. También en presencia de manipulación maliciosa, de bots del enemigo. Sobre esto, es conocido el nivel de seguridad que tienen los programas de código abierto, comparados con los de programas de código cerrado, privativo, que usan al mismo tiempo de generación y perfeccionamiento de conocimiento: controlan mucho mejor los viruses, gusanos, y otros métodos maliciosos.

Recordemos, pues, la primavera árabe, la influencia de las redes sociales en Europa, en EEUU. Y eso es solo el comienzo de muchas revoluciones políticas en la dirección correcta: que empoderan a la ciudadanía no solo en la palabra, un poder formidable en sí. Sino en lo político, lo social, lo tecnológico y lo económico.

Eso ha pasado en nuestro caso. Y va a ser crucial para los cambios que vienen en cuestión de semanas, según lo veo yo.

No puedo dejar de mencionar que muchas veces el tema de “los mil mejores” incluye la cultura del centralismo territorial e institucional. En vez de eso, la descentralización de la democracia deliberativa que potencian las redes sociales permite también la participación no solo de ciudadanos comunes y corrientes, digamos. Sino también de intelectuales de mucha valía en las regiones, y en la diáspora venezolana en el exterior. Todo esto enriquece la voluntad ciudadana como una entidad social. Que fortalece uno de los vectores claves en el listado de fuerzas fundamentales en la que somos inmensamente superiores al enemigo: tanto el desgobierno, que no tiene materia gris, como el caza-rentismo, que tiene tarifados de muy poca monta contra el huracán intelectual de la ciudadanía, potenciado al máximo por esta vía. Es la unidad de los del coraje en la “calle” que incluye redes sociales también.

9. Conclusión

Su intención ha sido buena. Y su reacción explicable. Partiendo de los supuestos que han usado. Pero el resultado muy malo. Porque los supuestos han sido erróneos. Espero haber contribuido a clarificar estos temas. Y estoy dispuesto a entrar en un debate serio y constructivo reconociendo mis posibles errores.

Demás está decir que apoyamos al Presiente Guaidó. Pero le hacemos la petición de que se sume a las fuerzas del coraje. No es admisible que siga en las garras del caza-rentismo. Lo que lo ha debilitado no es la crítica, sino las malas juntas, por un lado, y la estrategia equivocada, la de la cohabitación, por el otro. Aquí lo decimos.