Crisis Vinotinto: urge hablarle a la afición

Tras una nueva derrota, es hora de mostrar al país qué hay para solucionar esto. Informar cuál es el plan, hacia dónde se apunta. No será la solución a los males, no se ganará un partido con eso, pero al menos se rompe con el clima de incertidumbre que rodea a la Selección y que tanto preocupa

Crisis Vinotinto: urge hablarle a la afición

Hoy podíamos hacer un análisis del Ecuador 1-0 Venezuela, pero hay cosas que me parecen más importantes y son la causa explicativa de por qué se perdió haciendo un partido que fácil podía haberse, al menos, empatado.

26 de septiembre de 2019. La fecha que marca el inicio visible de la debacle de la Selección Nacional de Venezuela.

Aquel día, en un comunicado público, el delantero Josef Martínez anunciaba que mientras estuviera Rafael Dudamel al frente de la dirección técnica del combinado patrio, no estaría disponible para ser convocado. En otras palabras, renunciaba.
Fue el primer conflicto “visible” que se destapaba en el seno de la Selección. Sin embargo, los rumores ya sobrevolaban en la Vinotinto y era justamente la  Absoluta la que era el centro del conflicto federativo.

Con Jesús Berardinelli al mando, el conflicto del directivo con Dudamel ahogaba el día a día. Nada confirmado, solo rumores y dardos tirados en la prensa evidenciaban que la relación no estaba bien entre el empleador y el empleado.

¿Fue ese el origen de lo que hoy atraviesa Venezuela? Fue la explosión. Manejos administrativos aparte, el cúmulo de situaciones venía desde más atrás, desde los quince firmantes de la carta contra Noel Sanvicente y la “denuncia pública” de Laureano González cuando era aún presidente de la FVF de la plata que le pagaban a Amorebieta para que viniera a jugar vestido con la Vinotinto.

Fíjese que se habla de lo que ocurre en la cancha, con futbolistas y seleccionadores, no en las oficinas. El análisis es estrictamente de lo que ha ocurrido en el comportamiento de la selección nacional y no en la gestión federativa, puertas adentro.

Cuando Rafael Dudamel renuncia a la Selección el 2 de enero de 2020, el espiral de crisis terminó por desatarse. Era más que notoria la mala relación de él con Berardinelli, lo que hacía insostenible su continuidad, aun cuando los resultados deportivos eran los mejores desde que el técnico yaracuyano se había sentado en el banco Vinotinto. Justo cuando había consolidado un once con una idea de juego (eso sí, sin Josef Martínez) y que parecía funcionar, la espantada hizo que todo comenzara de cero.

De ahí en adelante, viene todo lo demás. La crisis deportiva e institucional de la selección de Venezuela tiene ya rato, no es desde el “affaire Peseiro”. Desde la salida del cargo de César Farías en 2014, Venezuela ha jugado, hasta hoy, 46 partidos oficiales, de los cuales solo ha ganado ocho, empató 12 y perdió 26, números que la devuelven al retraso, al fondo de la clasificación en Suramérica. Y pongo el quiebre del tiempo en la salida de César Farías porque en aquella eliminatoria, Venezuela había llegado con opciones de clasificación mundialista, en números, hasta el último encuentro contra Paraguay.

El 26% de efectividad es una cifra alarmante, nada competitiva. Contrasta con la mejor época individual en la historia del futbolista venezolano. Nada corresponde con el subcampeonato mundial Sub 20 de 2017. Desde el FIFAGate que se llevó a Esquivel de la FVF, el espiral de crisis solo aumenta y no hay, hasta el momento, un atisbo de encontrar una salida.

La vergüenza de impagos a Peseiro, la falta de información clara, la larga que se le ha dado al interinato de un valiente Leo González, futbolistas que prefieren no jugar con la Selección… todo se conjuga en la situación más crítica que ha vivido Venezuela desde que reaccionara ante la rutina histórica de ser inferior al resto.

Hoy, se es inferior al resto. Hoy jugamos buenos partidos, pero no ganamos, como pasó en 1996 ante Chile en Barinas o aquel contra la Argentina de Maradona en 1985. Son las mismas situaciones. Suramérica entiende que no ganarle a Venezuela, otra vez, es perder puntos que están presupuestados. Ya son seis años sin consolidar un repunte, seis años de transitar un camino escabroso.

Es hora de mostrar al país qué hay para solucionar esto. Informar cuál es el plan, hacia dónde se apunta. No será la solución a los males, no se ganará un partido con eso, pero al menos se rompe con el clima de incertidumbre que rodea a la Selección y que tanto preocupa. La ruina futbolística de tener solo 7 puntos, de ver cómo el resto de Suramérica se bate en duelo para meterse en puestos de clasificación mientras la Vinotinto naufraga, va acompañada de un silencio que solo genera suspicacias e incertidumbre.

Si el plan existe y la respuesta está, es hora de hacerla pública. Por la ilusión del aficionado.