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¿Cuánta basura plástica lanzamos al océano cada año?

Cerca de ocho millones de toneladas métricas de plásticos van a parar a los océanos cada año, según el primer y más rigurosos estudio global sobre el tema, publicado por la revista científica Science y reseñados por la página web del Foro Económico Mundial (WEF).

¿Cuánta basura plástica lanzamos al océano cada año?

Esa cifra equivale a 16 bolsas plásticas de compras por cada metro cuadrado de línea costera (excluyendo la Antártida).

Para el año 2025 estaremos enviando a los océanos suficientes bolsas plásticas para cubrir el 5% de la superficie del planeta tierra con una película, según las estimaciones más conservadoras, explica el artículo de Britta Denise Hardesty, investigadora científica Senior en CSIRO  la Agencia australiana de Ciencias. También lo endosa Chris Wilcox, investigador senior en la división de investigación Marina y Atmosférica.

Cerca de un tercio de estas bolas provendrán de China y el 10% de Indonesia. De hecho 19 de los 20 mayores contaminadores del mundo con bolsas plásticas son naciones en desarrollo, con un rápido crecimiento económico pero pobres sistemas de manejo de desechos.

Sin embargo, Estados Unidos, que completa el podio de los 20 y produce menos del 1% del desperdicio global, produce más de 2,5 kilos de desperdicios plásticos cada día por persona, más del doble que la tasa per cápita en China.

Mientras que las noticias para seres humanos, la vida silvestre en los océanos, las aves marinas y la pesca no son buenas, la investigación traza algunas vías para mejorar el manejo global de estos desperdicios y reducir la corriente de desechos.

Un equipo internacional de expertos analizó 192 países con costas en los océanos Atlántico, Pacífico e Indico y los mares Mediterráneo y Negro. Examinando el monto de desperdicios producidos por persona en cada país, el porcentaje de desperdicios plásticos y la proporción de éstos que son manejados de manera inadecuada, el equipo determinó cuáles son los principales contaminantes de la vida marina con materias plásticas.

En el año 2010 fueron producidos alrededor del mundo 270 millones de toneladas de plásticos, que se convirtieron en 275 millones de toneladas de desperdicios, de los cuales 99,5 millones fueron producidos por 2.000 millones de personas que viven a menos de 50 kilómetros de distancia de las líneas costeras.

Debido al hecho de que algunos bienes durables como refrigeradores producidos en el pasado también son tirados, podemos encontrar una cantidad mayor de desperdicios que plásticos producidos cada año.

De eso, una cifra entre 4,8 y 12,7 millones de toneladas encuentran una vía hacia el océano. Dada la característica del plástico, éste se convierte en un inimaginable y enorme volumen de desechos.

Los plásticos también pueden llegar al océano a través de los ríos desde países sin costas -que están excluidos del estudio- por lo que los estimados de este estudio son conservadores.

Con el planeta todavía a 85 años de distancia del “pico de desperdicio” y con la producción de plásticos disparada alrededor del mundo, el volumen de desperdicios plásticos llegando a los océanos se va a incrementar en orden de magnitud en el curso de las próximas décadas.

Una reciente encuesta en las costas de Australia encontró que tres cuartos de la basura es plástico, con un promedio de más de seis piezas por cada metro de línea costera. Costa afuera, encontramos densidades desde unos pocos miles de piezas de plástico, hasta más de 40.000 por cada kilómetro cuadrado en las aguas alrededor del continente.

Mientras tenemos apenas una cifra aproximada del monto de desechos plásticos en los océanos del mundo, todavía sabemos muy poco acerca donde terminan parando.

Se estima que entre 6.350 y 245.000 toneladas métricas de desperdicios flotan en la superficie del océano, lo que levanta una importante pregunta: ¿a dónde termina el resto?

Algunos, como los “microbeads” -pequeñas esferas plásticas que se encuentran en muchos productos de cuidado personal- terminan en los sedimentos de los océanos, donde pueden ser diferidos por criaturas que viven en el lecho marino y se alimentan y filtran estos sedimentos.

No está claro dónde está el resto del material. Podría estar siendo depositado en márgenes costeros, o tal vez quebrarse en fragmentos tan pequeños que no pueden ser detectados, o tal vez están en las entrañas de la vida silvestre marina.

No importa dónde termina, el plástico tiene un enorme potencial de destrucción. Redes fantasmas (cada año 640.000 toneladas de aperos de pesca son perdidos o abandonados por barcos pesqueros alrededor de los océanos del mundo) atrapan tortugas, focas y otros animales marinos. En algunos casos estos encuentros tienen un gran impacto.

Por ejemplo, los autores estiman que alrededor de 10.000 tortugas son atrapadas por redes abandonadas solamente en el golfo de Carpenteria, en Australia.

Se sabe que más de 690 especies marinas están al alcance de la basura marina. Las tortugas confunden bolsas plásticas flotantes con las anémonas que forman parte de su dieta y globalmente se estima que alrededor de un tercio de las tortugas comen alguna forma de plástico. Igualmente aves marinas comen desde juguetes plásticos hasta esferas de polietileno, anime, pitillos.

Mientras que el plástico es apreciado por su durabilidad y resistencia, éste también actúa como imán químico para otros contaminantes ambientales como metales, fertilizantes y poluentes orgánicos que son absorbidos por el plástico.

Cuando un animal consume ese “alimento” esos químicos entran en sus tejidos, y en caso de especies de peces de valor comercial, pueden terminar en nuestro plato de la cena.

La basura plástica es un flagelo de nuestros océanos, asesinando nuestra vida silvestre, contaminando nuestras playas y amenazando nuestra seguridad alimenticia. Pero hay soluciones, algunas de ellas más simples, otras representan un verdadero desafío.

En la cima de los mayores países contaminadores con plásticos están China, Indonesia, las Filipinas, Vietnam y Sri Lanka. Trabajando para alcanzar un 50% de manejo de sus desechos – por ejemplo invirtiendo en infraestructura de tratamiento de desechos- el monto global de desperdicios no tratados puede reducirse en cerca de una cuarta parte.

Países de alto nivel de ingreso tienen una responsabilidad equivalente para reducir el monto de desperdicios producidos por persona, mediante medidas como el reciclaje y reutilización de plásticos, y llevando la responsabilidad por estos desperdicios hasta los productores.

La más simple y más efectiva solución debería ser convertir el plástico en dinero. Por ejemplo el pago de depósito por recipientes de bebidas ha probado ser efectivo para reducir el desperdicio perdido en el medio ambiente. Como estos contenedores plásticos tienen valor monetario, a la gente no le gusta tirarlos o si lo hacen, otros los recogen.

Extendiendo esta idea a un depósito por todos los plásticos hasta el comienzo de sus ciclo de vida como materia prima, se puede incentivar la recolección donde la infraestructura esté disponible. También consumidores y emprendedores pueden encontrar ingresos donde hoy no los hay.
Antes de la revolución del plástico, muchos de nuestros desperdicios eran recolectados y quemados. Pero la ubicuidad, volumen y permanencia de los desperdicios plásticos demandan mejores soluciones.