Cultura

Atrapado en un loop de reggaetón

Nos persigue como Penywise a los niños de It. El mundo es en un hilo musical una vez que nos quitamos los audífonos. Ningún otro género había generado tal proceso de uniformidad sonora. El reggaetón pasó de una opción, de une excusa para exorcizar nuestros instintos, a una dictadura rítmica que condiciona la vigencia de artistas de otras corrientes e incide incluso en la apertura y cierre de locales en Venezuela. Si no perreas, no eres, no existes, mueres.

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Era 2001 y en el grupo de conversa de Hotmail casi me destierran por sospechar que tal vez el reggaetón era algo más que una moda, después de todo -argumentaba-, “de los Beatles también se dijo que era música ordinaria cuando comenzaron”. No pretendía, como pensaron varios amigos del chat musical, igualar el legado de los Cuatro de Liverpool con lo que hacían Tego Calderón, Wisin y Yandel, Don Omar, Tito El Bambino y Daddy Yankee en ese tiempo. Simplemente colocaba sobre la mesa un hecho: el rechazo a lo nuevo regularmente parte del prejuicio.]]>

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