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De "Un destello interior" al resplandor de Rojas Guardia: así hacen cine los Rodríguez

“Un destello interior” se llevó 11 premios en el Festival de Cine Venezolano, entre ellos los de Mejor Largometraje de Ficción y Mejor Dirección. Es la tercera película de los hermanos Luis y Andrés Rodríguez, quienes actualmente trabajan en un documental sobre el poeta Armando Rojas Guardia y se preparan para su cuarta obra de ficción

De "Un destello interior" al resplandor de Rojas Guardia: así hacen cine los Rodríguez

Luis y Andrés Rodríguez han trabajado juntos por más de veinticinco años haciendo cine. La larga trayectoria de los hermanos suma aproximadamente cincuenta documentales y tres cintas de ficción. Estas últimas fueron particularmente reconocidas a escala nacional e internacional por sus historias íntimas, interpretaciones acertadas y un instintivo manejo de la cámara. En ese camino, los premios hablan.

Su primera incursión en el género fue con “Brecha en el silencio”, película que obtuvo tres reconocimientos en el Festival Internacional de Cine de El Cairo 2012, entre los que se encuentran el Premio Internacional de la Crítica y Mejor Ópera Prima. También consiguió seis galardones en el Festival de Cine Venezolano, incluyendo Ópera Prima y Premio del Público.

“Hijos de la sal” recibió siete reconocimientos en el Festival de Cine Venezolano 2018, como los de Mejor Película y Mejor Dirección, además de una Mención Especial en el Festival Internacional de Cine de Rotterdam.

Por último, “Un destello interior” arrasó con once premios en el Festival de Cine Venezolano que se llevó a cabo en la plataforma del Trasnocho Cultural, entre los que destacaron Mejor Largometraje de Ficción y Mejor Dirección: “Aun estamos planificando, junto a Amazonia Films, el recorrido internacional que hará esta cinta,”, explica Luis Rodríguez.

De pequeños, los hermanos Rodríguez podían ver de tres a cuatro películas en un día; así de aficionados eran al séptimo arte. “Esta obsesión puede parecer enfermiza, pero para nosotros resultó una formación como espectadores y una escuela de cine”, comenta Luis.

Su madre era psicóloga clínica con una labor social que la llevaba a trabajar con personas adictas o en situación de calle, mientras que su padre era un abogado al que le gustaba el cine y la literatura: “Andrés y yo somos como una mezcla de ambos”. Para Luis, hacer cine le permite escudriñar los recovecos mentales de los personajes, que son parte del trasfondo, alimentan la historia y conforman la atmósfera que envuelve la cinta.

-Para ti, ¿qué es el cine?

-El cine es una forma de viajar a otro espacio, a otro tiempo, de visitar lugares que hasta entonces no conocíamos. Esos sitios no siempre corresponden a una cierta geografía. Pueden ser simplemente espacios o pasajes del alma. Por ejemplo, cuando ves una película de Andréi Tarkovski, puedes encontrar una sensibilidad o un universo que se rige por las propias reglas del director. Por lo tanto, creo que el cine es un proceso de iluminación y descubrimiento.

-¿Qué directores te influenciaron?

-Uno se forma como realizador en parte viendo cine, y en ese camino vas conociendo autores que te mueven, te influyen. Por ejemplo, están Bernardo Bertolucci, Andréi Tarkovski, Robert Bresson, Bruno Dumont y Leonardo Fabio. A este último, de hecho, le dedicamos un largometraje documental. También nos marcaron cineastas venezolanos como Clemente de la Cerda, Joaquín Cortés y Ugo Ulive, entre otros tantos.

-¿Cómo fue tu experiencia como documentalista en Venezuela?

-Empezamos haciendo documentales porque era el medio expresivo más cercano a nuestra realidad. Realizar una ficción equivalía a tener que manejar una puesta en escena, buscar actores, etcétera. Mientras el documental simplemente surgía de forma improvisada, con personas que quizás ya conocíamos. Era la herramienta de expresión que se nos presentó en aquel momento, y comenzamos grabando a artistas, pintores y escultores.

-¿Qué tan diferente es trabajar en un documental que en una obra de ficción?

-No puedes separar el documental de la ficción de forma taxativa. Creo que ambos comparten ciertos elementos, como una puesta en escena, una perspectiva, una segmentación, un trabajo con la óptica, con la cámara, entre otros. El desplazamiento de unos personajes y cómo ellos se ubican en un determinado contexto también está presente tanto en el documental como en la ficción. Entonces pasar de una rama a otra fue muy orgánico. Para mí, tanto el cine documental como el de ficción comparten la esencia del lenguaje cinematográfico.

-¿Dirías que tu experiencia como documentalista marcó tus películas?

-Indudablemente. Con cada trabajo uno va creciendo y profundizando en la concepción que tiene del cine. Por ejemplo, en “Hijos de la sal” y en “Brecha en el silencio”, hay una labor significativa en lo que se refiere a la imagen y el sonido, para poder sugerir los estados espirituales que atraviesan los personajes. Y eso es algo que continuamos profundizando en “Un destello interior”.

Creo que esta última es una película con la que el espectador se puede relacionar con mayor facilidad. La hicimos justamente con la intención de que pudieras hacer el viaje emocional junto a la protagonista. Considero que “Un destello interior” es un filme trascendental, porque puedes seguir la evolución del personaje, su transformación con respecto a su humanidad.

En nuestras anteriores películas existía un trabajo cinematográfico más rico. Aquí no dejamos de lado la imagen, pero creo que todo está apuntando a seguir los pasos del personaje Silvia.

 

-¿Hay algún tema recurrente en tus películas?

-Como nosotros veníamos trabajando en el ámbito social desde antes de hacer documentales, este es un tema que nos es cercano: niños en situación de calle y adultos con problemas de adicción. No nos eran ajenas estas historias, así como los conflictos internos que acarrean.

Haciendo referencia a “Un destello interior”, Silvia es una madre que debe criar sola a su hija. No hay apoyo familiar y el esposo está preso. Y ella se encuentra gravemente enferma y no sabe qué será de su niña. En esta película se plantea el tema de la voluntad de vivir.

Más allá del problema físico, hay también un conflicto psicológico y espiritual. No obstante, está la presencia de Sara, la niña, que es como la vida, la fuerza, la frescura que de alguna manera hace de contrapeso a la desintegración de Silvia. La hija es quien acaba conectando a su madre con la vida.

-¿Cuáles recursos narrativos o visuales empleas en tus obras?

-Algo que nos interesa mucho es cómo, con los recursos del cine, podemos crear una atmósfera que refleje el estado interior del personaje y lograr que el espectador empatice con ellos. Nuestra búsqueda radica en crear un puente entre la audiencia y el personaje de la historia, para que desde la imagen y el sonido exista un intercambio sensorial. Es una labor intuitiva y azarosa, pero es lo que hacemos.

-¿Te sientes satisfecho con el producto de tus tres películas?

-Uno nunca está conforme. De alguna manera, la inconformidad nos permite seguir haciendo cosas. El saber que no has desarrollado tu potencial creativo al cien por ciento te obliga a continuar en la búsqueda. Hay una cierta ansiedad en ese sentido, que te incita a ir más allá, a seguir explorando.

Ahora, si me siento a evaluar estas tres películas, creo que son un buen conjunto en cuanto al lenguaje cinematográfico. Considero que son cintas comprometidas con personajes que muchas veces no son tomados en cuenta y que por lo general se mantienen al margen de las grandes historias. Estas tres películas abordan personajes que en la cotidianidad pasan desapercibidos y que de alguna manera siempre se encuentran en la cuerda floja, al borde del abismo.

-¿Cómo fue estrenar una película en medio de la pandemia?

-Cuando presentas películas en línea no tienes ese intercambio tan enriquecedor con la audiencia. En una sala puedes sentir si la cinta penetra, que es la razón de hacer cine, poder establecer esa comunicación con el prójimo. Y cuando esa cercanía se pierde, yo particularmente no sé ubicarme. Hay gente que quizás hace ese intercambio por las redes sociales, pero Andrés y yo en ese sentido somos como dinosaurios.

Estamos satisfechos de que la película se haya podido estrenar en el Festival de Cine Venezolano. Me parece que todo el equipo del festival hizo un gran esfuerzo para llevarlo a cabo. Y el que la película haya sido reconocida, para nosotros fue una situación muy agradable en estos tiempos convulsos.

-¿Tienen algún proyecto futuro?

-Sí. Tenemos un guion de ficción ya concluido que se titula “Dejado atrás”. Es la próxima película que nos gustaría realizar, una historia protagonizada por un adolescente y su abuela en un pueblo de Monagas.

También hay un documental en desarrollo, del cual filmamos gran parte del material el año pasado. Es sobre el poeta Armando Rojas Guardia, que falleció este año.

-¿Cómo ves el panorama de producción audiovisual post pandemia?

-No está claro si se podrán llevar a cabo otros proyectos. Lo que sí creo inevitable es que se siga haciendo cine. Todos estamos sujetos a que nos golpee la pandemia. Es una situación que hay que encarar y analizar para ver qué vuelta le damos.

En lo que respecta a nosotros y a gran parte de los venezolanos, seguimos trabajando. Hemos estado grabando y vamos a realizar un cortometraje dentro de poco. No hemos parado, aunque quizás hayamos disminuido el ritmo.