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Deje el ocio y ¡Póngase a leer!

Crecer arropado por la cultura del conocimiento, jugar entre clásicos de la literatura, descubrir los mundos y los personajes que se esconden en los libros, vivir de la magia de cada cuento y reflejarse en la vida de tus personajes favoritos, así transcurre la historia de un niño que creció en medio de las bibliotecas.

Deje el ocio  y ¡Póngase a leer!

Esas frases que nos han acompañado desde nuestra infancia marcan de forma significativa la personalidad. Estudios de campos como la neurociencia o las teorías de la comunicación, han demostrado que el lenguaje y el hábito de leer afectan nuestra forma de vivir, sentir o la forma cómo afrontamos las situaciones e incluso tiene efectos sobre la salud.

Deje el ocio y ¡Póngase a leer! fue la frase detonante para que un niño de pocos años entendiera que su historia personal estaría marcada por los libros. Desde muy pequeño estuvo rodeado de cuentos fantásticos, poesías y la voz permanente de su madre contándole cada noche historias como La máquina del tiempo. Innegable es desde este relato de vida, el permitirnos afirmar que un lector se hace y no nace.

Pedro Julio Cedeño ya tiene 35 años y es lector. Conocido en las redes sociales por su más que afición, pasión desenfrenada por los libros, es todo un experto en eso de vivir entre hojas, palabras y frases. Su patio de juego no era como el de cualquiera, él se movía entre uno que otro incunable y por su puesto muchos clásicos de la literatura, su madre era bibliotecaria y él su perenne acompañante.

Pedro Julio Cedeño, productor del podcast «Póngase a leer»

“Yo estoy convencido de que por medio la lectura los seres humanos pueden ser mejores, estoy convencido de que a través de la lectura nosotros ampliamos el criterio, tomamos decisiones, aprendemos y creo que el conocimiento es poder y una forma muy efectiva de adquirir conocimiento es a través de la lectura”, comenta para En Progresivo, el autor del podcast Póngase a leer.

Póngase a leer

Este cumanense de fácil palabra y enriquecedora conversación comparte el secreto que le permite contar en su biblioteca personal con más de 700 libros y ese secreto no es otro que ponerse a leer.

“Hay libros para todos y no todos los libros son para adquirir conocimiento, no toda la lectura tiene que ser para aprender algo. También hay lecturas lúdicas, para reírse, para soñar, para el romance, hay muchísimas historias y eso está ahí al alcance de todo el mundo”, señala Pedro Julio.

El entorno de Pedro Julio fue y sigue siendo el de personas lectoras. Su primer libro fue una edición de 1951 de El Principito, desde allí ha pasado por los distintos géneros y expresiones literarias.

“Haber crecido en una biblioteca es una de las cosas más maravillosas de mi vida”.

“Yo tuve esa oportunidad, me considero muy afortunado de haber tenido la oportunidad de conocer los libros desde tan temprana edad y aprender a disfrutarlos, porque los libros son un gusto que uno adquiere y es algo que se cultiva. No es una cosa que llega de manera innata, es algo que hay que cultivarlo”, asegura el también teólogo.

Sin bien desde el nacimiento sabemos que existe predisposición para ciertas habilidades y la lectura no escapa de esto, el entorno tiene un peso mucho mayor al momento de crear el hábito lector. Un niño al que se le ponen a disposición los libros y que sobre todo observa a padres o familiares lectores, con quienes además puede compartir esta actividad, tendrá una probabilidad casi segura de convertirse en un lector.

No lo obligue, de el ejemplo

Por ser la lectura una de las formas de placer, ésta no puede obligarse. Pedro Julio considera que uno de los secretos del éxito para el fomento del hábito leer se centra en no solo ponerse a leer y que el niño imite desde el disfrute esta acción, sino el leer con los hijos.

Relata cómo cada noche esperaba con emoción el cuento del día, que su madre solía compartir. “Uno aprende con el ejemplo y predica con el ejemplo, mandar a un niño a leer, sin que el niño nos vea leyendo o con un libro en la mano y no ven un interés natural por los libros, ese muchacho no se va a interesar”.

Pedro Julio reconoce que en la adolescencia se apartó un poco del camino de la lectura pero rápidamente retomó su curso. Cuenta entre algunos de sus libros favoritos a: El Principito, El amor en los tiempos de Cólera, El Libro de la Vida de Santa Teresa de Avila, Maten al León, Las obras completas de Sor Juana Inés de la Cruz,
La sonrisa del jaguar, Alicia en el país de las maravillas, Lanzas colocaras, entre otros.

“Yo creo que me estás haciendo unas de las preguntas más difíciles que le puedes hacer un lector y es preguntarme por un libro emblemático, yo he tenido muchos libros favoritos a lo largo de mi vida hay, algunos se mantienen constantes”, dijo.

Lo que se impone se rechaza

Pedro Julio quien también es educador, considera que una de las fallas de nuestro sistema educativo es no darle la importancia que amerita la lectura dentro del proceso de formación. Reconoce que no se le da el valor a la lectura como un hábito saludable para un niño.

Considera que uno de los errores se centra en querer imponer cierto tipo de lecturas en lo jóvenes sin tomar en cuenta por el ejemplo la inclinación o gusto del niño o adolescente, esto asegura en su experiencia un rechazo inmediato porque “lo que se impone se rechaza”.

“Yo creo que los muchachos no leen no porque no les guste, o no tengan un hábito de lectura, es porque no han descubierto cuál es su genero. Estoy convencido de que si una persona descubre cuál es su género, va a descubrir quiénes son sus escritores y cuáles sos su obras, para eso ocurra debemos darle la oportunidad de que escoja y para ello debe tener opciones y no imposiciones”, destaca.

Pedro Julio invita a dejar que los jóvenes escojan lo que quieren leer y en ese camino acompañarlos, guiarlos.

“Yo sueño con que todos los niños tengan acceso a los libros. Para mí la lectura es una forma de crecer como ser humano, al final del día somos todo los que hemos aprendido, leído, vivido, soñado, conocido, somos la suma de todo eso”.