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Deporte: valores contra la viveza criolla

El país vive una de sus mayores coyunturas y el deporte, actividad humana como la política, la medicina y hasta el bachaqueo, no puede presentarse de manera distinta al contexto en el que se realiza. Quienes lo viven, entendidos como protagonistas dentro y fuera de una cancha, son tan venezolanos como usted y como yo, y aunque se empeñen muchas veces en darnos lecciones de gerencia y vida, no son más que un triste reflejo de lo que desde hace muchos años se viene incubando en esta sociedad.

Deporte: valores contra la viveza criolla

Disculpe si me pongo pesado, pero no puedo sino protestar.

Vaya si el país es un estado de confusión permanente. De tanto hablar sobre conceptos como la multipolaridad y a tolerancia, Venezuela se ha convertido en una película en blanco y negro, sin posibilidades de distanciarse de tanto fanatismo. Aquí hace tiempo que se es bueno o se es malo, claro está, siempre según el ojo de quien se sienta capaz de juzgarnos. Para resumir, y así no darle largas al asunto, estamos cada vez más cerca de tiempos de guerras religiosas que del progreso que tanto nos vendieron en la escuela y la literatura. Y por supuesto, el deporte no puede estar ajeno a semejante desprecio por los matices que realmente definen la existencia.

Esa ocupación, el deporte, que para unos tontos sólo es recreativa –es necesario tomarla en serio como una actividad educativa, aunque esto le pese a quienes diariamente escriben cuatro líneas panfletarias sobre lo que consideran es la política y su ejercicio-, vaya si le ha servido de tribuna a una tribu de incapaces mal intencionados, todos comerciantes de las emociones humanas, para hacerse notar, y quien sabe si para otra cosa menos pura que la necesidad de recordarle a un puñado de familiares y empleados que se existe.

Insisto en el valor formativo de la actividad deportiva porque hasta que no se le otorgue el valor que realmente posee, sucederán cosas como las que han adornado las páginas de diarios, páginas webs y programas radiales en las últimas semanas.

Veamos a qué hago referencia:

El plantel de Trujillanos FC, equipo profesional de la primera división de Venezuela, fue objeto de un robo y secuestro mientras retornaba desde Maturín hacia Valera. Según reseña El Universal, “el grupo fue retenido por dos horas y media, y según explicaron, los asaltantes amenazaron que si el bus tenía GPS (aparato satelital de rastreo) o estaba escoltado detonarían granadas para no dejar evidencia”. Luego de tan aberrante episodio, la directiva del club, que recibe una importante entrada de moneda extranjera por derechos de televisión, así como por su participación en copas internacionales, expresó que ahora sí se modificará la logística de los viajes, como si la delincuencia fuese una novedad en las carreteras venezolanas.

En otro episodio digno del realismo mágico del inolvidable Gabriel García Márquez, la policía encargada de la seguridad del encuentro entre Estudiantes de Caracas y el Caracas FC intentó “controlar” una pequeña multitud de la manera que se observa en el siguiente video:

 

Hace unas semanas se expuso, desde esta tribuna, la necesidad de olvidarse de la muletilla de crear una ley para castigar a quienes cometan desmanes en estadios y demás plazas deportivas, porque la solución a este flagelo pasa por la educación, la creación de un cuerpo de seguridad realmente preparado para tratar con estas situaciones y la habilitación de tribunales que lleven a cabo juicios exprés para condenar a quienes sean encontrados culpables de estos actos, bien sean público o funcionarios policiales. Pero eso no vende, y ya sabemos que los sedientos de protagonismo seguirán impulsando más y más leyes, no sea que alguien los acuse de no trabajar.

Pero no sólo de fútbol vive el hombre.

Hace unas horas, José Antonio de Armas, hasta entonces capitán del equipo de Copa Davis venezolano, ventiló que la Federación Venezolana de Tenis le dejó un mensaje de texto en su dispositivo móvil comunicándole su despido del cargo. De Armas, quien como señala la periodista Hilmar Rojas Erazo, posee el récord, junto a Nicolás Pereira, de más victorias en dobles para nuestro país, no contó con el respeto mínimo que se debe a cualquier trabajador. Si su labor al frente del combinado nacional ameritaba su separación del cargo, esta bien podría haberse resuelto en una amena reunión, pero insisto, es deporte, y da la impresión de que quienes lo dirigen ni lo practicaron ni se han contagiado de los valores que en él se defienden.

Y aunque parecía que dos semanas era poco tiempo para tanta miseria, apareció la dirigencia política del país para recordarnos algo que duele pero es cierto: en Venezuela todos somos venezolanos, pero sin duda hay algunos que lo son más que otros.

En una noticia reseñada por el diario Líder el jueves 29 de septiembre, se confirmó que la Liga Venezolana de Béisbol Profesional contará con el apoyo de las distintas fuerzas policiales y de seguridad del país para garantizar el normal desarrollo del campeonato criollo, no sea que algunos despierten de su sueño y se enteren que vivimos en el caos propiamente dicho.

Amador Montes, Gerente de Operaciones de la LVBP, explicaba, siempre según el medio antes citado, lo siguiente: “Estamos coordinando con los cuerpos policiales del Estado toda la información de los itinerarios de los equipos para asegurar las caravanas. Habrá agentes de tránsito ayudando al acceso y en algunos casos policías y la Guardia Nacional para el resguardo de los fanáticos”.

A ver si nos queda claro: para que se practique un deporte, el Estado, que está en la obligación de proteger a todos y cada uno de los ciudadanos que habitamos esta tierra, le garantiza a unos pocos que todo va a ir bien, mientras que del futuro del país, ese que pasa por una mejoría en la educación y formación de ciudadanos, así como la protección de sus derechos, que se preocupen otros, porque aquí lo que realmente importa es que durante tres meses nos creamos que todo está bien. Pan y circo lo llamaron los romanos.

Pero nada está bien. La referencia no es política sino que apunta a algo más esencial: la educación. El deporte es una herramienta más en el proceso formativo del ser humano; quienes lo practican encuentran en él lecciones de vida, de compañerismo, de tolerancia, de respeto por el rival, de trabajo en equipo, de disciplina y de cooperativismo, algo que quizá no se observe con tanta fuerza en otras áreas de la vida social. Pero al igual que otras disciplinas, es el deporte una guarida perfecta para todas las miserias que nos caracterizan como especie, no en vano los escándalos de FIFA, Conmebol, COI, FVF, FeveBéisbol y otras organizaciones llenan tantas páginas como las hazañas de los atletas.

Atendamos lo siguiente: los casos acá mencionados no son más que muestras recientes del pobre espectáculo que vivimos día a día. Podríamos recorrer otros episodios como los abusos militares cometidos por esa fuerza durante el partido de fútbol entre Venezuela y Argentina; el horroroso caso protagonizado por Alex Cabrera y el TSJ; la ausencia de recursos para el fútbol femenino; la violencia en cada estadio; y si me lo permite, el terrible y cómplice silencio que rodea el asesinato del periodista Jhonny González, aún cuando desde la más alta magistratura del país se aseguró, sin mayores pruebas que las emociones y las tripas, tener identificados a los culpables.

Así se ha desvirtuado la práctica deportiva y todo lo que la rodea. No olvidemos que algunos de los que dicen defenderla ahora callan, por ejemplo, que el equipo que les paga algunas prebendas, le debe un montón de dinero a quienes ayudaron a llevarlo hasta el sitial referencial que dicen ostentar. Cosas de milanesas y aeropuertos dirían algunos.

Le pediría al lector que comprenda que el camino que recorremos es el equivocado, y que muchos de los que se autodefinen como líderes y guías no son más que oportunistas con intenciones ocultas. Pero no puedo exigir semejante reacción, sería como extenderle una invitación al pesimismo y ese es un estado emocional, que com todos, es personal e intransferible. Es por ello que vale la pena recordar la reflexión de alguien a quién se hace imprescindible visitar, porque su lucha, firme e intransigente, en pro de adecentar la actividad, fue primero que todo honesta y coherente, y luego fue lucha.

“A mí el deporte me lo dio todo en la vida. Y como no puedo darle otra muestra de gratitud que defenderlo, ésta es mi defensa a él y a quienes pasando por él me enseñaron lo que es conducta, dignidad y alegría. Que de las tres cosas me dieron mucho. Yo solamente puedo darle protesta para defenderlo de quienes lo destruyen. Con lo que creo que construyo”. Dante Panzeri

Lo dicho, disculpe usted mi protesta.

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