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Dictadura, la palabra prohibida

Ninguna dictadura permite que se le llame como tal. Lo regímenes dictatoriales se pasean por un sinfín de términos para definirse: proceso, revolución, restauración, proyecto nacional. En el fondo se busca evitar la palabra dictadura ya que ésta tiene un sentido inequívoco, en todas partes se entiende cabalmente su significado.En las últimas semanas viví exactamente el significado de vivir en dictadura. En un par de entrevistas, una en un circuito nacional de radio y otra con un canal local de televisión se me hizo una clara advertencia, se trataban de programas transmitidos en vivo: Cuando esté al aire no diga la palabra dictadura.

La advertencia de las respectivas productoras, temerosas ellas de mi reacción ante su solicitud, junto con la política oficial que supongo emana de Conatel en realidad termina siendo una demostración de que vivimos en dictadura. En ambos casos estuve al aire ya que me pareció que es momento de mantener abierto cualquier espacio para la expresión disidente. Eso sí, estando al aire usé todas las palabras que pude para definir al gobierno venezolano como dictadura, sin usar explícitamente dicha palabra.
El poder hace uso de su control sobre la radio y la televisión para imponer la censura previa. Al ejercer la censura directa para evitar que se diga dictadura en un programa, en realidad lo que deja al desnudo es el carácter dictatorial del régimen de Nicolás Maduro. La dictadura es tal se pueda o no pronunciar dicha palabra en público.
Un cambio sustantivo ha ocurrido en los últimos tiempos, y eso se palpa no sólo dentro de Venezuela, sino especialmente en lo que genéricamente se llama comunidad internacional. Las 4 docenas de países que de forma categórica rechazaron la asamblea constituyente de Maduro pasaron de forma coordinada a denunciar a la dictadura.
La imposición de Maduro de su constituyente terminó siendo la gota que desbordó el vaso en la percepción internacional sobre la crisis democrática en Venezuela.
No puede soslayarse o restarle importancia al papel simbólico que ha tenido la Asamblea Nacional. Al ser electa de forma transparente con el voto mayoritario de los venezolanos, en diciembre de 2015, el parlamento pasó a ser el símbolo del deseo de cambio de los venezolanos y ha servido para dejar en evidencia la creciente y continua pretensión autoritaria de Maduro.
Más que aprobar leyes (que en su momento fueron bloqueadas por Maduro y el TSJ), esta Asamblea Nacional ha tenido un papel testimonial para que el mundo entendiera que el chavismo al perder el respaldo popular pasaría a no respetar la voluntad popular. Como la AN fue ganada por los sectores opositores de la MUD, la acción oficial consistió en quitarle funciones, restarle majestad al poder legislativo e irrespetarla en todo sentido.
La constituyente de Maduro ha sido la culminación de dicho proceso. Por la gravedad de lo que implica este ejercicio autoritario del poder, hoy la comunidad internacional pasó a catalogar de dictadura al régimen de Maduro.
Es harina de otro costal analizar si ese rechazo categórico de los países de Europa y América será determinante para el cambio democrático en Venezuela.
Ya en otros artículos hemos sostenido la necesidad de que hayan acciones simultaneas y orquestadas en al menos tres frentes: manifestaciones de calle, acciones internacionales y la ruta electoral (siempre que haya cómo participar y cuidar los votos). Esto es al menos lo que evidencia la experiencia histórica en transiciones post-autoritarias.
Volvamos a la palabra prohibida, aquella que el régimen no quiere que se diga porque justamente lo define a cabalidad: dictadura. Debemos decirla, escribirla, dibujarla, comentarla. Por todos las vías por las que tengamos a nuestro alcance. Sí, así como se hace bajo cualquier dictadura.]]>

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