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“Dijeron que lo mató el dengue pero en los exámenes salió una bacteria”

Raziel David Jaure fue el primer niño de la sala de hemodiálisis del Hospital J.M. De los Ríos que falleció en el año 2017. Cuenta su mamá, Yuderkys Mirabet, que los médicos lo creyeron víctima de un dengue pero después los cultivos revelaron que había adquirido klebsiella. La bacteria, que causa infecciones respiratorias graves, estaba presente en la máquina con la que trataban a los infantes

“Dijeron que lo mató el dengue pero en los exámenes salió una bacteria”

“Él murió el miércoles 3 de mayo de 2017 a las 5:30 de la mañana. No fue por el fulano dengue. De hecho, en el certificado de defunción pusieron que tuvo un ‘shock hipovolémico’. Eso es cuando la sangre se coagula. Sucede que a él no le podían colocar tanto líquido, por la misma restricción de su enfermedad renal. Entonces el niño se nos deshidrató y fue tan fuerte que hasta los labios se le partieron”.
Con ese nivel de detalle narra Yuderkys Mirabet la historia de su hijo Raziel David Jaure, un niño de 12 años que encabezó la lista de los menores de edad fallecidos en el año 2017 después de haber recibido tratamiento de hemodiálisis en el Hospital J.M. De los Ríos de Caracas.
Y es que si bien en las últimas horas de vida el niño presentaba dolores articulares muy fuertes y fiebre elevada, no sería sino una semana después de muerto cuando sus padres conocieron la verdadera causa de su partida: “Nos enteramos de que tenía la bacteria porque el lunes 1 de mayo le mandaron a hacer nuevamente los cultivos, pero esos resultados los dieron siete días después. Dijeron que lo mató el dengue pero en los exámenes de mi hijo salió una bacteria”, explica el papá de Raziel, Douglas Jaure.
A los dos hijos mayores de Yuderkys les había dado dengue. Incluso, dengue hemorrágico. Por eso la intensidad de los dolores que expresaba su niño menor la hizo dudar. Ahora, con el pasar de los días, comprende que ese sufrimiento era causado por la bacteria que en secreto mataba a su hijo.
“A él no le hicieron autopsia porque supuestamente falleció por dengue. Nosotros lo velamos aquí en Caracas y después no los llevamos a Tinaco, para enterrarlo allá. Pero entonces la semana siguiente, cuando regresábamos, me llamó la mamá de otro de los niños que se dializaban en el hospital para decirme que Samuel Becerra había muerto y que mi hijo se había contaminado con Klebsiella”, relata Yuderkys.
 
El papá se apura en explicar que Raziel no pertenecía al grupo de niños contaminado al recibir tratamiento de hemodiálisis en ese hospital capitalino. Pero ocurrió que por desgracia fue a dializarse un día que no le correspondía y lo colocaron en otra máquina que no era la suya. Terminó adquiriendo la mencionada bacteria causante de graves infecciones respiratorias.
Raziel
“Cuando lo acostaron en esa cama, él me miró. Sabía que allí iba otro niño. Entonces me veía como diciendo: “¡Me están acostando aquí!”. Y yo dije para mis adentros: “Bueno, ¿qué puedo hacer? Los médicos son los que saben y esa máquina debe estar limpia. En esa sala había 25 niños en diálisis y de estos ya se habían infectado 18. Raziel nunca llegó a contaminarse, hasta ese momento. Cómo íbamos a imaginar que lo que no pasó fuera del hospital le iba a ocurrir allí adentro”, agrega.
La mamá de Raziel cree que el azar le jugó sucio. Al niño le correspondía dializarse el miércoles 19 de abril de 2017 pero ese día estaba convocada una marcha multitudinaria, como parte de las jornadas de protestas antigubernamentales impulsadas por la oposición política al gobierno de Nicolás Maduro.
Previendo que no tendría cómo devolverse a la casa de sus familiares, después de llegar al centro de salud, Yuderkys resolvió postergar la diálisis por 24 horas: “Entonces yo le pedí a una compañera que tenía a su hijo hospitalizado ahí mismo en el piso 4, que le informara a la doctora que nosotros iríamos al día siguiente. Ella nunca me respondió. El jueves, cuando llegamos al hospital, la doctora se sorprendió al verme allí y me dijo que Raziel había estado bien, que no era necesario recargarlo con más diálisis. Que lo mejor era que esperáramos hasta el viernes, cuando le tocaba con su verdadero grupo. Sin embargo, luego de que el grupo fuera asignado quedó una cama vacía y allí sentaron a mi hijo. Quedó la cama del niño que llevó la Klebsiella para allá”.
Ninguno de los padres sabía el alcance de esa bacteria. Después se informarían por internet que ella nace de comer legumbres y alimentos mal cocinados. Presumen que el portador inicial era un niño que le gustaban las ensaladas pues su madre comentó, delante de otros representantes, que él la tenía. David y Yuderkys creen que las máquinas de hemodiálisis no son limpiadas con profundidad, así que se convierten en un foco transmisor de enfermedades.
De hecho, el viernes, luego de la diálisis, Raziel presentó una fiebre de más de 38 grados y ambos creyeron que era una de esas miles de fiebres que le daban al niño después de la terapia.
Una semana después la fiebre alcanzó los 40 grados. Ahí sí le mandaron a hacer un examen de PCR para ver si tenía infección y de qué grado era. Aunque no hubo registro alguno, según la doctora que habló con Yuderkys, sí apareció un descenso de las plaquetas. Estaban en 90 cuando debían superar las 150.
Raziel se descompensó en menos de dos meses. A él le habían colocado el catéter apenas el 17 de marzo de 2017. Antes de eso ni siquiera recibió tratamiento de diálisis peritoneal y sus padres lo controlaban con apenas algunas medicinas y un poco de sentido común.
A los tres años de edad, cuando ambos supieron que tenía insuficiencia renal, le empezaron a restringir aquellos alimentos que pudieran elevarle la urea o la creatinina, y su control lo hacían a través de un nefrólogo en Tinaco, estado Cojedes.
No lo llevaron antes de los diez años a la diálisis porque los médicos no lo creyeron necesario. En teoría, sus riñones funcionaban todavía en un 60 por ciento.
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Fueron siete años de aparente normalidad, entre los tres y los diez años de vida; hasta que empezó a presentar dolores de cabeza y mucho cansancio. En esa ocasión el resultado de los exámenes indicaba que era necesario hospitalizar al niño de inmediato, pero en Cojedes estaban remodelando el único centro de salud disponible y el mismo médico nefrólogo que atendía al niño recomendó trasladarlo a Caracas.
Lo ingresaron por la Emergencia del J.M. De los Ríos y luego de que se desocupó una cama en nefrología lo hospitalizaron allí. A pesar de la restricción hídrica, los valores no terminaban de estabilizarse. Explica su mamá que a él le mandaban Alurón, para que el ácido úrico, el bicarbonato y el hierro estuvieran estables; pero ya en el año 2016 no se conseguía esa medicina. Eso pudo haber incidido en la descompensación de su cuerpo que provocó que a partir del 19 de marzo de 2016 empezaran a dializarlo. Sin embargo, fue a los diez meses de vida cuando, tras sufrir una neumonía, los médicos se dieron cuenta de que el valor de la urea del bebé estaba más alto de lo normal. Había problemas renales.
Raziel luchó por sobrevivir desde que fue un recién nacido. Su madre dice que él tenía como fecha prevista de nacimiento el 23 de enero de 2006 pero en vista de que su barriga creció demasiado, y ella no soportaba los dolores de espalda, el médico estimó que después de la semana 38 podía atender el parto: “Costó mucho agarrar la anestesia y costó mucho sacarlo. Él estaba abajo, normal, y cuando buscaron sacarlo, se me subió. Varios médicos tuvieron que irlo sacando y entre la anestesia escuché que lo pesaron y no lo escuché llorar. Todo eso me pareció muy raro”.
Lo primero que escuchó Yuderkys al volver en sí, luego de que pasaran los efectos del sedación, fue la recomendación de una doctora que le sugirió que se pusiera a rezar, pues el niño tenía dos vueltas de cordón y un nudo real que le impedía que el oxígeno llegara fácilmente. Ellos presumían que hubo órganos que no se habían desarrollado muy bien.
Raziel pasó a la Unidad Especial de Neonatos y solo podía ser visitado por su mamá diez minutos al día. No recibió pecho en su primera semana de nacido y el alimento le llegaba a través de una sonda.
“Fue impresionante verlo así, entubado, y el pecho se le hundía demasiado. Sin embargo, ¡Dios fue tan grande! Los médicos nos decían que él estaría allí al menos dos meses y solo pasó 11 días”, añade la mamá.
Después de ese trance tuvo neumonía a los diez meses, que fue el primer alerta sobre la alteración de la urea. Y no sería sino hasta los diez años, debido a los intensos dolores de cabeza y a un cansancio extremo, cuando notaron que algo no andaba bien con sus riñones.
Ahora sus padres lamentan que hasta su muerte Raziel no recibiera un diagnóstico acertado y preciso. Revelan, también, que casi quedan en la calle al tratar de salvarlo. No contaban con un seguro médico. Vendieron la moto para poder costear los exámenes y la estadía en Caracas, y estuvieron a punto de vender su vivienda.
Ahora solo les queda cierto consuelo al concentrarse en ayudar a otros niños. Piensan que al denunciar por lo menos evitan que la historia de Raziel sea olvidada y que otros niños mueran por la misma causa.
“Me han contado que si tú vas ahorita al J.M. De los Ríos, lo vas a ver bonito, porque le han arreglado la fachada y las paredes; pero ¿de qué vale eso sino tienen los medicamentos? Igual he sabido que los que recibieron trasplantes están volviendo a caer en lo mismo, por falta de tratamiento. No es justo. Al principio yo no quería hablar sobre la muerte de mi hijo. Decía que nadie me lo iba a devolver, pero pienso en esos padres que no tienen dónde dializar a sus hijos y creo que hay que denunciar lo que está ocurriendo. Yo vivía por y para él. Mi día a día era él, hasta que recuerdo que ya no está…”
Y ya no está, salvo en el recuerdo de sus padres: en el pollo imaginario que Yuderkys le desea cocinar, en el queso sin sal que a veces se topa en la calle y quisiera servirle en el desayuno, en la caja de Zucaritas que aún quedó en la cocina de la casa de Tinacos, en la cama matrimonial cuando evoca las triquiñuelas que él se inventaba para dormir junto a sus papás, aunque tuviera un cuarto propio con aire acondicionado, y hasta en el silencio.
Allí, sobre todo en el silencio, persiste Raziel.
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