El almuerzo del presidente

Cuando Mandela fue trasladado de Pretoria a Robben Island para cumplir su sentencia de cadena perpetua, Yutar fue ampliamente alabado en los medios de comunicación como “el salvador de Sudáfrica, el defensor de la civilización contra las fuerzas de la oscuridad” y alentó esta imagen en cada oportunidad para avivar los temores blancos de un baño de sangre inminente. Tal vez usted jamás haya escuchado hablar de Percy Yutar ni de Quartus de Wet. Pero cualquier surafricano sí sabe de ellos –y los deben recordar con profundo desprecio- porque fueron el fiscal y el juez que aseguraron las condenas a cadena perpetua para Nelson Mandela y sus compañeros. Yutar fue el fue el fiscal y de Wet el juez que dictó la sentencia. ¿Los cargos? Sabotaje y conspiración. La realidad: eran activistas luchando por acabar con el apartheid, la segregación racial impuesta por la minoría blanca.

El almuerzo del presidente

Dicen que durante el juicio, Yutar fue brutal interrogando a los acusados. Ya había sido brutal interrogando a Alan Stewart Paton, un blanco fundador del Partido Liberal Surafricano que estaba radicalmente opuesto al apartheid. Una contradicción en un hombre que había vivido en carne propia la discriminación: Yutar (originalmente Yuter) era hijo de judíos lituanos, que llegaron a Suráfrica huyendo del gueto en Lituania y sufrieron en carne propia el antisemitismo, no solo en el país que dejaron, sino en el país donde se establecieron. Tanto así que Yutar, quien en 1937 había recibido su doctorado en Derecho de la Universidad de Ciudad del Cabo, tuvo que trabajar durante cinco años en una posición jurídica muy humilde en una oficina de correos solo por las posiciones antisemitas.

Wikipedia reseña que Yutar acusó a los demandados de “decir mentiras al mundo que los negros en Sudáfrica fueron oprimidos”. La realidad, dijo, los negros eran “pacíficos, respetuosos de la ley y leales al régimen”. Eso de las “mentiras” suena conocido, ¿verdad?…

Durante la sentencia, Yutar argumentó que todo el peso de la ley debía ser ejercida sobre los acusados. Dado que la pena de muerte se utiliza muy poco para el sabotaje y conspiración, el juez Quartus de Wet condenó a los acusados ​​a cadena perpetua. ¿Qué será lo que pasa en los regímenes discriminatorios, donde los adversarios se consideran enemigos, que siempre hay jueces que están dispuestos a hacer lo que se les ordena, aunque en el fondo de sus conciencias sepan que no es así?…

Cuando Mandela fue trasladado de Pretoria a Robben Island para cumplir su sentencia de cadena perpetua, Yutar fue ampliamente alabado en los medios de comunicación como “el salvador de Sudáfrica, el defensor de la civilización contra las fuerzas de la oscuridad” y alentó esta imagen en cada oportunidad para avivar los temores blancos de un baño de sangre inminente. No fue designado cónsul, pero sí gozó de puestos importantes, como el de Fiscal General de la Nación.

Tras el fin del apartheid, Yutar declaró que creía que había, de hecho, salvado la vida de los acusados, porque los acusó de sabotaje en vez de traición. En su última entrevista grabada, afirmó: «Si yo hubiera pedido la pena de muerte, el juez la habría concedido. Habrían sido nombrados mártires y eso habría dado lugar a una revolución infernal y a una sangrienta guerra civil. No tengo la menor duda de que actué correctamente». Pero George Bizos, uno de los abogados de la defensa en el juicio, llamó a esto una “tremenda mentira”.

Pero el mundo da vueltas y como las ruedas, quienes están arriba hoy, estarán abajo mañana, y al revés. La tarde del 23 de noviembre de 1995, Nelson Mandela, en ese entonces ya presidente de Sudáfrica, invitó a Yutar a un almuerzo como muestra del poder reconciliador que buscaba esparcir por toda África y alrededor del mundo entero. El conmovido magistrado se preguntó en qué otro país del mundo un jefe de estado aceptaría en invitar a un juez que lo condenó a prisión. Yutar murió en 2002, pero la respuesta podrá encontrarla en Venezuela dentro de unos años, cuando un joven -que como Mandela hoy está preso injustamente- puede invitar a almorzar a la juez que lo condenó, como muestra del poder reconciliador que busca esparcir en Venezuela…