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El amor por Caracas, un punto de encuentro entre las diferencias

Caracas es sin duda una obra del realismo mágico en la que puedes ver hermosos atardeceres que colorean la montaña más imponente, decorada con el vuelo de exóticas guacamayas que se posan en las ventanas de los hogares a saludar diariamente, pero te limitas a guardar esa imagen en tu memoria porque -al ser la ciudad más peligrosa del mundo- no te atreves a sacar el celular para retratarlo; abajo, en sus calles, la historia contrasta con la desesperación y un instinto de supervivencia que sería únicamente comparable a la que viven los protagonistas de una película de terror.

El amor por Caracas, un punto de encuentro entre las diferencias

Eso ha llevado al característico valle tener apodos tan disimiles como «La Sucursal del Cielo» y «La Ciudad de la Furia», tomada de la reconocida canción que el cantante Gustavo Cerati le dedicó a Buenos Aires en 1988. Sin embargo, hay algo que no se puede negar y es que a pesar de los pesares, el caraqueño ama su ciudad. Los que se van, siempre llevan en la maleta una foto del Ávila y los que se quedan trabajan día a día desde sus espacios para rescatar lo bonito.

Este 25 de julio, a los 452 años de fundación de Santiago de León de Caracas, El Estímulo quiso crear un espacio de encuentro entre políticos, asesores, periodistas, actores, emprendedores y profesores de distintas ideologías y pareceres para dedicarle a la ciudad capital el deseo más profundo que albergan en sus corazones para ella en su aniversario.

Entre las respuestas no pudieron faltar los más genuinos anhelos de libertad, como expresó el asesor político Edgard Gutierrez, o los aires de democracia que le regalaría el periodista senior de El Tiempo Latino, Ricardo Sánchez-Silva. Aunque estos presentes podrían extenderse a todo el territorio venezolano, también se hicieron notar los que ante todo solicitan un cambio de gobierno, como fue el caso de el politólogo Luis Salamanca que pide una administración que la lleve «a un nivel internacional (…) que la quisiera, que fuera correcto con ella, que la lavara» para que «respete su historia, cultura y espíritu».

Las mismas ansias son manifestadas por la periodista Elena Marcano y su colega Luis Laya que complementa su argumento en la necesidad de «buscar políticos nuevos, gerentes que se encarguen de las ciudades». Con respecto a esto, el  abogado y político, Ramón Guillermo Aveledo, indica que le daría «un buen gobierno metropolitano con sentido de desarrollo humano y visión de futuro».

Por otro lado, hubo quienes pensaron en sus habitantes como la periodista Ingrid Bravo, que además de mejores gobernantes, le daría «mejores ciudadanos» porque «ella no necesita nada más», o el abogado y articulista, Rene Solla, que les daría «la sindéresis» para que este momento «sirva de acicate».

Tampoco pudo faltar los que le darían a los caraqueños, entre muchas cosas, la «recuperación de espacios verdes», como expresó el concejal de Baruta, Omar Villalba, o una «limpieza profunda» de la ciudad aspirada por la sociologa especialista en temas migratorios, Claudia Vargas.

En esta línea también se encuentra la chavista disidente y ex ministra de Juventud, Maripili Hernández, que regalaría «un sistema de alcantarillado que permita que la gente pueda caminar aunque esté lloviendo» al igual que «un sistema de transporte público digno», coincidiendo con politólogo y profesor, Guillermo Aveledo Coll que quisiera entregarle a los transeúntes que caminan las calles de Caracas «tres regalos urgentes: un nuevo sistema de distribución de aguas, un nuevo sistema de recolección, disposición y reciclaje de desechos sólidos, y un nuevo sistema de transporte público».

Sin embargo, también hubo quienes quisieron dibujarle una sonrisa en la cara a los caraqueños sin recordarle las penurias que viven día a día, como el actor Pedro Medina, que sin titubear daría «una visita de todos los que se fueron», o la coordinadora de Vente Venezuela,  María Corina Machado, que efusivamente nos comentó que les regalaría «una fosforera margariteña pa’ levantar los ánimos». Igualmente, el asesor político y director de Acción Política, Amaury Mogollón, pensó en «City Fest» que tenga «1000 actividades en un día» para «darle cariño a nuestra maltratada Ciudad de la Furia».

Siguiendo con los planes y actividades, el constituyente Alberto Aranguibel «le regalaría un cronograma perpetuo de operaciones de embellecimiento (…) con el trabajo abnegado y amoroso de la gente que la quiere y que la cuida de verdad, sin interés alguno y con el mayor desprendimiento»porque con ese ejemplo se crea «la conciencia ciudadana que un día tuvimos y de la cual no debimos nunca desprendernos». Ante crear consciencia, la médico cirujano Ana María Marcano regalaría varias jornadas con actividades prácticas para enseñarles a los niños cómo ser buen ciudadano «cuidar de la ciudad, no botar papeles, cruzar por el rallado, cómo comunicarte con concejales, explicarles las responsabilidades del gobierno y los derechos que tienen como ciudadanos a exigir».

A este presente se le unió uno de los directores del emprendimiento «Clases Plan A», Joaquin Marcano, que bancarizaría a los indigentes para organizarlos e insertarlos en la economía y así «constribuyan aunque sea informalmente a la economía de Caracas». De todas formas el decidió unir su regalo al de Ana María para «evitar los momentos de ocio en los niños» porque las «actividades que los formen como buenos ciudadanos» podría «evitar que se inserten al malandraje».

Finalmente, también hubo quienes se permitieron soñar para darle un regalo que diseñara según sus gustos, como el consultor digital Federico Black, que le daría a Caracas la cultura de bicicletas, «una ciudad con una ciclovía completa, bien diseñada y hecha», o la periodista Luisa Fernanda Alvarado que le daría «cultura caraqueña» y quien fue dos veces presidente de la Federación de Centro de Estudiantes de la Universidad Simón Bolívar (Fceusb), Andrés Contreras, que le encantaría regalarle «escuelas repletas de niños saludables y con maestros bien pagados».

Por muy simples, complejas, descabelladas o acertados que puedan ser estos regalos de personas tan diferentes, en ocupaciones, ideologías, tendencias y posiciones, curiosamente los une el cariño por la ciudad y un mismo objetivo que es «acomodarla» para verla en su mejor esplendor; porque al final, no importa a qué te dediques, o qué hagas, si eres caraqueño, o si no lo eres pero te toca (o te ha tocado) vivir en esta ciudad. No se puede negar que hace suspirar, que genera un esmero por verla mejorar, por embellecerla o por pensar que siempre va a haber alguna manera en la que se pueda recuperar.

Hoy Caracas cumple 452 años de fundación. Es la «Ciudad de los Techos Rojos», la que ha recibido tanta gente y la que le ha dado miles de oportunidades a tantas otras. La que es un caos, pero que al mismo tiempo otorga paz en sus sonidos y colores. La que es atravesada por un río contaminado lleno de cualquier cantidad de desperdicios -y en el cual se bañó Bolívar-, pero la transitan personas desconfiadas que a pesar de los pesares sonríe y tiende la mano. La cuna del Libertador, la que según el Himno Nacional hay que seguir el ejemplo que da y la que en algún momento fue, y sin duda, también será.

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