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El cáncer: la vergüenza de Jesús Eduardo

A veces la vergüenza puede más que el dolor y el miedo a morir. Este es uno de tantos casos donde un paciente con cáncer avanzado sigue trabajando a diario y, aunque carece de recursos para su tratamiento, prefiere ocultar su enfermedad a pesar de las torturas físicas que le causa

El cáncer: la vergüenza de Jesús Eduardo

Son las 6 de la mañana y Jesús Eduardo despierta a su amigo Alejandro con un audio por Whatsapp. Le dice que no pudo dormir por los dolores que le causa un cáncer en el hígado que lo está destruyendo. Son pocos los amigos que saben por qué Jesús Eduardo se ve tan mal.

«Ya no soporto el dolor. No puedo dormir. Estoy muy asustado porque me voy a morir y no sé cómo evitarlo», dice, desesperado. Al dolor físico se suma uno emocional, quizás peor: al saber que estaba enfermo, su esposa lo dejó y se llevó a sus niños.

«El dolor me está matando lentamente», sentencia.

Jesús Eduardo es un sujeto talentoso. Además de ser un excelente fotógrafo, es un cantante muy afinado. Es padre de tres hijos, a los que trata de evitar preocupaciones pese a la situación del país. Jesús Eduardo, sin embargo, es también un enfermo avergonzado. No quiere que la gente sepa que tiene cáncer. Le teme al desahucio social y al sufrimiento de su familia. Como hace algunas décadas, cuando los medios de comunicación se referían al cáncer como una «lastimosa enfermedad», para Jesús Eduardo el cáncer tampoco debe ser nombrado.

En su área de trabajo es conocido y querido. A pesar de ello, ni sus compañeros ni sus hijos saben qué tiene. Solo lo ven cada vez más deteriorado y no entienden la razón.

Al verlo así, su colega y compañero de estudios, Alejandro Briceño, decidió interrogarlo. Y logró la terrible confesión: «Tengo cáncer en el hígado. Es un carcinoma hepatocelular. Además siento un terrible dolor en las piernas. Me siento realmente mal».

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Estas palabras sacudieron las emociones de Alejandro. Eran muy unidos en la universidad, cuando estudiaban Diseño y Fotografía, y Jesús sabe que cuenta con él.

La vergüenza del enfermo

Su esposa lo dejó solo. No es fácil lidiar con un enfermo de cáncer que sangra y mancha las sábanas. Para evitarse el tormento, le dijo a Jesús Eduardo que se iría unos días donde su mamá con los niños. Pero fue más allá: se llevó toda la ropa, la de ella y de los hijos. Lo dejó solo a su suerte.

Antes de la pandemia, cuando le detectaron el cáncer, un sobrino que está en el exterior le mandaba dinero para comprar los medicamentos. Pero con la cuarentena, el joven se quedó sin ingresos y no pudo seguir ayudándolo. Alejandro le sugirió abrir una recaudación pública para que pudiera tratarse y se escandalizó.

«¡No! ¿Cómo se te ocurre? ¡Qué vergüenza! Mis hijos se enterarían que tengo cáncer. Todo el  mundo se enteraría. No quiero que se sepa así», reaccionó.

Unos días más tarde, Eduardo le pidió prestado dinero a Alejandro para una terapia en una cámara hiperbárica. Alejandro le insistió en la recaudación y Eduardo le espetó: «Pana, no sabes lo que duele el cáncer. Mi papá murió de cáncer y fue muy duro.  Yo lo atendí y lo vi sufrir. Luego mi madre murió igual, por otro cáncer. También fue muy duro. No quiero que mis hijos pasen por lo mismo».

Discreta solidaridad

Jesús Eduardo bandea este cáncer a solas. Ni siquiera ha acudido a un psicólogo o psiquiatra que lo ayude a sobrellevar tan fuerte experiencia. Intentando respetar su petición de discreción pero tratando de ayudarlo, Alejandro creó un grupo de Whatsapp con los amigos más cercanos para que interactúen y le den ánimos. Aún así, la actitud de Jesús es negativa y cada día manifiesta menos ganas de luchar contra el mal. Sin embargo, sigue trabajando porque no puede darse el lujo de perder sus ingresos.

Solo cuando el dolor se hace insoportable, llama a Alejandro. Jesús ha pensado en quitarse la vida o en abandonarse y dejar que el destino decida. Es su propia decisión dejar que los amigos lo ayuden, lograr recursos para enfrentar más decididamente el cáncer, pero no se atreve a romper la vergüenza.

Sus amigos solo están esperando a que Jesús Eduardo acepte la ayuda para comenzar a hacer campaña para ayudar a un hombre a quien, además del cáncer, lo está matando el sentimiento de vergüenza y derrota.

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