El delirio regionalista de Daniel Ceballos

Un video de Daniel Ceballos aludiendo a seis figuras de la historia de Venezuela polemizó en las redes sociales: el exalcalde andino las usó como referencia para su campaña política en la región y lo sorprendente es que al menos tres de los personajes mencionados fueron dictadores del siglo XX. Aquí analizamos cada mención del candidato

El delirio regionalista de Daniel Ceballos

Un debate suscitado en la Cámara de Diputados de Venezuela, el 29 de junio de 1939, deja en evidencia que las tensiones regionales no son cosas del presente nada más. La polémica tuvo como protagonistas a José Rafael Pocaterra -quien entonces era presidente del Senado- y a los viejos representantes del gomecismo, quienes se sintieron ofendidos por unas declaraciones hechas por el escritor valenciano durante la sesión solemne por los 118 años de la Batalla de Carabobo, en las que juzgó negativamente el rastro que los andinos, Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez, dejaron en sus gobiernos, transcurridos desde mayo 1899 hasta diciembre de 1935.

No era la primera vez que Pocaterra criticaba a los hombres de la montaña. En sus cuentos, publicados desde 1915, ya había referencias sobre ellos, a quienes tachó de barbaros, de individuos primitivos, en su relato “Ecce-Homo”. Pero, del otro lado de la acera, los tachirenses también miraban con recelo al resto de Venezuela, un país fragmentado en grandes islotes territoriales y en el que ellos lograron imponer el orden. Y aunque la anécdota data de hace más de 80 años, hace menos de una semana, un video del exalcalde Daniel Ceballos polemizó con un discurso de campaña regional, en el que alude a los andinos del siglo XX como ejemplos a seguir.

Castro, regionalista y “amor nacional”

La frase, con la que abre su top 6 de referencias presidenciales, se enmarca dentro del nacionalismo castrista que para muchos quedó estampado en el discurso: “La planta insolente del extranjero ha profanado el sagrado suelo de la patria”, ante el bloqueo a las costas que Alemania, Inglaterra e Italia impusieron en Venezuela entre 1902 y 1903. Asimismo, la actitud aislacionista de Castro ante las injerencias estadounidenses del momento, lo convirtió en una bandera del chavismo, quienes incluso financiaron una película basada en su vida: “La Planta Insolente”, dirigida por Román Chalbaud con guion de Luis Britto García, chavistas profesos.

Castro se hizo con el poder en octubre de 1899

Después de un siglo lleno de funestas guerras civiles, Castro se hizo con el poder en octubre de 1899, implementando un programa de centralización política que acabó con el caudillismo histórico y abonó la tierra para la formación del Estado moderno venezolano. Sin embargo, su administración, que contó con dos constituciones, estuvo signada por la inestabilidad política y económica que no sólo se reflejó en el bloqueo sino también en la llamada Revolución Libertadora, uno de los últimos gritos del caudillaje decimonono, derrotada el 18 de julio de 1903 en Ciudad Bolívar, la última batalla librada en territorio venezolano, según Manuel Caballero.

Gómez, paranoico y sagaz

La estela dejada por el último gran caudillo en 27 años de poder omnímodo ha cargado con una leyenda negra proporcional a la férrea tiranía que impuso. Leyenda que fundó José Rafael Pocaterra con sus Memorias de un venezolano de la decadencia. Pero la paranoia gomera a la que refiere el exalcalde andino la reseña Manuel Caballero en la biografía que escribió sobre él, Gómez, el tirano liberal, donde manifiesta que más allá del miedo que imponía el Benemérito, había un temor detrás de su poder, miedo que se expresaba en sus pocas alocuciones públicas e incluso en su actuación el 13 de diciembre de 1908, cuando decidió arrebatarle el gobierno a Castro.

A Gómez más allá del discurso disidente, se le reconoce la pacificación e institucionalización armada del país

En casi tres décadas de mandato, Gómez gobernó en el país con fuerza, bajo la consigna “Paz, Unión y Trabajo”, que la oposición tradujo como trabajo en las carreteras, unión en las cárceles y paz en el cementerio. Muerte, cárcel y exilio pudiera ser la otra triada que definiera el estatus de los adversarios antigomecistas. No obstante, la lejanía en el tiempo y la hermenéutica historiográfica ha permitido una revisión de su período, valorando, más allá del discurso disidente, la importancia que tuvo la pacificación e institucionalización armada del país, logros del tirano. A esto último creemos que es a lo que responde la sagacidad referida por Ceballos.

López Contreras, el sereno

Aunque no todas las libertades estuvieron garantizadas por su gobierno, hay un consenso que le atribuye a Eleazar López Contreras un carácter democrático, ganado no solo por el programa social que impulsó, tras las protestas de enero y febrero de 1936, sino también por la trascendencia y significado que trajo consigo tal acción frente a la dictadura que se dejaba atrás. Su popular frase “Calma y cordura” pasó a la historia como el resumen de la transición a la democracia iniciaba en Venezuela bajo su administración. De los seis hombres mencionados por Ceballos, López Contreras es, sin lugar a dudas, el primer demócrata al que hace alusión.

Contreras se hizo a un lado del continuismo presidencial y cedió el espacio de poder

El 3 de marzo de 1941, Eleazar López Contreras marcó un precedente democrático en la historia venezolana: se hizo a un lado del continuismo presidencial que pudo haber optado, y cedió el espacio de poder, tan disputado y añorado por muchos. Apartarse de la presidencia le permitió vestirse de demócrata, aunque, como ya hemos referido, se trata de un apelativo que obtuvo con méritos suficientes, a implementar un plan de modernización nacional en la que el Estado asumió responsabilidades sociales hasta entonces marginadas. Esto en medio de un mundo convulsionado por los extremismos, víspera de la Segunda Guerra Mundial.

Medina Angarita, el ciudadano ejemplar

Sobre la personalidad histórica de Isaías Medina Angarita se ha construido un discurso según el cual representó una visión de país democrático, institucional y de progreso. Aspectos que no son desdeñables cuando se evalúan los avances que hubo en su administración, no solo los referidos al petróleo –producto de las exigencias de la Segunda Guerra Mundial–, sino también a la legalización de los partidos políticos de masas, hecho que, visto en retrospectiva, igualmente tiene que ver con ese tiempo. No obstante, dentro del medinismo hubo también resistencia al progreso, manifestada, por ejemplo, en la negación al voto universal, directo y secreto.

Dentro del medinismo hubo también resistencia al progreso

Justamente, este último aspecto es el más polémico de gobierno medinista. Cuando el 18 de octubre de 1945, la juventud de las Fuerzas Armadas y unos cuantos civiles del partido Acción Democrática derrocaron al presidente e instauraron una junta de gobierno que llamó a elecciones universales para la formación de una Asamblea Nacional Constituyente, comenzó en Venezuela una revolución que, en palabras de historiadores como Germán Carrera Damas, significó el fin de una etapa marcada por el personalismo, 115 años después de la independencia. Suficiente agua ha corrido ya –dice Tomás Straka– sobre aquel suceso de donde emergió el voto.

Pérez Jiménez, la visión más grande

Tal vez sea en la mención a Marcos Pérez Jiménez donde hay mayor polémica, no solo por las sensibilidades latentes sobre el período –del cual continúan existiendo testigos: víctimas y victimarios–, sino por la referencia en sí: “La visión más grande que ha tenido este país”. Frase que echa por la borda cualquier intento o esfuerzo democrático, no solo del pasado, sino también del presente, del que el mismo Daniel Ceballos es protagonista. La figura de Marcos Pérez Jiménez continúa generando odios y pasiones en toda Venezuela. El desarrollo físico del país, justificado por fieles creyentes del cesarismo democrático, no puede solapar la inexistencia de libertades.

La figura de Marcos Pérez Jiménez continúa generando odios y pasiones en toda Venezuela

Y menos cuando tal desarrollo sigue debatiéndose: el profesor Mario Buffone ha investigado, de manera profunda y rigurosa, sobre las obras y mentiras del perezjimenato, más allá de la atestiguada violación de derechos humanos cometida dentro de sus cárceles. Lo cual resulta paradójico dentro del discurso de Ceballos, quien padeció en el presente, como tantos antiperezjimenistas en los años 50, los vejámenes que conllevan adversar el poder autoritario. Aunque el país alcanzó niveles de modernización física en obras monumentales, mucho de lo construido había estado previsto por gobiernos anteriores, siendo la continuidad el mayor aporte de la dictadura.

Carlos Andrés Pérez, la capacidad de cambiar de opinión

Después de López Contreras y Medina Angarita, el otro demócrata mencionado en el discurso es Carlos Andrés Pérez, quien, a diferencia de los otros dos, sí gozó de respaldo popular en términos de una democracia abierta, plural, competitiva y directa. Sin embargo, no es eso lo que se destaca en su mención, sino “la capacidad de cambiar de opinión”, aludiendo a la diferencia de enfoque que hubo entre el primer y segundo gobierno de Pérez. Uno marcado por el estatismo y el gasto público excesivo, gracias a los altos precios del petróleo, y otro más bien abierto y austero, entonces movido por la crisis de la deuda externa y el fin de la Guerra Fría.

CAP fue defenestrado de la presidencia

De los seis hombres, Carlos Andrés Pérez resalta como el más demócrata. El 20 de mayo de 1993 fue defenestrado de la presidencia, después de que la Corte Suprema de Justicia y el Congreso de la República encontraran méritos suficientes para enjuiciarlo, por actos de presunta corrupción. Pérez, sin poner resistencia a la decisión emanada por dos de los poderes públicos, salió del poder como un ciudadano cualquiera, para enfrentar a la justicia. Su destitución sigue generando controversias, sobre todo porque muchas son las verdades ocultas del caso, estando vivos todavía varios de los más representativos protagonistas de aquel histórico episodio.

Ramón J. Velásquez, el inteligente y tolerante

Velásquez, aparte de su oficio como político, ejerció el periodismo y se desempeñó como historiador

El último de los andinos que menciona Ceballos en su discurso político es Ramón J. Velázquez, quien, de manera interina, ejerció la primera magistratura durante junio de 1993 y febrero de 1994, tras los sucesos desencadenados por el juicio a Carlos Andrés Pérez. Velásquez, aparte de su oficio como político, ejerció el periodismo y se desempeñó como historiador, siendo uno de los escasos mandatarios civiles con reconocida trayectoria intelectual en el país, expresado en una importante obra: tanto histórica, periodística y de ficción. A esto y a su manejo político tras las intentonas de 1992, se refirió el político cuando destacó su “inteligencia y tolerancia”.

Ramón J. Velásquez fue actor, testigo y relator del siglo XX venezolano. Nacido en 1916, pudo apreciar la crueldad gomecista, la apertura de libertades de López Contreras y Medina Angarita, la conquista de la democracia en 1945, su corrosión en la década militar y, finalmente, su restauración en 1958. En los 90, frente a los sucesos que protagonizó el golpista Hugo Chávez, opinó: “Alguien levantó la tapa del infierno en donde, a fuerza de sufrimiento, cárceles, exilios, torturas y muertes, varias generaciones de venezolanos habíamos logrado encerrar los demonios del militarismo. ¿Cuántas décadas les llevará a ustedes volverlos a encerrar?”.

Pero Ceballos, en su delirio regionalista, se olvidó de eso.