El distanciamiento social perjudica la nutrición de los venezolanos

Susana Raffalli, especialista en seguridad alimentaria, advierte que la distribución en época de distanciamiento social debe ser más eficiente, pues los jefes de familia no tienen cómo trabajar para adquirir los alimentos

El distanciamiento social perjudica la nutrición de los venezolanos

 

Susana Raffalli, nutricionista y experta en seguridad alimentaria, aseveró que más que la infección por Covid-19, lo que perjudica la nutrición de los venezolanos son las medidas de distanciamiento social.

Esto se debe as que el confinamiento reduce las posibilidades de trabajar. Las personas más empobrecidas y desfavorecidas se ven afectadas en sus medios de sustento.

Venezuela vive una crisis económica sin precedentes desde hace cinco años. El salario mínimo mensual para los trabajadores, decretado por el gobierno, es la mitad de lo que cuesta un kilo de carne de res. Según los últimos cálculos del Centro de Documentación y Análisis para los Trabajadores, la cesta básica de alimentos para una familia de cinco personas requiere un gasto mensual de 19 millones de bolívares. El salario mínimo integral es de 500 mil. Para los pensionados es peor: ellos solo reciben 250 mil.

Rafalli destaca que gran parte de la población venezolana no puede permanecer con el inventario de alimentos que tiene en su hogar o con sus ahorros. No puede quedarse en su casa sin trabajar.

Alega que se conoce el esfuerzo que hace el Gobierno por llegar a las comunidades con las bolsas de alimentos del Comité Local de Abastecimiento y Producción (CLAP), pero siempre han sido insuficientes para una familia de cuatro personas. A ellas solo les alcanzan los alimentos por siete días. Muchos ciudadanos no la reciben.

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Foto: Daniel Hernández

La especialista considera que si se mantienen las dificultades para el acceso a los alimentos y el distanciamiento social, eso repercutirá en la desnutrición infantil. Y si la pandemia avanza y el número de contagios se incrementa, las limitaciones serán peores para las familias.

La ayuda no es una quimera

Rafalli descree que la ayuda humanitaria que el país necesita sea una quimera, o algo que todavía se espera.

“Venezuela ha manejado en los dos últimos años una cantidad importante de recursos y el espacio humanitario de trabajo ha avanzado”, señala la especialista.

Manifestó que no se ha dado en la escala que se requiere, pero mucho más que en años anteriores.

Estima que en 2018 se manejaron fondos humanitarios por casi 30 millones de dólares. En 2019, por 180 millones de dólares. Y en lo que va de 2020 se han sumado recursos, algunos como respuesta a la pandemia por Covid-19. Estos fondos han sido manejados por organizaciones locales, por agencias internacionales a través de socios locales y, la gran mayoría, por la agencia de las Naciones Unidas.

Hizo énfasis en que la ayuda humanitaria para el país no es una cuestión hipotética. Lo que se hace no llega a la escala de lo que se requiere, porque se necesitan cerca de 750 millones de dólares.

Esto demanda la labor de la sociedad civil que se mantiene activa desde el año 2014 y al aparato público, pues el Estado es el principal actor humanitario.

Por lo pronto, hace un llamado urgente a mejorar la distribución de alimentos mientras duren las medidas de distanciamiento social y confinamiento.