El fantasma de Podemos

Este año en España la preocupación sobre lo que pasa en Venezuela era Podemos. Cuando llegué en diciembre se habían acabado las preguntas sobre si aquí hay una dictadura (2010) o si era cierto que no había papel higiénico (2013). Los españoles querían saber las vinculaciones con el chavismo, las semejanzas del programa de gobierno con el del PSUV, sobre el modelo económico y las expropiaciones. Al regresar a Caracas encuentro que los venezolanos están inquietos sobre el aumento de su influencia en la sociedad española. Y me dan un consejo/advertencia: “que los españoles se vean en nuestro espejo”.

El fantasma de Podemos

En España se prendieron todas las alarmas cuando Podemos demostró su simpatía por el modelo actual de Venezuela. Primero en los medios, que no tardaron en ocupar páginas digitales e impresas en destacar esta afinidad. Sacaron a luz el vínculo de de Juan Carlos Monedero y Pablo Iglesias como asesores de Chávez, por ejemplo. Luego vino la reacción en avalancha de la opinión pública española, con frases del siguiente talante: “Si el coletas –así llaman a Iglesias por su peinado- llega a presidente, nos van a expropiar la casa”. También aparecieron muchos a favor, pregonando la justicia social y libertad de medios. Nunca he visto a la gente tan informada sobre Venezuela.

Tampoco había visto a los miembros de un partido político tan sobre expuestos a los medios. El mismo día ponían en horario estelar entrevistas a dos miembros de Podemos en dos canales de televisión distintos. Es el hito político de España en décadas.

Los sentimientos van del odio extremo al amor incondicional, pasando por el recelo, el miedo y la curiosidad ante un fenómeno nuevo. Venezolanos, esto les suena, ¿verdad? Claro. No pocos comentan en las redes que en España se está viviendo un 98-99 reload con chico de coleta como protagonista, en vez de hombre con verruga.

Hay semejanzas, pero también muchas diferencias en lo económico y lo social de ambos países. Así como entre Hugo Chávez y Pablo Iglesias.

Si en principio Podemos tenía como ejemplo el modelo de Venezuela, ahora se decantan por el nórdico, con mejor prensa y proyección en el imaginario colectivo. El cambio de rumbo no fue solo de palabra. En la primera gira de Podemos por América Latina pasaron de largo por la tierra de Chávez. Alguien cercano al grupo me comentaba en esos días que querían desmarcarse porque les estaba afectando políticamente. Moverse hacia la socialdemocracia, como apuntaba Casimiro García-Abadillo (El Mundo España) en una Carta del Director, les lleva a comerse gran parte del pastel del PSOE. Y puede que también arañe electores del PP.

Bajando del mundo de las ideas, el elemento clave que distingue ambos países está, precisamente, bien hundido bajo la tierra: España no es un país petrolero. La economía y el presupuesto estatal no dependen de un rubro. Y, aunque ya se han ensayado regalos pseudopopulistas para mantener a la población contenta, como el chequé bebé de Zapatero (2500 euros por hijo nacido), se demostró entonces que el Estado no aguantaría mucho tiempo ese tipo de medidas.

La composición de la población no es la misma tampoco. Si en Venezuela el grueso se concentra a partir de los segmentos C, D, E y F, en España podría decirse que la denominada clase media es mayor. Mermada en los últimos años, sí, pero no a índices tan galopantes. Y esto, a la hora de aplicar medidas populistas, también influye. Como es fundamental, para bien y para mal, la membresía en la Unión Europea.

Quien se empeña en ver en el político español un chavecito peninsular, podría equipararlos. Iglesias ha roto de un modo abrupto con muchos de los paradigmas de la política española, como hizo Chávez. Va en mangas de camisa, pero no va desaliñado. Canta en público –en grupo, eso sí-. Tiene un lenguaje mucho más claro y sencillo y evade respuestas e implanta ideas al más puro estilo del de Sabaneta –pueden ver la entrevista que le hizo Ana Pastor y comparan-. Muchos lo ven como aire fresco para la política. Muchas, como el novio que querrían tener.

En las encuestas dicen que Podemos se llevará una gran tajada en las elecciones. Será fruto del descontento, los casos de corrupción, el desgaste del modelo bipartidista y el voto castigo. De llegar al poder, gobernarán bien, mal o regular. Eso nadie lo puede vaticinar. La democracia se basa, entre otras cosas, en la alternancia del poder.

Y no hay que olvidar algo que es esencial: Chávez salió de los cuarteles, Iglesias de la universidad.