¿El nuevo CNE será en verdad un primer paso?

Esta es la directiva electoral más potable para la causa opositora en largos años. El chavismo la presenta ahora porque sabe que las fuerzas opositoras están fragmentadas y enfrentadas en torno a si se debe asistir o no a unos comicios teniendo a Maduro en la presidencia

¿El nuevo CNE será en verdad un primer paso?

Una docena de declaraciones, de fuentes diversas, tanto internas como internacionales tuvieron algo en común, tras conocerse la designación en Venezuela de una nueva directiva del Consejo Nacional Electoral (CNE). Todas, de forma prudente o tímida, señalaban que se estaba ante un primer paso.

Esta designación del CNE debe verse sin la lupa maximalista que guió, sin éxito, la lucha democrática en los últimos años. El “todo o nada” que se hizo bandera en las filas opositoras tocó el fondo del fracaso. El chavismo sigue ocupando el poder, más allá de la discusión jurídica sobre su legitimidad.

Esto es lo que parece entender, ahora, la comunidad internacional y un sector opositor, que apuesta a una estrategia de paso a paso. No habrá un cambio en el corto plazo, y toca construir una alternativa democrática desde abajo. A esto se suma el rol específico que juega Washington.

Estados Unidos, con el nuevo gobierno de Joe Biden, había dejado en claro que debía ser el chavismo quien diera el primer paso, para dejar en evidencia su disposición a una negociación que eventualmente levante o suavice las sanciones. Este 4 de mayo el chavismo ha hecho lo que puede catalogarse como un guiño a Washington al designar a un nuevo Consejo Nacional Electoral “potable”, una condición que también había puesto sobre la mesa la Unión Europea.

La Asamblea Nacional controlada por el chavismo designó para un período de siete años a una directiva del CNE que compuesta por cinco integrantes estará 3-2, ya que dos relevantes figuras opositoras tendrán rol directivo.

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La designación de este CNE era una señal esperada por la comunidad internacional, que ahora con Washington a la cabeza habla de una necesaria negociación política en Venezuela. El chavismo ha dejado en evidencia que tiene cierta disposición, ya que controla al parlamento y pudo haber elegido a cinco rectores del CNE con orientación chavista.

“No cumple con los criterios de imparcialidad deseable, pero es un paso significativo, trata de reequilibrar el marco institucional de las elecciones en Venezuela. Es una buena señal”, esto me lo señaló el politólogo Piero Trepiccione, coordinador de la Fundación Centro Gumilla.

Obviamente no está en juego, por ahora, el control del poder por parte del chavismo. No está en agenda repetir las elecciones presidenciales de 2018, consideradas ilegitimas por la comunidad internacional, ni las legislativas de 2020, igualmente cuestionadas en su momento. Tanto Washington como Bruselas parecen enfocados en encontrar al menos una rendija que les permita a los actores opositores tener espacios de gobierno municipal o regional.

La tarea prioritaria del nuevo CNE será organizar para fines de este año unas elecciones de gobernadores y alcaldes.

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Esta designación del CNE debe verse como parte de un conjunto de decisiones que el chavismo ha tomado en las últimas semanas. Por un lado evidencia, aunque no lo diga en público, disposición a ceder y capacidad de entenderse con actores de oposición. Sin embargo, todo es aún muy incipiente para saber qué implicaciones tendrá.

En abril sucedieron dos hechos relevantes. Por un lado, tras varios años de negativa el chavismo permitió operaciones del Programa Mundial de Alimentos, lo que representará el ingreso masivo de ayuda humanitaria. Asimismo accedió al sistema de vacunación COVAX, para inmunizaciones contra la COVID-19, a través de la Oficina Panamericana de la Salud, en el marco de una mesa nacional de vacunación.

En ambos casos, esto ha implicado entenderse con representantes de Juan Guaidó, quien sigue administrando recursos oficiales, dada la condición de presidente interino que aún le asigna Estados Unidos y diversos países europeos.

El mes de abril cerró con otro “gesto” del régimen de Nicolás Maduro. Las autoridades venezolanas otorgaron el viernes 30 de abril una medida de excarcelación (aunque siguen procesados) en favor de seis exdirectivos de la filial de la estatal petrolera PDVSA en Estados Unidos, Citgo. Son ciudadanos estadounidenses y Estados Unidos había pedido por su liberación.

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En el caso del CNE, la presidencia la tendrá un hombre de confianza de Maduro, el ex ministro de Cultura Pedro Calzadilla, quien en su gestión tendió puentes con artistas críticos del chavismo. Los dos directivos no alineados con el chavismo son Roberto Picón, expreso político del chavismo y “cerebro electoral” de la extinta Mesa de la Unidad Democrática (MUD); y Enrique Márquez, quien fue vicepresidente del parlamento electo en 2015 y una figura de peso entre los factores socialdemócratas de Venezuela. Márquez será el vicepresidente del CNE.

Jesús Torrealba, exsecretario ejecutivo de la MUD, mencionó como otra buena señal la incorporación de tres activistas de la sociedad civil en cargos de rectores suplentes en el seno del órgano electoral. Se trata de Griselda Colina, antigua consultora del Centro Carter; el dirigente sindical León Arismendi, y Francisco Martínez, quien fue presidente del principal gremio de empresarios de Venezuela, Fedecámaras.

De acuerdo con conocedores de este proceso, el presidente del parlamento controlado por el chavismo, Jorge Rodríguez, quien es figura de confianza de Maduro, ha sido el artífice de esta decisión oficial para nombrar a este nuevo CNE.

El gran derrotado ha sido el hasta ahora número dos del régimen, Diosdado Cabello, quien insistía en una relación 4-1 en la directiva (un solo director opositor), tal como había sido en la última década. 

Esta es la directiva electoral más potable para la causa opositora en largos años. El chavismo la presenta ahora porque sabe que las fuerzas opositoras están fragmentadas y enfrentadas en torno a si se debe asistir o no a unos comicios teniendo a Maduro en la presidencia.

Dependerá ahora de los rectores no chavistas dejar en evidencia si su llegada a tal posición es ciertamente un primer paso. Los próximos pasos, sí esto es así, deberían suceder en las próximas semanas, ya que en pocos meses serían las elecciones.