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El precio de la “ratada” de Quero y Barreto

El país, no solo el fútbol nacional, quedó consternado luego de ver el carrete de imágenes que en la red social Instagram del futbolista a préstamo en Zulia FC Eduin Quero mostraba como otro jugador, David Barreto, maltrataba a un animal. Dos muchachos, dos tipos jóvenes pero mayores de edad, se tomaron a juego un episodio que terminó en graves consecuencias: ambos han sido expulsados del club. Ambos han sido sometidos a juicio popular.

El precio de la “ratada” de Quero y Barreto

La Venezuela moralista, esa que ejerce todo el peso de su ley en el teclado de las redes sociales, condenó de inmediato el hecho y mandó al infierno a ambos jugadores. Exigió a Zulia que los bote, que los meta presos, que los castiguen. Hasta gente con mucha “audiencia” entre esas redes, inmiscuyó a la FVF y la FIFA para que tomara cartas en el asunto. Lógicamente, no saben cómo se manejan los aspectos legales en el fútbol.
Me preocuparon varias cosas enormemente: primero, que muy pocos pidieran ayuda para esos dos chamos que, evidentemente, tienen un problema grave conductual, porque lo que hicieron es condenable, pero ¿no nos inquieta que deban corregir su comportamiento, lógicamente, tras pagar por lo cometido? Quero aparentemente no tiene antecedentes similares pero Barreto ya había agredido a un recoge pelotas y además, fue sacado de Atlético Venezuela por situaciones que comprometían la integridad del director técnico de la institución. Él necesita atención de algún especialista urgente. Hay que ayudarles u ofrecerles ayuda.
Segundo y partiendo de lo anterior, pregunto: ¿no pueden estos muchachos pagar por el delito (sí, es un delito) que cometieron y reintegrarse a la actividad social, incluida la profesional como futbolistas, tal como lo plantea nuestro tan golpeado sistema jurídico? El tiempo lo dirá. Seguramente, y con lógica, ningún club quiera que en sus filas se involucre un personaje que atentó contra una vida, pero… ¡Ah, qué doble moral! Mientras los traicioneros “futbolistas” que han incurrido en el delito de apuestas siguen siendo fichados por distintos clubes como si no pasara nada.
Los muchachos cometieron un error grave y deben asumir las consecuencias, pero con ayuda, pueden como cualquiera que se equivoca, recapacitar. Lo hicieron más público que nadie y eso aumentó el agravante. Lamentablemente, la justicia mide a todos con distintas varas. Recuerdo cuando Arturo Vidal, en plena Copa América, en plena concentración con su selección, se escapó a un casino y, en estado de embriaguez, estrelló su Ferrari afectando a otros dos vehículos cuyos tripulantes resultados heridos. El tema de las vidas de los seres humanos en riesgo por la estupidez del jugador del Bayern Munich pasó a un segundo plano, y no pagó ni siquiera cárcel por lo que hizo.
Fue perdonado por su técnico, Jorge Sampaoli, alguna multica le habrán impuesto y sigue haciendo su trabajo en Chile, en Italia, en Europa. Y la gente ni se acuerda que puso en riesgo vidas y que no pagó por ello. Que no pase lo mismo con este par de futbolistas. Que los hayan expulsado de su club, es un primer paso. ¿Está bien que lo echaran? Sí, porque lo establece el código de ética del club. Es consecuencia de violentarlo.
Tercero, me preocupó que una institución como Zulia, donde su directiva está encabezada por profesionales y humanos de carta cabal, se manche por la “ratada” de dos futbolistas que defienden sus colores y que quisieron hacerse los cómicos. Ambos jugadores, formados en otras instituciones, llegaron en enero al único club que recientemente había promovido la participación de su plantilla en una conferencia comunicacional ofrecida por profesionales en el área. Y es que con Carlos Maldonado, Manuel De Oliveira y Domingo Cirigliano a la cabeza, el Zulia FC prioriza los valores humanos por encima de los deportivos, cosa que me consta porque los conozco, porque estoy cerca de ellos.
Y ahí está la importancia de hacer saber a un grupo cuánta responsabilidad tiene cada uno de lo que hace y deja de hacer. Que todo eso afectará la imagen de la organización para la cual trabajan y ésta no se puede permitir que acciones de tal ligereza sean hechas por algún miembro. De ahí la justa acción de destituir a Barreto y Quero, tal cual lo establece, insisto, su código de ética.
Cuarto: Es grave que las instituciones no se preocupen por cómo se forman sus jugadores ni mucho menos hacen esfuerzos porque crezcan como ciudadanos. Hoy día no se les asesora comunicacionalmente, no se les explica qué está bien y qué está mal en su conducta como figura pública, no se insta a los más pequeños a fundamentar valores de ciudadanía y respeto por los demás cuando hoy hay muchachos que ni siquiera han debutado en el profesional y ya tienen dos brazos enteramente tatuados (como Quero y Barreto, que apenas tienen 20 años). El zarcillo, el corte de pelo, la pintura en la piel, el twitter, el Instagram, el trap, el reggaetón, probablemente no definan el carácter de un futbolista pero habla mucho de cómo privilegia aspectos de su vida, más allá de lo que haga en la cancha. Es en casa, en el liceo, en el camerino, donde él aprende eso.
Nada, absolutamente nada, ni el talento prodigioso con el balón en los pies, justifica que una persona haga lo que le dé la real gana sin asumir las consecuencias de sus acciones, pero no podemos linchar moralmente a un ser humano sin antes apelar a las leyes y al cumplimiento de las mismas. Debemos creer en que estos dos muchachos pueden (y deben) modificar su conducta con la ayuda profesional que requieren. Si eso no va a ser así, entonces volvamos a la época de los cavernícolas y matémonos todos.]]>

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