54,2% de los venezolanos en Brasil envían remesas de hasta Bs 2,75 millones

Una investigación del Consejo Nacional de Inmigración de Brasil reveló que 60% de los venezolanos trabaja en alguna actividad remunerada, pero más de la mitad gana menos de un salario mínimo establecido en 937 reales.

Aunque cualquier persona pudiera imaginar que esa cantidad es poco, 937 reales equivale a Bs 5.135.500, ya que un real son Bs 5.500 bolívares y alcanza para pagar alquiler, comer, vivir y enviar dinero a su familia en Venezuela.

«Este mes me reencontraré con mi esposa y mis hijos. No los veo desde mayo», dijo Omar Agreda quien migró hace cuatro meses a Brasil porque ya no podía garantizar el sustento de su familia.

A la semana de llegar a Manaos, Brasil, comenzó a trabajar en un bar, aunque es técnico en computación. A pesar del cambio asegura que fue acertada la decisión de migrar y está contento. Sin embargo, para él esta es una transición porque el país en el que sueña vivir es Canadá.

Agreda es de Puerto Ordaz, estado Bolívar, tiene 38 años, está casado y tiene dos hijos de 12 y 3 años a quienes desea darles un futuro próspero. «Se me ha dado fácil y me he adaptado rápido», expresó.

Sin mayores dificultades consiguió la documentación para legalizar su situación migratoria en Brasil y el permiso para poder trabajar.

Actualmente se desempeña en el área de servicios generales en un prescolar y gana 1.000 reales que estimados al cambio de 5.500 bolívares, equivale a Bs 5,5 millones para el 29 de septiembre, fecha en la que se escribió esta nota.

Paga 400 reales por el alquiler de una vivienda y gasta 200 reales en comida, con el resto, cubre los otros gastos y envía mensualmente 100 reales a su familia en Venezuela, es decir 550.000 bolívares, monto que representa 1,6 salarios mínimos integrales en Venezuela, establecido en Bs 325.544 a partir del 1 de septiembre.

Así como Agrega, 54,2% de los venezolanos no indígenas que están entrando a Brasil por el estado de Roraima envían entre 100 a 500 reales (550.000 a 2.750.000 bolívares) para familiares en Venezuela para ayudarlos con sus gastos.
El dato se desprende de una investigación publicada por el Ministerio de Trabajo de Brasil (MTB), la semana pasada, sobre el perfil socio demográfico y laboral de la inmigración venezolana.

De acuerdo con el estudio realizado por el Consejo Nacional de Inmigración, con apoyo del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados (ACNUR), la mayoría de los inmigrantes venezolanos no indígenas que están entran por Roraima son jóvenes del sexo masculino y con buen nivel de escolaridad.

Según el MTB, el 72% de los inmigrantes venezolanos son jóvenes entre 20 y 39 años, siendo 63% del sexo masculino y 54% solteros. Prácticamente uno de cada tres (32%), tiene curso superior (universitario) completo, mientras que 78% llega con un nivel medio (bachillerato) completo. Además, la mayoría (60%) trabaja en alguna actividad remunerada, con un 28% formalmente empleados.

Las principales ramas de actividad en las que se desempeñan son comercio (37%), servicio de alimentación (21%) y construcción civil (13%).

Sin embargo, 51% de los venezolanos consultados gana menos del salario mínimo vigente en Brasil de 937 reales, es decir Bs 5.153.500, publicó el portal Web Folhabv.com.br.

El estudio reveló que 44% recibe entre uno y dos salarios mínimos y apenas 5% gana más de dos, aunque gran parte indicó que trabaja más de 40 horas semanales.

Tal es el caso de Rubén Regardis, de Maturín, estado Monagas, que trabaja en el Mercado Municipal de Manaos de lunes a viernes de 6:00 am a 4:00 pm, es decir 50 horas a la semana, «haciendo lo que los brasileros no quieren hacer», dijo y además se rebusca vendiendo fresas en la calle por lo que recibe entre 50 y 70 reales adicionales por día.

Contó que la mano de obra venezolana la pagan a 105 reales el día porque, según su jefe, son muy trabajadores, hacen de todo y no se quejan de nada, mientras que a los brasileros tan solo le pagan 40 reales porque «son flojos», refirió.

Regardis tiene dos meses en Manaos, vive con su esposa y dos hijos. El menor (Leonardo) lo ayuda con la venta de las fresas y la mayor vende desayuno en el mercado. Contó que el currículum no cuenta para los brasileros, ellos lo que consideran es la recomendación, comentó, pero esto resulta cuesta arriba para los extranjeros que no conocen a nadie en la ciudad.

Rubén Regardis y su hijo Leonardo

Rubén Regardis y su hijo Leonardo

En Maturín tenía un negocio de cambio de aceite de vehículos e instalación de equipos de audio, pero con la crisis lo que ganaba no daba para vivir. Ahora está tranquilo y lo que más le gusta es la seguridad que siente en Brasil. Su desafío es lograr dominar el idioma y reducir el consumo de electricidad porque es muy costosa.

Otro dato relevante de la investigación es que la mayoría de los venezolanos legalizó su situación migratoria. El 82% de los consultados pidió refugio. En este caso, un tercio  los inmigrantes tiene el protocolo de refugio, 23% tienen cartera (permiso) de trabajo, 29% tienen seguridad social y solo 4% no tiene ningún documento.

Los hallazgos se obtuvieron de una pesquisa que incluyó dos partes. En la primera, aplicaron 650 entrevistas entre venezolanos no indígenas y, a continuación, se realizó un estudio etnográfico, en las ciudades brasileras de Boa Vista y Pacaraima, con familias y líderes de los warao.

– Educación y comida garantizadas –

Elena Monagas, de 36 años, llegó de vacaciones a una posada en Manaos y se quedó. Ya tiene 10 meses y trabaja por día como ayudante de cocina, limpiando casas o planchando. Dijo que una chef brasilera la entrenó en cómo les gusta que se realicen los oficios, cuáles son los productos que utilizan y cómo se aplican. Gracias a esto y a su dedicación fue recomendada y ahora gana 100 reales (Vs 550.000) diarios.

«Hay que trabajar mucho y ser responsable para ganarse la confianza, porque aquí todo funciona con referencia. Si te recomienda alguien se te abren las puertas», dijo Elena coincidiendo con la afirmación de Regardis.

Monagas vive con su esposo y sus hijos que tienen 13 y 8 años. Asegura que si estuviera en Venezuela ellos no estarían estudiando porque ya no podía pagarles el colegio y la escuela pública cercana no funcionaba, pero en Manaos asisten a un colegio integral que los atiende de 7:00 am a 4:00 pm y a los alumnos les dan el desayuno, almuerzo y merienda.

Paga 500 reales de alquiler y 400 reales en comida que rinde para todo el mes porque en casa -durante la semana- solo come su esposo. Los niños se alimentan en el colegio y ella en su trabajo, lo que le permite ahorrar lo que pagaría en un mercado completo. Los fines de semana si están todos en casa.

Aseguró que con lo que gana puede ayudar a su madre enviándole entre 60 y 80 reales (Bs 330.000 a Bs 440.000) mensuales, lo que no podría hacer estando en Venezuela porque ya no podía cubrir ni sus gastos.

«No es el mejor trabajo pero da para vivir. Mi meta es ahorrar para invertir algún día en un negocio propio en Venezuela, pero por ahora no se puede regresar, la situación está peor «, dijo.

El MTB divulgó que de acuerdo con los datos arrojados por la investigación realizada por el Consejo Nacional de Inmigración y ACNUR, la mayoría de los venezolanos (71%) como en el caso de Agrega y Monagas, vive en apartamento alquilado y 56% comparte la propiedad con otras personas y paga alquiler de hasta 300 reales.

– El título no sirve para nada –

Para otras personas no ha resultado sencillo migrar. Algunos profesionales afirman que su título universitario no les ha servido para nada y que con humildad se han tenido que dedicar al trabajo informal que salga para poder comer.

Tal es el caso de Airan Álvarez y Alvis Gascón, ambos abogados, quienes deberían estudiar al menos un año para revalidar su título y poder ejercer su profesión en Brasil. «Ha sido difícil. He conseguido solo trabajos por día. Vendí agua en la calle, arreglé el depósito de un hotel y cargué sillas en una agencia de festejos», contó Álvarez de 40 años y padre de dos hijos.

Airam Álvarez

Airam Álvarez, abogado de profesión 

A su juicio hay una apertura del gobierno brasilero para ayudar a los venezolanos y los trámites legales se realizan relativamente sin problemas, pero esto no ocurre en el ámbito laboral. «Los venezolanos están trabajando en cualquier cosa para ganarse la vida y muy pocos ejercen sus carreras», enfatizó.

A Gascón sus años de estudio en la facultad de derecho tampoco le han servido para obtener un buen empleo. Ya tiene un año en Manaos y ha cambiado de trabajo tres veces. Comenzó como ayudante de cocina la misma semana que llegó a Brasil y ahora realiza servicios generales en una constructora. Sin embargo, asegura que mejoró su calidad de vida porque tiene acceso a alimentos y medicinas, seguridad y tranquilidad.

Su cuñado también vive con él pues le tendieron una mano para salir de Venezuela. Así cómo hizo está familia, 58% de los venezolanos consultados en el estudio del MTB, dijo haber tenido apoyo de amigos y familiares que ya residen en Brasil.

El estudio reveló además, que 39% de los venezolanos en el estado de Roraima accede a servicios en el área de la salud y que 48,4% no ha utilizado ningún servicio público.

– Sin fecha de regreso –

Según la investigación, el principal motivo de la inmigración fue la crisis económica (77%) y la mayoría de los encuestados (67%) ingresó a Brasil en 2017. Ellos vienen de 24 regiones venezolanas, pero principalmente de los estados Bolívar (26%), Monagas (16%) y Caracas (15%).

Apenas 25% de los encuestados dijo que quería volver a Venezuela. La mayoría (47%), respondió que no desea regresar tan pronto o no sabe 27 %.

Entre los que desean volver, 47% estima un plazo superior a dos años. Sin embargo 61% asegura que solo si hay mejora de las condiciones económicas.

Además, 77% de los venezolanos aceptaría cambiarse a otro estado si tuviera apoyo del gobierno federal para el desplazamiento en Brasil. Para 80% dependería de una oferta de trabajo, para 11,2% se trata de ayuda económica y 5,2% de ayuda con vivienda.