Apenas 18% de los hogares venezolanos consume pescado

Hasta 2013 se comía en Venezuela pescado de mar, atún, pescado de agua dulce, mariscos y por último sardinas, según el Instituto Nacional de Nutrición. Ahora, las familias en pobreza extrema ingieren principalmente sardinas.

Apenas 18% de los hogares venezolanos consume pescado

El tercer sábado de marzo pocos compradores deambulaban de un puesto a otro consultando precios el área destinada a las pescaderías en el Mercado Municipal de Quinta Crespo. Aunque estaban exhibidos en la nevera-vitrina insistían en que se los dijeran a viva voz, como anhelando una oferta de última hora.
“En Semana Santa prepararemos un sancocho de corocoro que está barato, apenas 3.900 bolívares el kilo, para que rinda para todos”, le dijo Carmen Narváez a su hermana, quien le indicó: “Nosotros no comemos pescado desde hace más de un año”.
Así como la familia Narváez, en la mayoría de los hogares venezolanos el pescado no aparece entre los alimentos de mayor consumo. El precio los alejó de la dieta diaria. En lo que va de año los precios han aumentado 30%, dijo Ángelo Álvarez, encargado de una pescadería y agregó que para Semana Santa esperan que suban 20% más, en particular el cazón que cuesta 5.980 bolívares el kilo o la raya de 3.198 bolívares, y que son la base del tradicional pastel de chucho típico de la temporada. No espera que las ventas repunten, mientras asegura que en seis meses han caído 80%.
De acuerdo con el monitoreo sobre la situación nutricional de Venezuela que realiza Caritas, se registra una importante disminución del consumo del principal producto del mar.
“En diciembre de 2016, el 24% de los hogares reportaron consumir pescado, mientras que en febrero de 2017 sólo 18%, lo que representa una disminución de 6 puntos porcentuales en apenas dos meses”, indicó Susana Raffallí, investigadora de la Fundación Bengoa y experta en nutrición, seguridad alimentaria y gestión del riesgo de desastres.
Sin embargo, el descenso ha sido constante y progresivo, según la Encuesta sobre Condiciones de Vida en Venezuela (Encovi), realizada por tres de las principales universidades del país.
– La sardina es la reina –
Datos oficiales dan cuenta de la pérdida de protagonismo que ha experimentado el pescado en la mesa de los venezolanos y evidencian cambios en los hábitos de consumo.
El Instituto Nacional de Nutrición señala que en 2003 el consumo per cápita anual de pescado se ubicaba en 17,2 kilogramos y una década después, en 2013, había descendido a 9,6 kilos. Además, indica que durante ese período se comía principalmente pescado de mar, atún, pescado de agua dulce, mariscos y por último sardinas.
“Hay pescados para pobres y para ricos, pero el que más se vende es la sardina que frita, guisada o a la plancha, alimenta a los más pobres porque el kilo cuesta 1.000 bolívares”, dijo Luis Suárez, encargado de un puesto de pescadería en Quinta Crespo.
Los resultados de la Encovi reflejan lo expresado por el pescadero. El año pasado, las familias en pobreza extrema que representan 30%, fueron las que más comieron pescado, en especial sardinas. Le siguen, con 27% las familias en pobreza no extrema y las no pobres. Mientras que las familias que menos ingieren pescados son las clasificadas como pobres recientes, sólo 25%.
“La sardina fresca ganó aceptación en los hogares más pobres por su bajo precio y fácil acceso”, asegura Raffalli.
Venezuela padece la peor crisis económica de su historia con una inflación estimada para 2016 entre 500% y 700%, que ha erosionado la capacidad de compra de sus ciudadanos.
Migdalia Vivas, madre de dos adolescentes, comentó: “El pescado es bueno pero no llena y está muy caro. Mis muchachos a la hora ya dicen que tienen hambre otra vez”.
Javier Cedeño, carpintero, expresó que compra sardinas frescas porque son más baratas que la carne, el pollo, los huevos y el atún. “Antes las comía porque son buenas para bajar el colesterol, ahora es por hambre”, expresó.
Al revisar la lista de precios se observó que en el mercado de Quinta Crespo los pescados más económicos son la lisa y el roncador a 3.980 bolívares, le siguen tahalí, lamparosa y lebranche entre 4.600 y 4.800 bolívares, dorado, sierra y atún entre 9.000 y 10.950 bolívares. El mero o róbalo quedaron para paladares más exigentes con presupuesto holgado porque cuestan entre 12.800 y 15.000 bolívares el kilo.
Sin embargo, al recorrer el Mercado de Chacao se observó una mayor cantidad de clientes comprando productos del mar de categoría superior. Eladio Mayoral, adquirió un kilo de filet de mero por el que pago 48.000 bolívares. A su lado, una señora mayor pidió un róbalo y el kilo le costó 29.800 bolívares.
Había poca variedad de pescados. Los más accesibles eran el cataco a 3.500 bolívares el kilo, la aguja a 7.990, el bagre a 7.900 y la bonita a 8.800. Pero el filet de merluza se conseguía en 14.000 bolívares, el de curvina en 15.990, y el de dorado en Bs 22.000.
El encargado del puesto indicó que vendían menos cantidad de pescado, pero facturaban más porque salen las variedades más costosas. No obstante, señaló que le están despachando menores cantidades y variedad.
Estos precios explican otra cifra revelada por la Encovi 2016: únicamente las familias en pobreza extrema incluyen pescado entre los 10 primeros alimentos que adquieren. Señala el estudio que las familias en pobreza no extrema, reciente o los no pobres, no consideran esta proteína como prioritaria en su compra.
– Menos proteínas –
Raffallí, especialista en nutrición, indicó que las implicaciones de la disminución del consumo de pescado en la población son un deterioro en la ingesta de proteína de alto valor biológico. “El 75% de la energía alimentaria que se está consumiendo está proviniendo de almidones y grasas, hay una caída importantísima hasta de 30% en el consumo de proteínas de origen animal que, a su vez, son la fuente de hierro y otros nutrientes fundamentales”.
Además, la población se está privando de una forma de proteína que hasta ahora había sido accesible por la amplia costa con la que cuenta Venezuela.
Señaló que la liberación del control de cambio y del manejo de divisas abarataría el precio del pescado. “Actualmente al pescador le resulta más rentable vender el pescado en alta mar en dólares y cambiar el ingreso en el mercado negro de divisas, que venderlo al consumidor nacional”, aseguró.
El origen de todo es el mismo -dijo- políticas regresivas y nocivas sobre el sistema alimentario nacional.
Marianella Herrera, investigadora del Centro de Estudios del Desarrollo de la Universidad Central de Venezuela, señaló en las conclusiones de la Encovi 2016 referidas a la alimentación, que “el año pasado se desplomó la compra de alimentos; se produjo un cambio brusco en el patrón de alimentación debido a que las hortalizas y tubérculos sustituyeron el consumo de las proteínas de alto valor biológico”. Además, se acentuó la desigualdad en la calidad y cantidad de la alimentación, vinculado a la falta de acceso y disponibilidad de estos, lo que comprometió la seguridad alimentaría de los venezolanos.
“A 93,3% de los hogares el ingreso no les alcanza para comprar los alimentos y esto acentúa la inseguridad alimentaria”, precisó.
 
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