¿Cómo sobreviven los extrabajadores de General Motors Venezolana?

Aunque la planta no producía desde 2015, los trabajadores no perdían la esperanza de que en algún momento de 2017 se dieran las condiciones para reactivar el ensamblaje de vehículos. Un embargo acabó con cualquier pretensión y hoy más de 2.600 extrabajadores buscan la manera de sobrevivir en medio de la peor crisis económica en la era republicana de Venezuela, acompañada de una fuerte escasez de bienes básicos y una escalada inflacionaria nunca antes vista.

Representantes sindicales aseguran que General Motors Venezolana aún tiene pasivos pendientes y mientras esperan un reenganche -se ampararon en la Inspectoría Pipo Arteaga de Valencia- los extrabajadores buscan ingresos en la economía informal que les permita mantener a sus familias.
A las instalaciones del Club Social, a un lado de la planta de la ensambladora ubicada en Valencia, se acerca un grupo de extrabajadores cada mañana. Realizan asambleas, intercambian vivencias, se dan apoyo entre sí.
Ex trabajadores de General Motors Venezolana
“Unos manejan taxis, otros cuidan niños para buscar el salario porque no estamos cobrando nada, incluso la empresa debe la caja de ahorros, quedó debiendo unos pasivos laborales”, detalló Fidel Ampueda, secretario de Reclamos y Contratación del Sindicato Vencedores Socialistas, Sinvensoc.
Otros se turnan para lavar carros en el estacionamiento, otros venden café o cigarrillos que adquieren trabajadores de las plantas cercanas y del aeropuerto “Arturo Michelena” que está cerca.
Eliana Leal, trabajadora del área de Calidad y con 12 años de servicio, explicó que la situación económica, luego de la pérdida del empleo, le cambió mucho la vida. Sus dos hijos ya no los puede sostener, por lo que debió enviarlos con sus padres.
Eliana Leal
“Yo soy también el sustento de mi mamá y tengo que estar en la calle a ver qué consigo para llevarle”, relató.
Tiene la esperanza que el Banco Bicentenario le ayude con créditos productivos para que cada trabajador se ocupe de hacer alguna labor y sobreviva a la crisis. “En mi caso, General Motors Venezolana me dio Bs 1.068.000 como liquidación. Qué puedo hacer yo con eso, en qué puedo invertirlos”, preguntó Leal.
Tras el anuncio del cese de operaciones de la planta en Venezuela en abril, la empresa depositó en las cuentas de nóminas de sus poco más de 2.600 trabajadores la liquidación sin que mediara acuerdo.
Eladio Linares, trabajaba como almacenista en Post Venta de GMV. Laboró como tercerizado por varios años hasta que fue absorbido por la empresa. Ahora lava carros en el Club de la compañía para conseguir el sustento. Los precios van desde 2.500 a 4.000 bolívares por cada vehículo. “Vienen nuestros compañeros de otras ensambladoras, del aeropuerto, de las empresas cercanas y así nos ayudan”.
Eladio Linares, ex trabajador de GMV
Por su parte, Simón Jiménez, trabajador del área de Pintura de GMV, ahora se ocupa los fines de semana de ejercer como árbitro de béisbol menor. “He retomado mi actividad profesional como árbitro aficionado. Hago vida en la Asociación Civil de Árbitros del estado Carabobo. Laboro sábado y domingo y de allí sale parte del sustento para mi esposa, mi hija y yo. Mi hija estudia Psicología en la Universidad Arturo Michelena”.
Jiménez mencionó que en este mes y medio de penurias, tres de sus ex compañeros de la planta cayeron en depresión e intentaron quitarse la vida. “Son trabajadores con 25 o 30 años dentro de la empresa”.
General Motors notificó su salida del país luego que el Juzgado Tercero de Primera Instancia en lo Civil, Mercantil y del Tránsito, de la Circunscripción del estado Zulia, ordenara el embargo de activos por 476 mil millones de bolívares, por una demanda introducida en el año 2000 por un concesionario del estado occidental.
En virtud de la crisis económica que vive el país y la falta de insumos, la empresa no ensamblaba vehículos desde 2015.]]>