Crisis de liquidez de divisas, oro monetario y bolsa de oro

Para nadie es secreto que asistimos a una crisis de liquidez de divisas, la cual ha derivado de dos causas inmediatas: 1) la abrupta bajada de los precios del petróleo, principal producto de exportación y de fuente de divisas del país y 2) el incremento desmesurado del riesgo país, que ha convertido en prohibitivo  acudir al financiamiento externo.

Crisis de liquidez de divisas, oro monetario y bolsa de oro

Existen otras razones que han complicado la situación de iliquidez, entre ellas:

–      El mantenimiento de un subsidio al tipo de cambio y, por ende, a las importaciones, que afectó considerablemente la capacidad competitiva de la industria nacional, haciendo depender al sector comercio de las importaciones para el mantenimiento de sus inventarios, lo que a su vez conllevó a la necesidad de destinar más divisas del Estado para mantener las importaciones públicas y privadas;

–      El mantenimiento, por un largo período de tiempo, de un régimen de cambio que obligaba a los exportadores a vender la mayor parte de sus divisas al BCV, al tipo de cambio oficial, lo que contribuyó a la desaparición de las exportaciones no petroleras; y

–      La disminución de las ventas de exportación por parte de otras industrias estatales no petroleras (hierro, aluminio, cemento, por ejemplo).

Pero nótese que hablamos de una crisis de liquidez, y en este punto conviene recordar algunos conceptos jurídicos propios del Derecho Mercantil, principalmente en lo que atañe a la diferencia entre iliquidez y la insolvencia.

En efecto, se dice que existe una situación de insolvencia, cuando los activos de un deudor son inferiores a sus pasivos, de modo que ni siquiera realizando los activos el deudor obtendrá dinero suficiente para satisfacer las deudas contraídas  (concepto que tradicionalmente encuadra con el de quiebra); mientras que una situación es de iliquidez cuando el deudor, si bien  en un  momento determinado no cuenta con dinero líquido en efectivo para afrontar sus obligaciones de corto plazo, posee sin embargo  activos disponibles suficientes, cuya realización ordenada le permitiría hacer frente a sus obligaciones.

La diferencia entre uno y otro caso es importante: el deudor insolvente no puede pagar su deuda; el deudor en situación de iliquidez puede pagar sus deudas siempre y cuando obtenga liquidez, para lo cual cuenta  con  el respaldo de sus activos disponibles. Obviamente, en este caso, esa liquidez puede provenir de la enajenación definitiva de esos activos (venta) o de la consecución de préstamos en los cuales los activos se utilizan como garantías.

Sin duda la crisis que hoy aqueja a las finanzas del país es de iliquidez y no de solvencia, pues el Estado posee activos disponibles que permiten atender sus obligaciones y que podrían servir para obtener liquidez, bien por la vía de su enajenación o utilizándolos como garantía.

Cualquier persona, incluso sin conocimiento en temas financieros, que mire el balance de la República, entenderá que el activo de más fácil realización con el cual se cuenta es el oro monetario, es decir, las existencias de oro depositado en las  propias bóvedas del Banco Central de Venezuela o en instituciones financieras del exterior. 

Teniendo en cuenta lo anterior, nada cuestionable resulta que el oro monetario se use con el propósito de obtener la liquidez necesaria para afrontar los pagos de la deuda pública, tal como recientemente ha acontecido, según reseñas de prensa. Todo lo contrario, siendo el oro monetario parte de las reservas, usarlo con el propósito de servir la deuda externa es, conforme a la Ley del Banco Central de Venezuela, una de sus finalidades. O es que ¿acaso  resulta lógico que el país entre en una situación de incumplimiento o default en el pago de sus obligaciones, teniendo reservas de oro suficientes para evitarlo?

Acumular oro no es un fin en sí mismo, sino un medio para garantizar la capacidad de pago de las obligaciones del estado venezolano. Dejar de pagar la deuda, teniendo recursos para honrar los compromisos, no haría más que agravar la situación del país, pues los activos  y cuentas de la República y de PDVSA en el exterior, quedarían expuestos al ataque inmediato de los tenedores de deuda y las acreencias derivadas de exportaciones petroleras sujetas a acciones legales ante tribunales extranjeros. Basta verse en el espejo del default argentino; o en la situación de incertidumbre que hoy existe en Grecia.

Siendo Venezuela un país productor de oro, poseedor de una de las reservas de oro más importantes del planeta, la venta de este mineral para incrementar la disponibilidad de las divisas de la reserva no debería ser algo esporádico, que sorprenda a la población, sino más bien un asunto absolutamente rutinario.

Hace ya tiempo debería existir en el país una bolsa de oro, que permita negociar transparentemente, en cualquier moneda, no solo el oro físico que se produce en el país (sea monetario o no monetario), sino también los futuros de oro,  y otras operaciones con subyacente de oro, tales como los forward y opciones.  Ello, a la par de permitir un manejo más flexible de la liquidez en divisas, contribuiría también a formar un patrón de precios reales sobre el valor del dólar frente al bolívar, pues los usuarios de ese mercado (empresas o particulares) accederían a  arbitrar el precio de una onza de oro en bolívares vs el precio de la misma onza en dólares u otra divisa, permitiendo así acabar con la opacidad que hoy existe sobre este tema.

Al mismo tiempo, la existencia de un mercado continuo sobre el mercado del oro (bolsa de oro), otorgaría al BCV, como ente competente en todo lo relativo al mercado del oro, facultades para tomar posiciones defensivas ante escenarios bajistas del precio del mineral, como los que hemos vivido desde septiembre de 2011 hasta la fecha, período en el cual el precio del oro se ha desplomado en  -40% (desde $1.882 la onza, hasta $1.162 la onza) incidiendo en la misma proporción en el valor real de  las reservas monetarias de oro.