<iframe src="//www.googletagmanager.com/ns.html?id=GTM-K8BB9HX&l=dataLayer" height="0" width="0" style="display:none;visibility:hidden"></iframe>

¿Desapareció el desabastecimiento en Venezuela?

Quizás no se hable de desabastecimiento últimamente, sino de algo peor: la prescindibilidad forzada por la pérdida real del poder de compra de los salarios / Por Enrique González

¿Desapareció el desabastecimiento en Venezuela?

La proliferación de productos importados cuya venta resulta única y estrictamente en dólares, con precios en la moneda extranjera que superan varias veces los precios en sus países, se pretende exponer como señales de recuperación. La lógica de quienes aseguran lo anterior pasa por argüir que el mercado y una especie de “autorregulación” o estado de la naturaleza termina superando las alcabalas que el Gobierno impone a la economía producto de sus erradas políticas económicas y regulatorias o producto de su inacción para corregir distorsiones y males públicos como la destrucción del signo monetario doméstico producto de la hiperinflación.

En este orden de ideas, hay quienes aseguran que el desabastecimiento ha desaparecido producto de la provisión de productos de origen importado a través de la proliferación de bodegones a lo largo de algunas ciudades venezolanas.

Los más osados asoman que todo lo anterior constituye señales de recuperación económica y de “autorregulación” producto de la imposición del mercado sobre el Socialismo del Siglo XXI.

Formalmente, el desabastecimiento correspondería a la brecha -positiva- entre la demanda y la oferta, siendo esta última incapaz de satisfacer a la primera a un precio determinado.

Destrucción del bienestar social

Lo anterior supone que existe una demanda insatisfecha que contaría con disponibilidad y capacidad de pago y que sin embargo, dado que un precio por debajo del de mercado -por ejemplo, producto de un control de precios- desincentiva la oferta contrayéndola y generándose la brecha mencionada.

Vale destacar que dicho eventual control de precios posee efectos alcista en los precios producto de un proceso de arbitraje para vaciar el mercado creando estadios de arbitraje que destruyen potencial excedente del consumidor al buscar descremar aquellos consumidores con alta disponibilidad de pago).

El escenario anterior solía presentarse -y posiblemente continúe ocurriendo- donde se aplicaban controles de precios con cierta capacidad de enforcement por parte del Gobierno, al menos sobre oferentes y comercializadores primarios (no sobre revendedores). Resulta claro que esta situación destruye bienestar social porque el control de precios genera una contracción de la oferta que deja sin acceso al bien a consumidores inframarginales al precio de mercado, el cual termina vacío.

En este sentido, por definición el desabastecimiento no existiría en un mercado donde el precio es el de mercado producto del corte entre la oferta y la demanda –y en ausencia de poder de mercado- por lo que tampoco existiría ineficiencia asignativa.

Deterioro galopante

Técnicamente hablando, efectivamente en ciertos nichos y mercados no regulados no existiría desabastecimiento ni ineficiencia asignativa en ausencia de poder de mercado. Sin embargo, Aun cuando no escuchemos sobre desabastecimiento y veamos nichos de comercios, por ejemplo, bodegones, dotados de numerosos productos, esto no significa que no se viva un enorme drama socio-económico.

Por el contrario, el hecho que ante un escenario de hiperinflación y de altos precios, enormes grupos de demandantes prescindan de bienes y servicios, y estos últimos consistan en bienes y servicios básicos, de primera necesidad y de consumo masivo, refleja enorme drama en Venezuela.

Siendo que la oferta se encuentra constituida por la curva de costo marginal e impactos inflacionarios sobre los costos la desplazan hacia la izquierda y arriba –ceteris paribus- se determinará en el mercado mayores precios y menores cantidades transadas.

Si bien estrictamente pudiera dejar de hablarse de desabastecimiento, un drama peor que sería la pobre disponibilidad y capacidad de pago por parte de los consumidores deteriora el acceso y la calidad de vida de los venezolanos.

¡Cuál es el porcentaje de la población en esta situación?

En ocasiones, preocuparnos únicamente por el concepto de desabastecimiento y su evolución, o discutir si los bodegones son un fenómeno de “recuperación” económica, no nos deja ver un drama mucho mayor y generalizado, como lo constituye el empobrecimiento generalizado en el país.

Quizás no estemos escuchando de desabastecimiento últimamente, pero sí de algo peor como es la prescindibilidad forzada por la pérdida real del poder de compra de sueldos y salarios que complican el acceso a los venezolanos a bienes y servicios para mantener un mínimo nivel de calidad de vida.