Falta de gasoil cae como otro rayo sobre empobrecidos venezolanos | Análisis

La crisis de Venezuela se agudiza con la escasez estructural de gasoil y pone a prueba la estrategia opositora y de Estados Unidos contra el chavismo. Amenaza con paralizar el transporte de carga, de pasajeros, las labores en el campo y la generación eléctrica en varias localidades. La quiebra de Pdvsa y las sanciones de EE.UU explican el colapso.

Falta de gasoil cae como otro rayo sobre empobrecidos venezolanos | Análisis

Las colas de enormes camiones y autobuses a la espera del gasoil ya son parte del paisaje cotidiano en Venezuela. Se suman hoy a las de miles de automóviles familiares en las gasolineras, para ratificar que la escasez crónica de combustible está lejos de una solución.

Son la estampa más actual del desastre de esta postrada economía post petrolera, una de las de peor desempeño en todo el mundo, tras años de gobierno socialista con uniforme chavista.

La culpa directa de la falta de combustibles, como gasolina y gasoil, no la tienen las sanciones impuestas por Estados Unidos contra el chavismo. Es culpa de la quiebra de Pdvsa, tras años de corrupción y malas gestiones, coinciden algunas de las fuentes consultadas por El Estímulo.

Son un daño colateral.

Pero al venezolano común, parte de esa mayoría silenciosa que está huérfana, poco importa quienes son los culpables. Lo importante es saber si esto acabará en algún momento mientras estemos vivos.

Razones humanitarias

Como no hay tiempo resucitar a la empresa que era el corazón de la economía venezolana, varias voces se levantan para pedirle al gobierno de Joe Biden que vuelva a permitir el intercambio del diésel por petróleo crudo. Es una forma expresa, dicen, de ayudar a esta Venezuela de la hiperinflación y la pobreza generalizada.

El gasoil, o diésel, es el combustible más usado para transporte de carga y de pasajeros. También para la generación en plantas termo eléctricas. Ahora también escasea, en un cuadro que se suma a la falta de gasolina y eleva la gravedad de la crisis perpetua que sufren millones de venezolanos.

La economía de Venezuela padece efectos similares a los que hubiera dejado una guerra, o un enorme desastre natural. Y las pruebas no son solo las persistentes colas de vehículos en los alrededores de las gasolineras.

Toda la infraestructura y los servicios llegaron hace tiempo al punto de quiebra casi total: los apagones son diarios, el agua es racionada en barriadas pobres y en urbanizaciones; poblaciones enteras sustituyen el gas de cocina por leña. Las oscuras carreteras están llenas de cráteres y de bandidos que asaltan a los transeúntes; el robo de ganado y saqueos a fincas son comunes; los servicios de internet y telefonía móvil cada vez tienen menos cobertura tras años de desinversión, robos de equipos y férreo control estatal sobre las tarifas.

Regalado es obscenamente caro

En los colapsados hospitales es más fácil morir por falta de atención médica que por una enfermedad en sí misma; y los cuerpos policiales y militares exhiben un alto índice de letalidad, no contra invasores externos, sino contra los propios civiles venezolanos.

Y, Petróleos de Venezuela, la que fuera la cuarta petrolera más poderosa del mundo, de acuerdo a sus índices de producción, refino y distribución, hoy está quebrada. Esta verdad incómoda la denuncian hasta voces conocedoras y bien informadas desde dentro del propio chavismo.

De modo que la escasez de diésel, o gasoil, no es más que un nuevo capítulo de esta saga que lleva al menos dos décadas gestándose.

Más allá del discurso político esta realidad se puede constatar en los indicadores macroeconómicos y sociales que han llevado a esta ex potencia petrolea a convertirse en un caso de ayuda humanitaria internacional, con más de 5,4 millones de ciudadanos desplazados hacia otros destinos en el mundo, según Acnur.

Un asunto serio, muy serio

En estos días de marzo, los vehículos pesados esperan durante horas, días y semanas por su cuota de racionamiento de diésel, o gasoil. Este combustible es regalado por el Estado, cobrado en buenos dólares por militares y policías, y le sale bien caro a todo el país.

“El problema del gasoil es bastante grave, sobre todo en el área de Carabobo porque casi el 90% de las cargas que llegan al país lo hacen por el puerto de Puerto Cabello”, dice para El Estímulo el empresario Jesús Rodríguez, presidente de la Cámara de Comercio de Puerto Cabello.

“Toda la carga que distribuye insumos y víveres que van al mercado y al comercio nacional, se podrían parar. Igualmente, las maquinarias, las grandes grúas o montacargas que requieren, en su gran mayoría, de gasoil”, agrega.

Mientras las luces de alarma se prenden por todo el país ante los efectos de esta parálisis del transporte, en el territorio de los especialistas y los círculos políticos la discusión se centra hoy en echarle la culpa a las sanciones impuestas por Estados Unidos a los jerarcas del chavismo y a Pdvsa.

Esas sanciones financieras internacionales son un esfuerzo hasta ahora inútil por forzar la salida o al menos debilitar al régimen chavista que encabeza Maduro.

Quién paga la cuenta

El mayor costo lo está pagando el venezolano común, mientras el régimen se atrinchera encima de sus armas, aumenta la represión, y prosperan castas de nuevos millonarios a la sombra del poder, denuncian críticos chavistas y antichavistas.

De modo que esta crisis del gasoil y la gasolina pone a prueba la paciencia de la gente, la fuerza del régimen y a la maltrecha oposición política que encabeza Juan Guaidó.

Y también pone a prueba la continuidad de sanciones y otras medidas comenzadas en la era Obama, radicalizadas por Trump y hasta ahora mantenidas por la flamante administración de Joe Biden.

Así no me ayude compadre

“Las sanciones económicas están dirigidas al régimen de Maduro, pero también han afectado a la la economía del país, que depende fuertemente de exportaciones de petróleo, y a su población. Las encuestas indican que una gran mayoría de los venezolanos se opone a las a las sanciones económicas”, señalan en un reciente escrito los expertos del Baker Institute Francisco Monaldi y José La Rosa Reyes. 

El Congreso de Estados Unidos ha proporcionado apoyo bipartidista a las acciones contra el régimen de Maduro.

Decisiones estratégicas

Para el gobierno de Maduro, sin ingresos fiscales reales ni crédito internacional,  la crisis supone tener que evaluar si se decide a cobrar los cerca de 40.000 barriles por día que regalaba a diario en gasoil, a un costo fiscal estimado en al menos 3,2 millones de dólares.

En Colombia ese mismo combustible vale $0,60 el litro, y en Brasil $0,74. Las vastas fronteras terrestres de ambos países son un colador por donde desde hace años se trafica combustible desde el mercado venezolano.

En la vecina isla de Trinidad, el litro vale $0,50 y en Guyana, cuyas fronteras fluviales  y terrestres son un problema aparte, el litro de gasoil vale $0,78.

Esas enormes brechas de precios son un enorme incentivo que estimula los negocios del mercado negro, especialmente entre quienes están encargados de resguardar las fronteras.

El problema es que el diésel o gasoil no se los regala el gobierno precisamente a los conductores, sino a los propios militares  y policías del régimen.

Estos funcionarios, custodios de las gasolineras, cultivan una red poderosa en el mercado negro, a todos los niveles, para revender los combustibles a precios que llegan hasta dos y tres dólares por litro en algunos lugares, según denuncias verificadas de consumidores, transportistas y algunos chavistas disidentes.

Una carga pesada

“El 90% del transporte de carga se encuentra paralizado por falta de diésel (gasoil), combustible fundamental para movilizar nuestras unidades de carga y así lograr la distribución de productos esenciales en la vida de la población venezolana”, alertó en una carta pública la Cámara de Transporte del Centro, Catacentro.

“Hasta finales del año 2020, el abastecimiento de diésel en Venezuela había sido fluido y permitía cubrir la demanda interna. Ahora, el gobierno nacional comenzó la aplicación de una “Política de Asignación” por el déficit de la
producción nacional de este combustible y las escasas reservas existentes en el país”, explica.

“Es aquí cuando aparece un “mercado negro”, con aumento sustancial de precios, discrecionalidad en la asignación de producto y corrupción. Amenaza la estabilidad de las empresas de transporte de carga y su capacidad de seguir
operando en condiciones normales”, dicen los transportistas.

Ya no es solo la gasolina

Por estas horas, el video de un teniente obligando a un soldado a robar gasolina a un vehículo de la Guardia Nacional para revenderlo se hizo viral. No porque sea una novedad la reventa, sino porque el soldado arriesgó su vida (literalmente) al negarse a cumplir la orden y además dejar constancia.

El problema de la falta de gasoil ” tiende a agudizarse en la medida en que el país comienza a abrirse nuevamente y su impacto en la población puede ser devastador. La ausencia de garantías de suministro para el sector de transporte es una amenaza concreta para la vida de la población venezolana y se hace indispensable resolver inmediatamente”, rematan los transportistas.

Piden “buscar soluciones a este problema crítico, que amenaza la calidad de vida de la población y podría convertirse en un caos de grandes dimensiones”.

No es tan fácil no

Ese es el detalle: una solución estructural a la escasez de combustibles en Venezuela pasa por un necesario cambio en la política del chavismo. Eso a falta de un cambio político en el país, algo todavía más lejano.

Mientras tanto, los consumidores, agricultores, transportistas, comerciantes y la industria y hasta organizaciones no gubernamentales y trabajadores humanitarios insisten en que el problema se va de las manos a quienes podrían hacer algo.

“En Puerto Cabello vemos un río de gente caminando para irse a sus trabajos, eso es inaudito. La verdad es que sabemos que parte del problema ha sido las sanciones del cambio de petróleo por gasoil, pero no podemos esperar más. Tiene que haber una solución”, declaró Alfredo Musiol, presidente de Catracentro.

“No hay suficiente gasoil para la demanda requerida en el país para el transporte de carga pesada. Sabemos que no hay producción suficiente y que hay sanciones que bloquean el ingreso de parte de ese gasoil”, explicó.

Hasta 6 días por 200 litros

La gasolina subsidiada se raciona en filas de días, al precio de un dólar por tanque de unos 60 litros. La otra parte de este combustible es vendida al precio internacional de 0,50 dólares por litro.

Pero en realidad, tanto la gasolina subsidiada como el gasoil son revendidos en un mercado negro controlado por sujetos uniformados o civiles vinculados a las fuerzas de seguridad. Alcanzan a entre dos y tres dólares el litro, según el sitio del país y la necesidad del cliente.

“Hasta los momentos el diésel es gratuito, pero solo que no se consigue. Está muy difícil. En Puerto Cabello los vehículos de carga duran hasta 5 o 6 días en una estación de servicio para que le suministren 200 litros de gasoil”, señaló Raquel Da Silva, otra representante del gremio del transporte de carga pesada.

En esa distorsionada estructura de precios y en la feroz corrupción que trae consigo se explica buena parte de la escasez de combustibles que ha caído como una lápida encima de la postrada economía venezolana.

El país que en un tiempo lejano fue “el sueño americano del sur”, por sus oportunidades; su industria petrolera entre las más poderosas del mundo; sus equilibrios económicos y por su enorme acervo de recursos naturales y humanos bien capacitados, es hoy un caso de ayuda humanitaria internacional.

Venezuela se disputa los primeros lugares en el ranking de la pobreza con otros países americanos y del Caribe, como Haití.

El gasoil más caro de la historia

En octubre pasado, el gobierno de Donald Trump puso en vigencia la prohibición a empresas internacionales de negociar gasoil o diésel con el chavismo a cambio de petróleo.

Expertos petroleros y varias organizaciones no gubernamentales (ONG) advirtieron entonces que la medida tendría un efecto devastador sobre millones de venezolanos inocentes y favorecería al régimen de Nicolás Maduro.

Otros expertos, como Francisco Monaldi, señalan que es posible permitir el intercambio (swaps) de petróleo crudo de Pdvsa por el diésel y a la vez mantener las sanciones.

Cuando Trump perdió, para cierto grupo de activistas y ONG surgió la esperanza de que Joe Biden revirtiera esa política. O  que al menos atenuara las sanciones contra los personeros de un régimen ya fortalecido y al que no le interesa negociar su dominio sobre el resto de los venezolanos.

Carta a Trump

En la carta dirigida a los hoy ex funcionarios Steven T. Mnuchin (Tesoro) y Mike Pompeo (de Estado), un conjunto de ciudadanos y organizaciones sociales de Venezuela y los EE.UU señalaban que a partir de octubre de 2020 se iban a eliminar algunas exenciones a las sanciones que permitían la importación de combustibles a Venezuela.

“Esta decisión tendría consecuencias devastadoras para la población. En Venezuela, el diésel es el principal combustible para la generación de electricidad y para el transporte de carga de bienes básicos, que incluyen alimentos, medicinas y suministros humanitarios. Cortar el acceso al diésel en el país podría empeorar las ya muy precarias condiciones de vida de millones de venezolanos que dependen de esta cadena de suministro”, expusieron.

Los activistas señalaban que el gasoil se usa en las plantas eléctricas de respaldo usadas en casi todas las clínicas privadas y en algunos hospitales públicos del país. “Con menos diésel, estos centros de salud podrían ver paralizadas sus actividades, en medio de una crisis sanitaria por la pandemia de la covid-19”.

Lobby por acuerdos

El activista social opositor Rafael Curvelo, uno de los individuos que firmaron la carta, pide hoy buscar algún tipo de acuerdo. “Porque las sanciones contra el comercio de diésel o gasoil, afectan directamente a la población, ya que dificulta la distribución de alimentos del campo a las grandes ciudades” y ocasiona pérdidas.

El gobierno, en su ineficiencia, ha sido incapaz de reconocer su falla por la falta de inversión y mantenimiento a la industria petrolera.

“Sabemos que la administración de Joe Biden esta dispuesta a relajar ese tipo de sanciones, pero el gobierno tiene que mostrar algún tipo de rectificación política y social”, agrega Curvelo.

Transporte y energía

Para 2018, el consumo del diésel se concentraba en el transporte de carga (85%) y de pasajeros (15%). Más del 70% de la población depende del transporte público para adquirir alimentos y medicinas. De no haber diésel, los traslados de las personas de menores recursos serán los más afectados.

Los vehículos de carga pesada dependen del diésel para el traslado de insumos desde los puertos y aeropuertos a las ciudades. Igualmente el transporte de animales vivos, cerdos, aves y ganado, hacia los mataderos industriales. “Podría producirse una paralización del transporte de carga afectando el traslado de insumos indispensables para la supervivencia de millones de familias venezolanas”, insisten en el documento.

“Las plantas de fuel oil dejaron de generar hace bastante tiempo, por lo cual la generación de energía por fuentes térmicas en Venezuela, en la actualidad, dependen del diésel exclusivamente”, alertaban.

Y el lobo llegó otra vez

Ese es el escenario extremo que ya parece haber entrado a la vida de millones de personas.

En la carta, en la que lanzaban un tiro al chavismo y otra a Trump, los activistas se aseguraban de insistir en que la caída de la producción de petróleo, así como la escasez de combustible, alimentos y medicinas en Venezuela, fueron generadas por años de corrupción y mala gestión del régimen de Maduro.

“Una solución a la crisis parece aún lejana, mientras las sanciones azotan al pueblo de Venezuela las elites políticas y militares del régimen no parecen verse afectadas por estas amplias sanciones económicas. Por el contrario, Maduro y quienes lo rodean parecerían estar más afianzados en el poder”, agregan.

Marino Alvarado, uno de los activistas de derechos humanos perseguidos por el chavismo, ha sido más enfático:

El ganador se lo lleva todo

En efecto, el gran beneficiario de la escasez de gasoil o diésel es el propio sistema chavista: puede usar las sanciones de EEUU a la nomenklatura del régimen y a Pdvsa como excusa para explicar la crisis. También distrae la opinión pública sobre las verdaderas razones del problema, infla la vena nacionalista y encima genera enormes negocios para los allegados al poder.

Pero curiosamente, vino de la propia sangre del chavismo una explicación más completa acerca de las causas verdaderas de la escasez general de combustibles que sufren los venezolanos.

Rafael Ramírez, el antes poderoso zar petrolero del chavismo, hoy en el exilio y perseguido por sus propios camaradas, explicó en un reciente escrito las razones de fondo de lo que ocurre.

“Las sanciones económicas contra PDVSA iniciaron el 25 de enero del 2019, pero a esta fecha ya la producción de PDVSA se ubicaba en 1,2 millones de barriles día –una caída de 1,7 millones de barriles día respecto a la producción de 2013–, mientras que el sistema refinador procesaba solo 293 mil barriles al día, una caída de 622 mbd, respecto a la producción del 2014″, dice en un análisis difundido en sus propias plataformas.

Entre 2015-2018 el gobierno arremetió contra PDVSA, destruyendo sus capacidades operacionales y persiguiendo y encarcelando a sus trabajadores; se publicaron un conjunto de decretos violatorios a la Constitución y Leyes, privatizando las operaciones petroleras reservadas al Estado y entregando el petróleo de la Faja (petrolífera del Orinoco) y el gas del país.

“La producción de petróleo cayó desde 3,015 millones de barriles día en diciembre de 2013 a 487 mil barriles día en febrero de este año (2021), no hay gasolina, no hay gas, no hay ingreso petrolero”, agrega.

rafael ramirez

Rafael Ramírez, en sus tiempos de gloria como poderoso zar de la industria petrolera venezolana y brazo financiero de la revolución chavista a través de Pdvsa.

“Las sanciones norteamericanas son ilegales y deplorables, las rechazamos de manera firme. Sin embargo, estas no son las razones de la debacle de PDVSA ni del país”, dice Ramírez.

Gerentes presos militares con más poder

“Para el momento de las sanciones, ya el gobierno había militarizado PDVSA, había puesto en prisión a más de 100 gerentes y trabajadores de la industria y había provocado el éxodo de más de 30 mil trabajadores calificados de PDVSA, quienes prefirieron abandonar la empresa y el país por el terrible clima de represión y persecución interna, además del deterioro de la situación salarial”, remata.

A su vez, el régimen que encabeza Maduro acusa a Ramírez de corrupción, y “asociación para delinquir” y reclama a Italia que lo extradite a Venezuela. 

“De manera permanente el gobierno de Maduro ha tratado de escudarse detrás de las sanciones impuestas por los Estados Unidos para justificar la pérdida de las capacidades operacionales de PDVSA, el deterioro de toda la infraestructura de la industria petrolera y los males de todo el país”, dice Ramírez.

“Extrañas sanciones y “bloqueo” en un país donde existen “Bodegones”, vehículos importados de alta gama blindados, Ferraris, Lamborghini y todo tipo de lujos y chucherías para una nueva élite que derrocha todo tipo de lujos en un país empobrecido”, agrega.

Sus argumentos por cierto coinciden con expertos ubicados bien lejos en la acera de enfrente, y hasta con liberales centros de pensamiento de Washington.

Sanciones pasadas

Ramírez recuerda que en 2011 el Departamento de Estado de los Estados Unidos también aplicó sanciones financieras y operativas a Pdvsa por las relaciones comerciales de Venezuela con Irán.

La estrategia entonces  fue fortalecer las capacidades propias, diversificar fuentes de suministros y tecnologías, como importar taladros chinos, equipos propios de producción de petróleo, insumos para las refinerías y fortalecer la flota de transporte. También las relaciones financieras con China, sostiene.

“Como resultado, nuestras capacidades operacionales se mantuvieron intactas, en el año 2011 nuestra producción petrolera promedió 2 millones 991 mil barriles diarios y, en 2012, se ubicó en 2 millones 804 mil barriles día, y 3,015 millones de barriles día en 2013”.

El sistema de refinación nacional se mantuvo operando a máxima capacidad, produciendo en 2011, 1,123 millones de barriles día de combustibles; 1,094 millones de barriles día en 2012 y 1,127 millones barriles día en 2013. Los complejos Criogénicos producían suficiente gas para atender toda la demanda interna.

Nuestra flota de transporte de más de 76 buques propios, y empresas mixtas, nos permitieron exportar más de 2,469 millones de barriles de petróleo al día en 2011. En 2012 fueron 2,568 millones de barriles día y 2,425 millones de barriles día en 2013, a pesar de las sanciones, afirma.

“El problema de PDVSA no depende de las sanciones estadounidenses. No es un problema técnico, es un problema político cuya raíz está en Miraflores y en la pésima conducción del gobierno en el sector petrolero”, argumenta.

La realidad se impone

Mientras en ciertos terrenos se debate de quien es la culpa y cuales son los efectos de látigos y zanahorias para cambiar el destino de Venezuela, millones de familias padecen miserias que no esperan por acuerdos.

Impacto en cadena

Como parte del programa de máxima sobre Maduro, el gobierno de Trump había dado un plazo hasta octubre a las empresas ENI (Italia), Repsol (España) y Reliance (India) para que cesaran el intercambio de crudo por diésel, recuerda un reporte de la agencia especializada Argus. Este mecanismo además les servía para cobrarse las deudas que mantiene el chavismo con estas compañías.

“Ocurrió lo que tenía que pasar. Pdvsa no produce lo suficiente para cubrir el mercado interno. Logró guardar un inventario y se lo ha ido comiendo poco a poco, como un padre de familia que se gasta los ahorros. Eso es lo que está pasando ahora y hay que recortar los gastos”, comenta el economista Antero Alvarado, profesor del prestigioso Instituto de Altos Estudios de Administración (IESA).

Alvarado sostiene que esas decisiones de Estados Unidos se tomaron sin tener mayor conocimiento de las cifras de producción, exportación y consumo. Tampoco de evaluaron los impactos que esa medida pudiera tener.

Los consumidores de gasoil en Venezuela son también el sector eléctrico, incluyendo plantas térmicas en los estados andinos de Táchira, Mérida y Trujillo.

Todo esto sucede en un país sumido en la hiperinflación, la depresión económico y el colapso de los servicios.

“Al final los efectos serán un mayor aumento de los precios. Muchas de las cosas que se consumen en Caracas vienen de los andes y del centro del país”, dijo por su parte Alvarado. Se prevé más escasez y más velocidad en uno de los procesos de hiperinflación más largo y prologados de la historia económica mundial.

Algo de cordura

“La solución es que en el cortísimo plazo se autorice la vuelta de ese esquema (de intercambio) sin el que PDVSA recibía  dinero por el crudo”, propone.

“Es un tema de sensatez el que eso vuelva. Detrás hay beneficiarios, pero las cosas no son blancas ni negras. No creo que Pdvsa logre aumentar más su producción de diésel a corto plazo”, dice.

En cambio, Pdvsa ha logrado hacer algo con la gasolina y ha atenuado la escasez.

“Casi toda la que consumimos en nacional, con cosas puntuales de Irán. Pero para que se pueda recuperar de verdad se va a requerir más inversión, pero nadie quiere trabajar con PDVSA”, dijo sobre los  inversionistas internacionales.

(Con reporte adicional de Tibisay Romero/El Estímulo desde Valencia)