Fedeindustria: La crisis abre espacios a marcas locales en el mercado nacional

Al igual que el resto del sector, los pequeños y medianos industriales padecen los embates de la crisis económica, aunque sienten los efectos con mayor fuerza por el tamaño de sus negocios. La falta de divisas, el racionamiento eléctrico y sobre todo la regulación de precios han golpeado a un sector que representa 95% del tejido empresarial del país. No obstante las dificultades, Héctor Olivares, presidente de Fedeindustria Región Capital, observa cómo marcas emergentes se abren camino en un mercado en el que comienzan a desaparecer las tradicionales.

Fedeindustria: La crisis abre espacios a marcas locales en el mercado nacional

Defensor del Consejo Nacional de Economía Productiva y creyente de la guerra económica, Olivares, también director nacional de Fedeindustria, destaca la disposición del gobierno a corregir algunos de los errores como el anclaje de precios en productos de primera necesidad, por mucho tiempo, lo que admite ha estrangulado a algunos de sus agremiados.

Señala que el objetivo común entre quienes participan en el Consejo de Economía es superar el desabastecimiento con mayor producción y por ello confluyen en esa instancia, creada por el Ejecutivo nacional en enero de este año, grandes y pequeños empresarios, representantes de los trabajadores y del gobierno. “Hay variadas corrientes políticas y económicas que presentan reflexiones y planteamientos que buscan que seamos más productivos”, dice.

Asegura que se discuten los problemas de los rubros que resultan prioritarios para la vida del ser humano y en ese sentido se persigue destrabar la economía y sincerar los precios, aunque reconoce que por la estructura del gobierno la toma de decisiones es lenta.

Los distintos controles sobre la economía como la restricción en la entrega de divisas ha provocado la desaparición de ciertas marcas e incluso la salida del país de empresas transnacionales de larga trayectoria, lo que ha dejado un mercado desasistido.

“Hoy en día veo, a pesar de la crisis, mucho espacio para emprender, mucho espacio para nuevas marcas. Las grandes marcas que siempre reinaron en Venezuela, hoy día están de muy bajo perfil por la misma situación económica, por el desánimo (…) Y en esta situación vemos un escenario muy importante para las marcas emergentes”, apunta.

–¿A cuáles se refiere?
–Las marcas emergentes tienen ahorita un gran espacio en el mercado nacional y lo estamos viendo con los desinfectantes. Es increíble la cantidad de productos para limpiar pisos, lavar pocetas, que no hemos visto nunca en el mercado y que terminamos comprando porque es la única alternativa que tenemos. Pero estamos fortaleciendo una pequeña y mediana industria que hoy en día sus productos tienen una alta rotación por no estar presentes las grandes marcas en los anaqueles que anteriormente no les permitían o no les dejaban espacios para exhibirse.
De una u otra forma se está reacomodando la economía, es un momento de mucha creatividad, en el que el empresario tiene que ver estas situaciones de crisis como potenciales para poder proyectarse.

–¿Es el momento de la industria nacional?
–Sí. Primero porque tenemos la disposición del Estado para apoyarnos; segundo, tenemos al sector obrero identificándose en estas mesas de trabajo para que entre los tres actores que hacen vida en la industria podamos ser más productivos a nivel de conciencia.

–¿Cuándo podría recuperarse la economía?
Estimamos que de aquí a diciembre van a ser muchos los productos que se van a ver en los anaqueles, que debemos convertirnos en un país exportador, queremos buscar otros mercados adicionales al venezolano. Entendemos que el mercado está deprimido por el poco poder adquisitivo del pueblo

–¿No resulta un contrasentido hablar de exportaciones si el país no puede abastecerse internamente? 

–No todos los rubros, por supuesto. Yo no voy a exportar pasta dental porque no hay pasta dental, sería ilógico pensar que alguien lo haría. El Estado lo prohibiría. Esos son productos de primera necesidad.
La idea es que si tú abasteces tu porcentaje del mercado nacional y lo tienes cubierto, entonces puedes buscar otros mercados porque la idea es que tú puedas obtener tus propias divisas para que puedas traer tu materia prima.

–Hace cuatro meses se creó el Banco de Insumos para el sector ¿Qué ha pasado con eso?
Esa fue una iniciativa de Miguel Pérez Abad (entonces vicepresidente del Área Económica). El Banco de Insumos va a tener un gran impacto en la economía nacional, pero el proceso ha sido un poco lento, no lo negamos.

–¿Cuáles han sido las principales trabas de los pequeños industriales? 
–Las divisas son una de ellas. La baja en el precio del petróleo ha llevado al gobierno a destinarlas a sectores prioritarios, para el ciudadano común. Esta sequía obliga a buscar alternativas, fuentes de ingresos de productos de exportación no petroleras.
Esto genera una gran expectativa para poder producir a pesar de que el mercado nacional está deprimido, pues hay uno internacional donde los productos y precios son competitivos.
Otro factor que afecta directamente a la industria, es el racionamiento eléctrico, que hoy en día está prácticamente superado, pero fue otra gran dificultad. Yo tengo agremiados que con los cortes programados de energía eléctrica, no podían cumplir con el 10% de lo que ellos tenían estimado producir, entonces te encontrabas con personal totalmente ocioso y las plantas paradas, lo que afectó mucho la productividad.
Y la que mayor impacto tiene en el sector es la regulación de los precios. Los industriales nos vemos muchas veces afectados porque muchos proveedores nos facturan un precio y por fuera quieren que se les pague un sobreprecio, cosa que es ilegal. Eso afecta la situación de las empresas porque si yo tengo un solo proveedor tengo dos opciones: o le compro al precio que me están vendiendo, aceptando una factura por un monto y pagando un sobreprecio por fuera que no puedo reflejar en mi contabilidad, en mi estructura de costos, o no le compro y paralizo la producción.

¿Qué sectores de los agremiados a Fedeindustria son los más afectados por la crisis?
Todos los que han estado estrangulados por los precios regulados. El Estado ha sido un poco lento en actualizar estos precios periódicamente, entonces te encuentras productos que tienen precios desde 2011. Es decir, cinco años, y eso ha afectado la productividad de esas empresas. Llega un momento que te quedas sin liquidez y quiebras. Esas son las empresas más golpeadas.

–El Ejecutivo comenzó a sincerar precios en ciertos rubros y luego detuvo el proceso. ¿Qué pasó?
No se ha detenido. Es lento, demasiado lento. Es así, porque es una estructura muy compleja. ¿Por qué? Porque se busca que el poder adquisitivo aumente. ¿Si tenemos un pueblo que no tiene poder adquisitivo, entonces para qué producimos si lo que se va a producir no lo vamos a vender?

–Pero mientras no se controle la inflación los aumentos de sueldo se vuelven sal y agua.
–Eso es parte de lo que se está trabajando. Lo que te puedo asegurar es que hay voluntad de que las cosas se hagan.

–Los ciudadanos viven los efectos de un programa de ajuste sin los beneficios de un verdadero ajuste económico.
–El Consejo Económico está discutiendo estas cosas. Hay que entender que el Estado está dispuesto a tomar medidas. ¿En qué momento las va a tomar? Eso no nos corresponde a nosotros decirlo, porque nosotros estamos planteando soluciones. La disposición de los empresarios que hacemos vida en Fedeindustria es que se destranque el juego y que los industriales seamos más productivos.
En los meses que restan del año vamos a tener más productos nacionales en los anaqueles. Todos los sectores están activados.

–¿Cuál es el indicador que les permite a ustedes hablar de mayor productividad cuando el sistema sigue siendo el mismo?
Una de las cosas que el Estado procura es el menor impacto social posible. Las medidas se van a tomar, se están discutiendo constantemente, pero no son medidas que se puedan tomar de un día para otro, porque el Estado, por su estructura, es lento en la toma de decisiones.
Las grandes expectativas que tenemos es que en esa mesa de diálogo y de entendimiento, se expresa lo que está sucediendo. El Estado está al día de lo que está sucediendo tanto en la calle como en las industrias y eso es algo interesante… Tanto es así que el vicepresidente Aristóbulo Iztúriz lo reconoció. Si nosotros hubiésemos arrancado por lo menos desde que Nicolás Maduro tomó el poder, no hubiésemos llegado a la situación que estamos. Ellos reconocen que han sido lentos, que han tenido dificultades internas, que no han escuchado a lo mejor con el detenimiento que lo hacen.
William Contreras, superintendente nacional de Precios Justos, estuvo en una de las reuniones del Consejo de Economía, un escenario donde se escucha a puerta cerrada, sin presencia de los medios de comunicación.

–¿Cree que hay una guerra económica?
Sí. Yo me quedo sorprendido de ver todavía como una gandola que sale de una planta en Cagua que lleva una guía con destino a Puerto Ordaz, termina en Maracaibo.

–Eso no puede ocurrir si los que están a cargo del proceso para que llegue a su destino, no están involucrados en una cadena de corrupción.
Tienen que estarlo.
El bachaqueo industrial también existe y es que gente, personas, empresas que tienen cupos, tienen códigos asignados en Pequiven, en Pdvsa, logran obtener la materia prima a precio regulado y termina esa materia prima siendo revendida a dos, tres, cuatro veces su precio en la calle.

–¿Evita el Estado que pase con las medidas que está tomando? No lo evita.
Vamos hacia una sinceración de la economía. Vivimos en una economía ficticia y en una economía real. ¿Qué es lo que se busca? Que la economía se sincere y que nosotros podamos tener precios realmente justos para toda la escala productiva, pero que también los ingresos en los salarios sean justos.
Yo voy al supermercado y me pasa igual, llevo dos o tres bolsitas en la mano y son 60.000, 80.000 bolívares y me pregunto ¿cómo hace un empleado nuestro, que gana 15.000 bolívares para ir al mercado? No lo puede hacer.
Es una situación difícil que estamos atravesando, es una coyuntura, pero es necesario que destrabemos esto. Primero, sincerar los precios; segundo, aumentar la productividad y eso va a incentivar la producción.
No solamente es decir que hay guerra económica, sino también que de parte del Estado ha habido mucha lentitud y no ha habido la comunicación directa con los actores productivos para respetarle su estructura de costos. Pero vamos hacia eso.
El pasaje del Metro cuesta cuatro bolívares y el ticket con la cinta magnética que usa el Metro de Caracas vale más de 30 bolívares. Son cosas que son ilógicas. Un Toronto vale 150 bolívares en un kiosko. ¿Cómo es que un chocolate cuesta 150 bolívares y un pasaje en Metro cuesta 4 bolívares? Lo que se quiere es tratar de que los subsidios sean realmente directos y no sobre el producto, por eso es que viene la tarjeta de alimentación (Misión Socialista).

–¿En qué trabaja Fedeindustria para reducir el trabajo informal?
Fedeindustria creó el año pasado el Centro de Formación de Emprendedores de Venezuela. Dictamos cursos para darle las herramientas a los micro y pequeños emprendedores para que puedan emprender y desarrollar su negocio de forma exitosa.
Estamos yendo a los consejos comunales a hablar con los jóvenes a decirles cómo funciona una empresa, cómo se constituye, tenemos una actividad económica informal enorme, tú vas a un barrio y encuentras a la gente haciendo de todo.
Es importante que la gente sepa los beneficios de tener una empresa porque no es solamente el hecho de declarar impuestos y de llevar una contabilidad, es la oportunidad que tienes de ir mañana a un banco y decir miren aquí tienen mi balance, esto es lo que yo he hecho, aquí tienen mi facturación. Crear esa conciencia en la gente de más bajos recursos y decirles tú tienes la oportunidad de ser un empresario es algo maravilloso, sobre todo cuando ves que tienen una creatividad enorme y una disposición a hacer bien las cosas.