La jerga sobre el bolívar cambia por culpa de la hiperinflación

La crisis económica en Venezuela cambió el estilo de vida de sus habitantes, desde dejar de ir al cine hasta limitar la compra de alimentos. La devaluación del bolívar ha llevado a una modificación del lenguaje, muchas veces inconsciente, en la que muchos venezolanos se refieren de mala manera a una cantidad determinada de dinero, como puede ser decir '100 bolos' para referirse a 100.000 bolívares. (NDLR: Esta nota fue originalmente publicada en diciembre de 2017)

El Estímulo salió a la calle para preguntar a los habitantes de Caracas la razón por la que algunas personas usan el término 100 ‘bolos’ para referirse a lo que serían 100.000 bolívares, o 1.000 bolívares para hablar de un millón de bolívares. La mayoría coincidió en que la moneda ya no vale nada, por lo que se hace una reconversión al hablar.

“La plata ya no vale nada. ¿Qué haces tú con un millón ahora? Antes, pagabas 500 bolos y podías cambiar las dos ruedas. ¿Ahora? Ahora debes pagar dos, tres, cuatro millones. Un litro de aceite te sale en 350… 350.000, pues. ¿Viste que le quito los ceros automáticamente?”, opinó Paul, un mototaxista que trabaja en Parque Cristal.

Paulina, una vendedora de café que recorre la avenida Francisco Miranda con su producto, piensa que algunos se refieren de esa forma a la moneda por influencia extranjera: “Eso comenzó con Chávez cuando eliminó los tres ceros. La gente lo sigue haciendo, pero eso es más de los extranjeros. Los colombianos se refieren así al bolívar y lo que hacen es copiarlos. Yo sé que la moneda está devaluada, pero tampoco así”.

En un quiosco de la ciudad, un cliente le pasaba a la encargada 100.000 bolívares en efectivo. Al preguntarle al señor por qué a esa cantidad de dinero se le llama 100 ‘bolos’, fue conciso: “Porque esto no vale nada. No haces nada con esto. Aquí hay que hablar es en dólares”.

La dueña del establecimiento señaló que ese lenguaje no es usado por todo el mundo, pero los que hablan de esa manera es por “costumbre”: “Es por una mala forma de hablar, pero no todos lo hacen. Yo trabajo aquí con dinero y tengo que recibir billetes y dar vuelto, por eso tengo que decir bien las cantidades, no puedo hablar mal”.

A las afueras de la estación de metro de Chacao, varios vendedores ofrecen caramelos y cigarrillos, entre otras cosas. A pesar de tener entre sus manos varios billetes, sienten que no les alcanza para nada: “¿Tú estás viendo toda esta paca? Esto no me sirve para nada, ya no se puede vivir aquí”, afirmó uno de ellos, lanzando después una maldición al aire hacia un mandatario del gobierno.

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«Todo esto no me sirve para vivir. Esto no me alcanza ni para un kilo de arroz, que los bachaqueros lo tienen en más de 50.000», dijo otro de los vendedores mientras sacaba unos billetes de 20 bolívares de su bolsillo. 

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Venezuela ingresó formalmente este año al nada honroso ránking  de las economías con hiperinflación. El colapso de los controles de cambio y de precios y la destrucción del aparato productivo acabaron con la oferta nacional, en tanto la debacle de los precios del petróleo terminó de asfixiar a un fracasado modelo socialista que recortó dramáticamente las importaciones.

El resultado ha sido un aumento vertiginoso de los precios de bienes y servicios que provoca que los venezolanos se empobrezcan cada día más.

De acuerdo con la medición de la Asamblea Nacional, de mayoría opositora, al mes de noviembre la inflación acumuló 1.369% y una proyección a concluir 2017 con una cifra superior a 2.000%.