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Multinacionales trabajan a media máquina en Venezuela

La industria venezolana pasa por su peor momento, al funcionar apenas en promedio a 30% de su capacidad. Las empresas transnacionales que aún se mantienen en el país lo hacen minimizando operaciones para no abandonar el mercado a la espera de tiempos mejores.

Multinacionales trabajan a media máquina en Venezuela

Firmas de alimentos han tenido que paralizar varias veces al año sus líneas de producción en espera de materia prima. A finales de septiembre, Nestlé Venezuela detuvo su producción de colados de fruta para bebés porque no tenía envases de vidrios, informó la compañía en un comunicdo.

La industria automotriz es otro ejemplo de la crítica situación económica del país. El sector trabaja a menos de 1%.

Celso Núñez, un empleado de la planta de Ford en Venezuela desde hace 21 años, esperó diez meses un llamado para volver a la ensambladora donde armaba camiones de carga.

La convocatoria para trabajar unos días llegó en septiembre pero en el ínterin, y percibiendo solo 50.000 bolívares semanales (unos 2 dólares a la tasa del mercado paralelo), hizo mudanzas con su desgastada camioneta de 2011 en la ciudad industrial de Valencia e intentó revender materiales de construcción para llegar a fin de mes, reseña Reuters en un reporte del sector industrial.

Como él, miles de empleados de transnacionales como Fiat Chrysler (FCA) esperan meses y hasta años por la reactivación de decenas de fábricas que parecen muertos vivientes: detenidas o trabajando al mínimo por falta de materia prima, en medio de la profunda escasez y recesión económica que sufre el país petrolero.

Así, unas 150 multinacionales que permanecen en el país han minimizado su presencia ante el deterioro económico del país.

Para seguir a flote, han reducido sus portafolios o se enfocan en presentaciones más baratas y fáciles de fabricar, operando en modo de supervivencia, según dijeron a Reuters sindicatos, gremios y los portavoces de las firmas globales.

Para muchas firmas salir del país tampoco parece una opción viable. Huir de Venezuela implicaría tener que rematar los bienes o dejarlos abandonados, como hicieron grandes empresas como Clorox o Kimberly-Clark, algo especialmente doloroso para marcas que durante décadas construyeron su presencia en el mercado.

El reportaje completo puede leerlo en Reuters.