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Reestructuración de deuda es inevitable pero difícil con una reelección de Maduro

Gran parte de los ingresos petroleros se destinan al pago de la deuda, por lo que con la caída de la producción y las aún altas erogaciones que se deben ejecutar en los próximos tres años, se hace necesario un proceso de reestructuración de la deuda externa. Expertos señalaron en el foro Perspectivas 2018, organizado por el IESA, que los inversionistas no le tienen confianza al actual gobierno para emprender una negociación de este tipo.

Reestructuración de deuda es inevitable pero difícil con una reelección de Maduro

Venezuela entró en un terreno de incertidumbre con respecto a su manejo de la deuda externa. El gobierno luego de anunciar un proceso de renegociación que nunca envió a los tenedores de bonos, cae en default y los desembolsos pendientes comienzan a acumularse.
Economistas presentes en el foro «Perspectivas 2018», organizado por el Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA), coinciden con que reestructurar la deuda venezolana es inevitable, pero que será difícil durante el gobierno de Nicolás Maduro, incluso si decide llevarla a cabo.
El profesor de Políticas Públicas del IESA, Michael Penfold, resaltó que en caso de una reelección presidencial sin acuerdos con factores de oposición, «es difícil pensar en un escenario de reestructuración ordenada de la deuda» y también de la posibilidad de que el país pueda salir de las sanciones internacionales.
«La reestructuración de la deuda es inevitable, pero su viabilidad política depende de las decisiones del chavismo de apostar a la reelección con acuerdo», dijo.
Recalcó que las acreencias externas consumen gran parte de los ingresos petroleros, por lo que el impago o default podría continuar en el transcurso del año.
«Si el declive de la producción continúa, Pdvsa habrá llegado a su final como operador financiero».
El economista y profesor del IESA, José Manuel Puente, coincide en que sin reformas en la política económica y ante la crisis de ingresos del país, no habrá confianza entre los inversionistas sobre cualquier plan de renegociación de los bonos de deuda externa.
Recordó que el monto del servicio de la deuda desde el año 2017 a 2038 suma 90.000 millones de dólares, lo que complicará los desembolsos a medida que se retrasen los pagos.
«Venezuela muestra el déficit fiscal más alto en 37 años, por lo que esta situación empeorará ante la caída de los ingresos petroleros. Una reelección de Maduro es la continuidad de la crisis y de la imposibilidad de la reestructuración de la deuda externa», acotó Puente.
Destaca que en caso de ocurrir algún tipo de modificación en la política económica, el inicio del ciclo de recuperación del país se verá entre 10 y 12 meses, por lo que 2018 será igual de malo que 2017.
«Es necesario recuperar una mínima sensatez económica. La actual crisis es consecuencia de la no aplicación de reformas, ajustes o correcciones en la economía durante 19 años», indicó Puente.
Ramón Key, coordinador del Centro Internacional de Energía y Ambiente del IESA, recalca que el aporte fiscal de la industria petrolera se ubica actualmente en los mismos niveles de los años 90. Esta situación coloca en aprietos financieros al gobierno para cumplir con sus compromisos y para la importación de bienes y materias primas.
Indicó que desde que comenzó el deterioro de la producción de Pdvsa en 2006, la caída fue mayor a partir de finales del pasado año.
«A partir de octubre de 2017 se comienzan a dar las señales de alarma sobre la producción petrolera y los números de diciembre a febrero así lo confirman», destacó Key.
Señaló el profesor del IESA que ante la disminución de los ingresos y la falta de inversión, se incrementan las acreencias incluso de la propia industria petrolera. De acuerdo con las cifras oficiales, en el año 2007 el retraso en el pago de las deudas era de 2,1 meses pero ahora Pdvsa tarda 29 meses para cancelar las facturas a proveedores y contratistas.
«El sector petrolero se encuentra afectado operacionalmente por problemas de impago a proveedores, esto se ha convertido en un problema sistémico. Se requiere una reestructuración de la empresa y en la forma en que se relaciona con el sector público».
A juicio de Key, existe el consenso de que la recuperación en la capacidad de producción pasa por la concentración de las actividades medulares y la participación del sector privado. «Se requiere estabilidad política para generar confianza».
– Las previsiones –
Las proyecciones sobre la economía venezolana para el cierre de 2018 siguen siendo desalentadoras. A la continuación de la hiperinflación y de la caída del Producto Interno Bruto (PIB) se suma la poca posibilidad que tiene Pdvsa de incrementar sus exportaciones y de la estabilidad de los precios del crudo en torno a los 60 dólares el barril. Cotización nada beneficiosa para el país.
Entre los cálculos de Michael Penfold,Venezuela finalizará con una baja de 10% del PIB, una tasa de inflación de 25.000% y una caída continua de la producción petrolera a menos de 1,5 millones de barriles diarios.
«El PIB de Venezuela es la mitad de lo que era hace cinco años. Tenemos el tamaño de Uruguay. Existe una restricción real e importante de la economía y al final del día, el que llegue o se quede en Miraflores tiene que lidiar con estos problema», afirmó.
José Manuel Puente presentó una recopilación de datos de varios bancos de inversión, la Cepal y el FMI, que reporta un mínimo de la inflación de 2.000% y un máximo de 15.896%. Mientras que la caída de la actividad económica estará entre 3,5% y 15%.
«A Venezuela le ingresó por petróleo la suma de 937.000 millones de dólares entre 1999 y 2017. Si en los próximos años le ingresa un tercio de este monto ($300.000 millones), sería una extraordinaria oportunidad para acometer planes de desarrollo».
Sostiene Puente que el país necesita volver a la convertibilidad de la moneda, pero «si se aplica la dolarización, lo apoyo porque es mejor que la actual política de controles».
Con relación a los precios del petróleo, Ramón Key destacó que el consenso de los analistas del mercado es la del mantenimiento de la cotización.
«Existe una amenaza importante de reducción de precios y eso pasa por la incertidumbre que genera la caída de la producción venezolana. OPEP prevé para 2018 un mercado en balance, excepto por los temores sobre declinación de producción en Venezuela».  
Señaló que un escenario pesimista coloca al precio del barril en 50 dólares con una caída de las exportaciones de 33% para Venezuela. Mientras que el escenario optimista habla una cotización de 62 dólares la cesta y una reducción de la producción de 22%.]]>