Trabajadores del Metro de Caracas acusan a sindicato chavista de arruinar la empresa

Todas las denuncias apuntan directamente a la presidencia del Sindicato de Trabajadores del Metro de Caracas (Sitrameca), afín al oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). De acuerdo con los consultados, el deterioro de las instalaciones y de las condiciones laborales son responsabilidad de la dirigencia sindical que solo atiende una parcialidad política.

Trabajadores del Metro de Caracas acusan a sindicato chavista de arruinar la empresa

El descontento de los trabajadores sigue presente y aflora con cada situación que evidencia el deplorable estado de las instalaciones del otrora mejor Metro del mundo y de las condiciones bajo las cuales operan los empleados.
El despido de Wuilis Rodríguez el 12 de enero por haber expresado su inconformidad con el bajo salario percibido y el alto costo de la vida, caldeó aún más los ánimos de empleados y jubilados de la empresa de transporte público masivo, muchos de los cuales decidieron restearse en defensa de sus derechos y el de los usuarios.

A Rodríguez, con 12 años de servicio, le aplicaron una causal de despido de acuerdo con la Ley Orgánica del Trabajo, pero también el artículo 20 de la norma contra el odio aprobada por la ilegal Asamblea Nacional Constituyente, según se lee en la comunicación entregada a Rodríguez.
Carta despido trabajador del Metro
El artículo 20 de la ley contra el odio señala: «Quien públicamente o mediante cualquier medio apto para su difusión pública fomente, promueva o incite al odio, la discriminación o la violencia contra una persona o conjunto de personas, en razón de su pertenencia real o presunta a determinado grupo social, étnico, religioso, político, de orientación sexual, de identidad de género, de expresión de género o cualquier otro motivo discriminatorio será sancionado con prisión de diez a veinte años, sin perjuicio de la responsabilidad civil y disciplinaria por los daños causados».
Ya que el presidente del Metro de Caracas, mayor general César Vega apeló a esta disposición para avalar el despido, Rodríguez no descarta que pueda ir preso, según se lee en su cuenta de Facebook en la que invita a trabajadores del Metro a que lo acompañen el lunes 15 en una actividad de apoyo, en las afueras de la estación La Hoyada.

Desde el año pasado, cuando la gerencia del Metro de Caracas comenzó a calcular mal los porcentajes de aumentos salariales, el malestar entre los empleados de la empresa se ha hecho más evidente con renuncias masivas y con una demanda que adelantan jubilados y pensionados de la empresa de transporte.
80% del personal del Metro de Caracas trabaja en áreas operativas y es justamente en esos sectores en los que el personal ha ido renunciando en busca de mejores oportunidades, incluso fuera del país, dijeron a El Estímulo voceros del frente de trabajadores activos, pensionados y jubilado de la empresa.
Desde hace dos meses el Metro de Caracas trabaja en una contingencia permanente. La falta de personal operativo llevó a Sitrameca a colocar en esos puestos a empleados de confianza (del área administrativa) que incluso tenían hasta 10 años sin conducir un tren o de la milicia, señala una de las fuentes que por temor a represalias prefiere que su identidad se mantenga en reserva.
Las desmejoras salariales, el incumplimiento del contrato colectivo, la pérdida del poder adquisitivo ante el avance acelerado de la inflación y la actuación patronal del sindicato dirigido por Edison Alvarado –también miembro de la Asamblea Constituyente–, han llevado a sus trabajadores a abandonar una empresa por la que sentían orgullo, cuentan algunos voceros.
El 8 de enero se daría una paralización parcial de las actividades del Metro, pero el sindicato y la gerencia de la empresa se adelantaron para cubrir las vacantes, mientras la mitad de los trenes se encuentran fuera de circulación, «y algunos de ellos no sirven ni para repuestos», dice un trabajador.
La compañía cuenta con unos 8.000 empleados, de los cuales 6.400 son personal operativo. Pero los que aún se mantienen en sus puestos y no guardan ninguna afinidad con la dirigencia sindical buscan mecanismos para defender sus derechos vulnerados, así como el de los usuarios.
«Se trabaja con el mínimo personal, hay casetas de atención sin empleados, por lo que los torniquetes quedan libres para el paso de los usuarios; las máquinas para vender boletos están malas, 90% de las escaleras mecánicas no funcionan o no tienen pasamanos; no hay aire acondicionado, no hay agua para los trabajadores: las estaciones y trenes están sucios y el personal de limpieza no tiene material ni para lavar los baños», denuncia un trabajador Metro.
La situación es tan precaria que ni dotación de uniformes hay, señala un trabajador, por lo que buena parte de quienes hacen vida en la empresa están dispuestos a luchar por reivindicaciones.
Si alguna queja llega a instancias de la dirigencia sindical se procede al despido. Muchos empleados que están en pie de lucha por rescatar la empresa, han sido amenazados, señalan algunas de las fuentes.
«Se han dado muchos despidos injustificados y el Ministerio del Trabajo tiene paralizado todos los reenganches», afirmó uno de los afectados.
Pero también el nepotismo se apoderó de la compañía. Uno de los empleados del frente de trabajadores activos, pensionados y jubilados señaló que la gerente de Recursos Humanos es hermana del presidente de Sitrameca. De acuerdo con la denuncia, otros familiares detentan otros cargos en la compañía.
«Sitrameca es otro poder en la empresa, todo el tren gerencial de la empresa lo coloca el sindicato», asegura un jubilado.
El proselitismo político se adueñó de la dirigencia sindical y el abandono al que está sometido la empresa se manifiesta incluso en la aparición de ratas, pulgas y garrapatas en la línea 3, razón  por la que algunos operadores de los trenes que van hacia el sur de la ciudad se han negado a realizar su trabajo aduciendo razones de salubridad. Sin embargo, los usuarios que quedan expuestos a contraer alguna enfermedad por la falta de fumigación.
Según el reclamo de uno de los empleados, control ambiental no lleva a cabo labores de desinfección desde hace dos años.
En diciembre ni siquiera se cumplió con los beneficios otorgados por ser una empresa pública. «El bono hallaquero no lo entregaron aunque los recursos fueron aprobados y la venta de pernil no se dio entre los empleados. Prefirieron que se pudriera en los patios de talleres en Propatria y tuvieron que sacarlo a escondidas el 8 de enero en horas de la noche», reveló un trabajador.
El Metro de Caracas está sumido en un verdadero caos, reconocen sus empleados y personal jubilado, por lo que coinciden en que la salida a la desidia pasa por el cambio de la dirigencia de Sitrameca.
Por lo pronto mantendrán acciones de protestas para llamar la atención del Ministerio de Transporte y de la presidencia de la República.
 
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