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Elsa Cardozo: “El coronavirus es diferente al 11 de septiembre, pero no menos temible”

Aunque para algunos ambos sucesos históricos definen el siglo XXI por la trascendencia que tuvieron, la doctora en Ciencias Políticas considera que no son comparables, pues la pandemia, a diferencia de los ataques en Estados Unidos el 11 de septiembre 2001, es “verdaderamente global”

Elsa Cardozo: “El coronavirus es diferente al 11 de septiembre, pero no menos temible”

Los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 fueron los primeros sucesos de talla internacional en el siglo XXI. Han pasado casi dos décadas de aquel funesto episodio para la civilización occidental, pero no fue ese lado el único en padecer las consecuencias.

Casi un mes después, las tropas estadounidenses y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) entraron en Afganistán. Atrás quedaba el liderazgo unipolar de Estados Unidos, obtenido tras la Guerra Fría. Sin embargo, el cambio no solo se remitió al cuestionamiento de esa nación como única potencia, sino que trajo consigo severos resultados que, 19 años después, todavía perduran. Una nueva normalidad mundial empezó en los últimos meses de 2001.

La aplicación de controles, el despertar de viejos fantasmas del pasado como el racismo y la xenofobia, y el rechazo a la globalización son algunos de los aspectos que tomaron fuerza a principios del nuevo milenio, y que todavía ponen en tela de juicio el papel de la democracia liberal. Un sistema que, de acuerdo con la opinión de expertos –y más allá de su ampliación–, está debilitado por el surgimiento de Estados y gobiernos de mano dura, los cuales pretenden socavar los fundamentos del liberalismo sobre la separación y el contrapeso de los poderes.

El debate entre libertad versus seguridad, que tuvo su origen con la llegada de la modernidad hace casi tres siglos, pareciera continuar vigente. ¿Preferimos ser libres o estar seguros?

Justamente, ese dilema alcanzó absoluta vigencia en 2020 frente a la pandemia de covid-19 que, con una magnitud más global que el ataque al World Trade Center, dejará secuelas en todas las esferas y una «nueva normalidad» en el futuro pospandémico.

El 6 de mayo de este año, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lo reconoció en un encuentro con el personal sanitario en la Casa Blanca: “Este es el peor ataque que jamás hayamos sufrido (…) Esto es peor que Pearl Harbor, peor que el World Trade Center. Y no debería haber ocurrido nunca”.

No obstante, entre el impacto del 11 de septiembre y el del coronavirus hay mucho trecho, a pesar de las comparaciones que abundan en la prensa y las redes sociales.
Así lo considera Elsa Cardozo, internacionalista y doctora en Ciencias Políticas de la Universidad Central de Venezuela (UCV).

Ante las consecuencias que deja el virus y su comparación con los resultados del 11 de septiembre, Cardozo, quien también es profesora titular jubilada de la UCV, advierte que este nuevo escenario es muy distinto al de 2001: “El coronavirus es diferente al 11 de septiembre, pero no menos temible. Sus efectos inmediatos están siendo terribles, individual y socialmente; sus consecuencias apenas podemos vislumbrarlas en trazos borrosos”.

Gobiernos fuertes, xenofobia y libertades socavadas son los augurios de los tiempos venideros, tiempos que el politólogo estadounidense Samuel Huntington pareció predecir en su Choque de civilizaciones, publicado en 1996.

Cardozo es autora de uno de los capítulos de Estados Unidos, diez miradas, un libro coordinado por Edmundo González Urrutia recientemente publicado por la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), con apoyo del Instituto de Estudios Parlamentarios “Fermín Toro” y la Fundación Konrad Adenauer. Allí, la internacionalista contribuye al “análisis de las tendencias mundiales desde el lugar y la capacidad relativa de influencia de Estados Unidos desde una perspectiva global”. Un ensayo que, a 19 años de los ataques terroristas y el reforzamiento de la política exterior estadounidense, es importante revisar.

—Se cumplen 19 años de los ataques terroristas del 11 de septiembre en Nueva York y en otros sitios. ¿Qué significó ese ataque para Occidente y cómo nos afectó? ¿Estamos sufriendo las consecuencias?

—Las primeras reacciones fueron bastante gruesas y poco ayudaron a comprender en Occidente el origen, el sentido y los alcances de tales ataques a Estados Unidos, cuyos objetivos en el corazón de una gran potencia y su saldo de víctimas lo hicieron particularmente traumático. Afectó el sentido de poder y seguridad de Estados Unidos y también de Occidente, en la medida en que las acciones terroristas del grupo Al Qaeda se hicieron sentir también en Europa, en los ataques perpetrados contra España y el Reino Unido y los evitados en Francia y Alemania. Sus consecuencias fueron de largo alcance en los ámbitos de la seguridad nacional e internacional y en el de los controles limitadores de libertades y derechos, también movió conflictividades en el complejo escenario del Medio Oriente a partir de la guerra en Afganistán en busca del líder de Al Qaeda.

—Esos ataques parecieron representar un golpe para la globalización, por los controles impuestos en nombre de la seguridad nacional, e incluso por el resurgimiento del chauvinismo y de la xenofobia.

—En efecto, los temores que sembraron ataques organizados y ejecutados dentro de Estados Unidos, sin que hubiese filtros de seguridad que funcionasen, provocaron la activación de medidas y controles indispensables; pero también, con poco conocimiento –confundiendo por ejemplo como una sola categoría a musulmanes, fundamentalistas musulmanes, yihadistas y terroristas– surgieron por un tiempo reacciones de rechazo y discriminación contraproducentes. En cuanto a los chauvinismos y las xenofobias, no los considero directamente asociados a ese momento, sino a fechas y conflictos posteriores –particularmente tras la llamada Primavera Árabe– que alentaron oleadas de migrantes forzados hacia Europa desde África, el Medio Oriente y Asia.

—Sin embargo, después del 11 de septiembre, el debate libertad versus seguridad se incrementó. Eso también lo vemos frente a la pandemia. Pero es un dilema que viene de mucho antes, ¿aún continúa vigente?

—Sí, esa tensión, que es en realidad inevitable, se hizo mucho más fuerte y tras el 11 de septiembre se materializó en legislaciones, medidas y en excesos en la estrategia de guerra antiterrorista. Frente a la pandemia se vuelve a hablar de la pérdida de libertad en nombre de la seguridad, pero ahora se trata de circunstancias diferentes, en las que regímenes autoritarios o en vías de serlo aprovechan el momento para abusar de las medidas restrictivas con el propósito de concentrar poder, debilitar contrapesos y fortalecer su seguridad.

—¿Fue así con los ataques de 2001? ¿Estados Unidos y los países occidentales reforzaron su poder?

—En realidad, las medidas extremas frente a amenazas o ataques terroristas no parecen haber reforzado el poder, sino que –puesto que hablamos de democracias– fueron objeto de escrutinio de la eficacia de sus estrategias y de crítica de los abusos cometidos.

11 de septiembre

—Hay quienes comparan el cambio de normalidad que vino tras los acontecimientos del 11 de septiembre con el que le espera al mundo en el venidero escenario pospandémico, ¿usted cree que será así?

—No creo que sean comparables, para comenzar porque la pandemia es verdaderamente global y se ha extendido sin que haya coordinación de políticas ni “arma” que la detenga. Por otra parte, aun es pronto para anticipar los efectos permanentes de esta sacudida, pero me parece que el más general podría resultar especialmente de la severa recesión económica que aumentará las desigualdades y la brecha entre los países desarrollados y los países pobres. A la vez, pienso que también se sostendrá y agudizará la competencia entre potencias que, según resulte el proceso electoral en Estados Unidos y Europa maneje sus crisis, podría fortalecer o debilitar los contrapesos democráticos a las potencias autoritarias.

—¿La crisis del coronavirus es una amenaza de mayor magnitud?

—Es distinta, muy distinta, pero lo que sí es seguro es que sobrevivirla y superarla exige recursos muy diferentes a los de la realpolitik y más bien cercanos a la más genuina solidaridad y cooperación internacional