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En América, la suerte de los refugiados depende del país receptor

Distintas naciones del continente instrumentan de forma muy desigual lo establecido en la "Convención sobre el Estatuto de los Refugiados", de 1951. Venezuela, como segundo país con más personas en esta condición a escala planetaria, está hoy en el centro de las preocupaciones de organizaciones y grupos abocados a estudiar y enfrentar esta problemática. Por Margit Pérez, Lima

En América, la suerte de los refugiados depende del país receptor

La política de refugio es igual en todo el continente americano. El fin es el mismo: brindar protección a los refugiados, personas que se han visto obligadas a huir de sus países de origen por persecución de raza, nacionalidad, sexo u opiniones políticas.

Sin embargo, aunque 145 Estados de todo el planeta firmaron la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, no todos los reciben de igual manera. Ser refugiado en Estados Unidos es absolutamente distinto que serlo, por ejemplo, en Colombia.

Por ser Venezuela el mayor generador de refugiados de toda América durante lo que va de siglo XXI -y en especial en los últimos 4 años-, debido al régimen político y a la crisis social, los venezolanos se han diseminado por todo el mundo, en especial en Suramérica y América del Norte. Al conmemorarse el 20 de junio el Día Mundial de los Refugiados, es pertinente revisar cómo se vive el proceso de refugio en algunos países del continente, donde el país receptor, en la gran mayoría de los casos, define la suerte de la persona.

 

 

Fuente Acnur

 

Colombia: primer destino

Usualmente, los refugiados buscan como primera opción el país más cercano. En el caso de los venezolanos, es Colombia, país con el que Venezuela comparte la frontera más dinámica de América Latina, debido a sus raíces históricas comunes y al comercio. Por esa frontera, según fuentes de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), han dejado su país más de 1,8 millones de venezolanos. Sin embargo, no son muchos los que han obtenido la condición de refugiado, y a quienes lo han logrado el gobierno colombiano no les ha dado las garantías que se esperaban para la inserción en la sociedad.

Alejandro Zerpa es un venezolano que sufrió persecución y cárcel entre 2015 y 2019, por disentir del gobierno del presidente de Nicolás Maduro. Por tal motivo, el 11 de abril de 2019 logró huir a Colombia buscando la libertad, la seguridad y la normalidad que no tenía en su país natal. Y aunque asegura estar mejor, la realidad es totalmente distinta a lo que reflejan los documentos.

venezolanos en ecuador

“Las cosas no son como aparecen en los documentos, y la verdad no culpo a Colombia. Ellos no estaban acostumbrados a recibir gente; por el contrario, eran ellos los que se iban. Lo de los refugiados es nuevo para ellos, por eso los mismos entes del Estado a veces se contradicen entre sí y, al final, no se logran los beneficios para los refugiados”.

La letanía del “no hay trabajo”

Explica Zerpa que al apenas llegar a territorio colombiano recibió el correspondiente salvoconducto, Debía renovarlo cada 3 meses. Ese documento estipulaba que, según el Ministerio del Trabajo, estaba facultado para laborar. Pero Migración Colombia y los empresarios decían que no. Esa dicotomía, al final, perjudica al refugiado, pues trabajar es lo primordial para establecerse en el país de acogida. En circunstancias tan confusas, resulta casi imposible lograrlo.

El 23 de diciembre le aprobaron el estatus de refugiado y le dieron la cédula de extranjero. Sin embargo, no ha logrado abrir una cuenta de ahorros, que es uno de los trámites básicos, pues le exigen demostrar que desempeña una actividad comercial para poder hacerlo. Como si se tratara de un extranjero común, no toman en cuenta la condición de refugiado. Tiene, además, inconvenientes para el acceso a la salud, por lo cual ha tenido que pagar sus consultas médicas y el Sisben, el sistema de selección, lo tiene en espera.

“En Venezuela mi vida corría peligro. Le doy gracias a Colombia por recibirme, pero la realidad es muy diferente a lo que debería ser. No tenemos los beneficios para asentarnos, por lo que pasamos muchas dificultades al efectuar cualquier trámite”.

Norteamérica es otro nivel

Las experiencias de venezolanos en Estados Unidos y Canadá son totalmente opuestas. Los entrevistados afirman que, desde el inicio, les abren las puertas sin restricciones.

María José Barela llegó a Canadá en 2007, tras el cierre de la televisora más importante de Venezuela: Radio Caracas Televisión (RCTV). Por ser comunicadora de profesión -y sintiéndose perseguida por decir la verdad- , huyó al frío país del norte y desde que llegó sintió la buena receptividad. “El refugio de Quebec te da ayuda social. No es mucho, pero te permite pagar una habitación, el transporte y para algo de comida. Te resguarda en cuanto a la salud y de una vez te ayudan a hablar francés. También, te asignan un abogado que te acompaña en todo el proceso para la solicitud de refugio”.

El idioma y mucho más

Barela afirma que no se trata solo de que te ayudan con el idioma. Hay además un respaldo firme para que el refugiado logre la plena integración. “Hay mil actividades: te llevan a sitios para que entiendas cómo es la vida de ellos, hay organismos que atienden al inmigrante de forma gratuita y lo atienden en serio, en todos los ámbitos. Rápidamente, entras a formar parte de la sociedad y empiezas tu nueva vida”.

Desde Estados Unidos, José Rodríguez, afirma que, al tener la condición de asilado (en EE UU, cuando se solicita la protección dentro del país, se le da esa denominación), obtienes casi los mismos beneficios que un ciudadano estadounidense. “Puedes obtener licencia, permiso de trabajo, seguridad social, becas de estudio para todos los niveles… Aquí, cuando tienes legalidad, cuentas con todos los beneficios, estás protegido. El Estado te da muy buena acogida”.

Perú desbordado

Más de 862 mil venezolanos han llegado a Perú. La gran mayoría ingresan por vía terrestre, a través de la frontera ecuatoriana. Más de 482.500 han solicitado la condición de refugiados y solo 1200 la han obtenido, según datos de Acnur.

refugiados

Esos casi 500 mil venezolanos, al solicitar refugio, ya no pueden ser devueltos a su país. Sin embargo, el carnet de solicitante de refugio, que deben renovar cada 3 meses, no es tan válido como quisieran. Al igual que en Colombia, aunque el Ministerio del Trabajo le otorga validez, muchas empresas no lo aceptan y ni siquiera la Superintendencia Tributaria les permite obtener el RUC (información fiscal para poder cobrar por trabajos por honorarios). Eso deja a esta gran población en un limbo, ya que no pueden ser expulsados del país, pero tampoco pueden trabajar legalmente. Menos aún después de 2019, cuando se eliminó el Permiso Temporal de Permanencia, instrumento que emitía el Estado peruano como parte de las buenas prácticas hacia los refugiados.

Saturación y lentitud

La gran cantidad de solicitantes hace que la Comisión de Refugios esté saturada y que los casos sean evaluados con lentitud. Los favorecidos han sido 1200. Sin embargo, ese reducido contingente no percibe que hayan tenido los beneficios establecidos en la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados. Una muestra es que no existen programas de asimilación para empleos. En 2020, se creó un estatus espacial para los médicos, con motivo de la pandemia de Covid-19. Sin embargo, el resto de los profesionales no tienen “el trato más favorable” del que habla el referido convenio. Ni siquiera para el reconocimiento de títulos universitarios, pues les exigen un apostillado que es casi imposible lograr en Venezuela.

 

refugiados

Limitaciones en salud y educación

En cuanto a la esfera educativa, los niños y adolescentes tienen asegurada la educación en su nivel elemental. Sin embargo, según afirman las madres de varios consultados, se les asigna el horario más desfavorable -el vespertino- y no tienen derecho a becas. Toas las becas y ayudas tienen como condición indispensable «ser peruano», lo que contraviene el artículo 22 del tratado. Ni siquiera apelando a la propia Comisión de Refugios se ha logrado que tengan la oportunidad de participar, obligándolos a insertarse al mercado laboral sin mayores oportunidades.

Tampoco podían afiliarse al Sistema Integral de Salud peruano, hasta que en abril de 2020 lo permitieron, pero solo por la pandemia de Covid-19. De resto, deben costearse sus propios gastos de salud.

 

Aunque el estado peruano es signatario de la Convención y solo tiene 1200 refugiados venezolanos, no los incluyó en la asistencia pública ejecutada durante el Estado de Emergencia, pese a que el tratado así lo establece.

Futuro incierto

La crisis sin precedentes que atraviesa Venezuela sigue manteniendo en zozobra a su población. Se ha registrado un aumento del 8.000% en el número de venezolanos que solicitaron la condición de refugiados en todo el mundo, desde 2014. Principalmente, en las Américas, según datos de Acnur. Para esa población es todo un reto no solo lograr el respeto a los derechos humanos de los refugiados. También lo es conseguir la inserción efectiva en la sociedad del país receptor.

Otras naciones de América Latina que validaron los convenios de Mercosur, como Argentina, u otorgaron visas humanitarias, como Chile, tienen menos refugiados venezolanos. En consecuencia, hay allí menos casos vulnerables. La pandemia ha frenado el proceso de emigración de Venezuela. Sin embargo, es incierto el futuro post-COVID-19.

La coyuntura actual

Actualmente, Acnur, junto con sus socios, trabaja en el estado de emergencia mundial que ha generado el coronavirus. Fundamentalmente, para responder a las necesidades de alojamiento, alimentación y asistencia médica de los refugiados, quienes sufren el desarraigo y ahora los estragos de la pandemia.

refugiados

El 26 de mayo de 2020, la Comunidad Internacional de Donantes, en conferencia internacional, prometió más de 2 mil 800 millones de dólares para los refugiados venezolanos. En este Día Internacional de los Refugiados, los venezolanos tienen la esperanza de ser beneficiados con esos recursos.

Acnur tiene el reto de convertir la Convención del Estatuto de Refugiados en letra viva. Eso supone lograr que los Estados receptores sigan el ejemplo de Canadá y Estados Unidos en la materia, puesto que, al no tener mucha experiencia en la materia, sus buenas prácticas terminan siendo muy poco efectivas.