En Canoabo el cacao es más que una esperanza

En esta población de Carabobo, el cacao es una realidad tangible que atrae a cientos de personas en la búsqueda del conocimiento del proceso que inicia con las semillas y que culmina con tabletas de chocolates producidos en la Hacienda San Cayetano

En Canoabo el cacao es más que una esperanza

En la población de Canoabo, en el municipio Bejuma de Carabobo, el cacao es mucho más que una esperanza. La siembra, el cultivo y el procesamiento de estos granos  en la Hacienda San Cayetano es una realidad que impulsa y da trabajo a los habitantes del lugar.

Rodrigo Morales, director de Chocolate Valle Canoabo, que es la marca de la hacienda, narró que la idea surgió cuando su padre, Luis Morales, que es chileno de nacimiento pero venezolano de corazón, quiso sembrar cacao cerca de Valencia. “Como gran lector, siempre supo que el cacao venezolano era el mejor del mundo. Y dijo: quiero sembrar cacao”.

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En esa búsqueda, Luis Morales recorrió numerosos pueblos de Carabobo, Aragua y Yaracuy hasta que llegó a Canoabo. Allí quedó prendado de este sitio en los valles altos de Carabobo.

“Se enamoró de su paisaje, su tradición, su gente y a finales de 2004, buscó esta hacienda y compró 17 hectáreas”, recuerda su hijo Rodrigo.

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Durante los primeros tiempos, la producción y cultivo de cacao fueron lo fundamental. En 2010 se incorporó Rodrigo y crearon la chocolatería.

“Chocolate Canoabo es más que una tableta. Representa al pueblo. Da mucho orgullo oír cómo la gente del pueblo dice que es su chocolate. En la hacienda San Cayetano puedes ver todo el proceso, desde la plantación, la postcosecha, la fermentación, el secado y hasta cómo hacemos el chocolate”, relató Rodrigo.

La ruta del cacao es para todos

Luis Morales, socio fundador de Chocolate Valle Canoabo, comentó que desde la época en que comenzaron con la chocolatería pensaron en el agroturismo, que también ha sido bautizado como chocoturismo porque está ligado al cacao y al chocolate.

Así surgió la idea de hacer una ruta para que la gente pudiera relacionarse con los árboles, los frutos y conocer cómo se fabrica el chocolate.

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“Junto al arranque de la producción de tabletas, iniciamos este tour”, refirió Morales.

El recorrido para los visitantes inicia en el vivero. Luego caminan hacia la plantación para ver cómo se cultivan los árboles. Allí observan el estado de las mazorcas, o frutos del cacao, y la cosecha.

“Después regresamos y vemos la postcosecha que es muy importante: la fermentación y el secado. La segunda parte es la visita a la chocolatería donde vemos, paso por paso, cómo convertimos una semilla de cacao en una tableta de chocolate. Finalmente lo probamos”, dijo el fundador de esta empresa chocolatera.

“El cacao ha estado ligado a la historia de Venezuela, no solo en tiempos de la independencia, sino desde la Colonia. Este fue el primer país exportador de cacao. Se vendía a España y luego a México. Fuimos, como país, los primeros exportadores. Tan importante era el comercio para el rey de España que aquí se estableció la Compañía Guipozcoana, con una sede en Puerto Cabello y otra en La Guaira”, prosiguió Morales.

Canoabo agrícola y estudiantil

Canoabo fue conocido siempre por ser un pueblo agrícola. Luego se instaló allí un núcleo de la Universidad Experimental “Simón Rodríguez”, la primera en ofrecer la carrera de Ingeniería de Alimentos.

Adicionalmente funciona la Escuela Técnica “Carlos Sanda”, que tiene entre su oferta la posibilidad de egresar como Técnico Medio en Agrícola, Pecuaria y Alimentos.  Por eso, Canoabo es considerada como una localidad también estudiantil.

Por ello en el pueblo dicen que un niño puede nacer en Canoabo y quedarse hasta finalizar sus estudios universitarios.

Sobre la producción

Luis Morales indicó que al comienzo tuvieron la idea de elaborar solamente chocolates oscuros y, al principio, produjeron dos tabletas: la de 60% y 70%. Así se mantuvieron un tiempo.

Pero luego aceptaron sugerencias, especialmente de los más jóvenes, que propusieron innovar en algunas barras con incrustaciones. “Surgieron barras con macadamia, nibs de cacao caramelizado, que son las que yo prefiero, cookies and cream y otras con sal marina. La gente las aprecia”, dice Luis.

Luego, los propios consumidores les animaron a elaborar chocolates más oscuros. Arrancaron con tabletas de 80% y 90% y, para sorpresa de los dueños de la chocolatería, los de 90% son de los más demandados.

“Hay una tendencia mundial de buscar alimentos más saludables. Y esto nos lleva a que estos chocolates no son chuchería, son alimentos”.

Las potencialidades de Canoabo

En Canoabo constituyeron la Asociación de Turismo, la Asociación de Agua Dulce y la Asociación de Productores de Cacao. Todas tienen menos de dos años de creadas. Sus miembros consideran que el turismo, junto a la transformación de materias primas como el cacao u otros rubros alimenticios, generarán empleo y mejores condiciones para los habitantes del pueblo.

Allí está la apuesta de hombres y mujeres que buscan dar a conocer las bondades del lugar que fue cuna del poeta Vicente Gerbasi y que sirve de asiento a la Cofradía de Diablos Danzantes de Canoabo, entre otros grupos culturales.

Francisco Moreno, cronista de Canoabo, es un enamorado de su localidad. Adquirió la casa donde nació Gerbasi y honra ese legado contando a los visitantes sobre el legado del poeta.

“Canoabo tiene una historia importante, potencial turístico, montañas exuberantes y majestuosas como Palmichal, Las Garcitas, El Cogollito, Agua Clara, Capita, Quebrada Bonita. Todas las bellezas naturales se las ofrecemos al turista regional, nacional e internacional”, expresó.

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Es un lugar para visitar, conocer su cultura y empaparse del aroma y el sabor del chocolate venezolano.