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En la oscuridad: Angel Heart y el nihilismo cínico de Alan Parker

Alan Parker, el director británico más conocido por grandes obras como La Pared, Evita, Fama, Mississippi en Llamas, Birdy, la Vida de David Gale, nos legó también una oscura película hoy de culto: la perturbadora Angel Heart, basada en el libro "Falling Angel", de William Hjortsberg, en la que visitó las facciones del mal.

En la oscuridad: Angel Heart y el nihilismo cínico de Alan Parker

La extraña y por momentos, desagradable película Angel Heart fue la séptima del recién fallecido director Alan Parker y también, la más problemática. Hasta entonces, el realizador había sido conocido por sus experimentos comerciales y en especial por Bugsy Malone, un musical con cierta ambición de entretenimiento en estado puro, que, sin embargo, ya mostraba algunas trazas de lo que Parker podía hacer con la oportunidad y las herramientas correctas.

El director, que estaba confinado al cine comercial, confesó después que estaba decidido “a dejar impronta” y que, por ese motivo, se obsesionó por encontrar un proyecto que “capturara su imaginación”. Y lo encontró.

La novela Falling Angel, de William Hjortsberg, ya traía un poco de mala fama a cuestas, cuando llegó a las manos de Parker. Publicada en 1978, contaba la historia de un detective que, por avatares y extraños trucos del destino, terminaba en medio de una situación cruenta, inquietante y al final, directamente aterradora. Para Hjortsberg, mezclar el género Noir con lo sobrenatural, terminó convirtiéndose en una extraña aventura que llegó a describir como “levemente espeluznante”, en sus diarios privados.

Hubo comentarios sobre sucesos inexplicables alrededor del escritor mientras escribía la novela. Al final, un rumor sugería que el argumento que llegó a ver la luz era muy distinto al original, lleno de referencias a cruentos rituales de brujería, violencia y asesinatos. Con todo, la historia de Hjortsberg sorprendió por su capacidad para crear una atmósfera malsana con pocos elementos originales. El detective Harry Angel, que debe dispustarse su alma en un juego misterioso en el que no sabe está incluido, es un personaje lo suficientemente profundo y extraño como para asombrar. Pero, sobre todo, la novela en general tiene algo de temible. Un cierto sentido del absurdo que la condenó — nunca mejor utilizado el término — a una especie de exclusión y rechazo por los círculos críticos estadounidenses. La novela vendió una modesta cantidad de copias y tuvo pocas reimpresiones. Y al final, pareció desaparecer en medio de la vorágine del mundo editorial.

Para cuando el libro llegó a las manos de Parker, el director había escuchado todo tipo de rumores acerca de su autor y la historia, exagerados y dramatizados por el inevitable boca en boca. Ya no sólo se hablaba sobre su carácter levemente siniestro, sino también, del hecho que la historia parecía sostener su propia estela de pequeñas tragedias. Hjortsberg había tenido problemas para publicar otra cosa en adelante, mientras, además, lidiaba con moderados e incómodos escándalos en la vida doméstica.

Pero para Parker — secundado por el productor Elliott Kastner — el tono y la forma en que la novela abría un espiral hacia el mal en estado puro, era tan provocativa como para animarle no sólo a dirigir, sino también, a crear una historia aún más oscura y misteriosa.

diría Parker en una entrevista para Variety. Y para algo semejante, necesitaba elaborar un discurso y una mirada sobre lo tenebroso entre sugerente e inédita.

Una rosa oscura, penitente y dolorosa 

Una vez que logró obtener los derechos, Parker decidió que adaptaría la novela a partir de una premisa básica: el hecho de lo Maligno como una tentación y un ente externo. Mientras que la novela jugaba con la ambigüedad y también, cierta noción onírica, para Parker era necesario que el espectador comprendiera desde las primeras escenas que la oscuridad — lo que fuera que pudiera simbolizar y en especial, en la forma en que decidiera mostrarse —  sería un juego de espejos que conduciría a un final desconcertante. Para comenzar, el realizador británico cambió el nombre de la versión cinematográfica de la novela de Hjortsberg por Angel Heart, lo que le permitía tomar algunas decisiones creativas que alejarían al argumento del bien y el mal — con ciertas connotaciones del Paraíso Perdido de Milton — y la retrotraerían a una noción más bíblica y dura sobre lo terrorífico.

Lo siguiente fue la locación: mientras la novela se desarrolla en Nueva York — convertida para la ocasión en una criatura misteriosa y viva que Harry Angel recorre aterrorizado —  Parker decidió que también se incluyera a Nueva Orleans, lo que además brinda una dimensión por completo nueva a las insinuaciones sobre vudú y lo sobrenatural. El realizador encontró la forma de combinar la sombra del mal en ambas ciudades — una sofisticada y elegante, la otra exótica y primitiva — hasta crear una original sensación claustrofóbica que su personaje principal estaría cautivo no sólo en las líneas de un mundo inquietante, sino también en un doble matiz de la realidad.

Ambas ciudades fluyen como pequeñas piezas de relojería, unidas por el Jazz, lo siniestro al margen de la historia y al final, la perpetúa sensación que lo desconocido habita en un lugar inquietante al borde de lo temible.

Parker también tomó otra decisión trascendental: cambió la época — y por tanto el contexto — de la novela en un pequeño giro que brindó a la película un aire por completo distinto al original literario. Mientras que en el libro de Hjortsberg la acción transcurre en los últimos meses del año 1955, en la película Parker muestra el brillo de ruptura del año 1959, el que considera la definitiva grieta de la Norteamérica limpia, rural e ingenua, con algo más inquietante.

“El libro está ambientado en 1959 y lo trasladé al ‘55 por una pequeña pero egoísta razón. 1959 estaba en camino hacia la década de los ‘60 con sus actitudes y entornos cambiantes. 1955 para mí todavía pertenecía a la década de 1940, y, debido al botón de pausa histórica de la Segunda Guerra Mundial, posiblemente a la década de 1930. Así de simple. Establecerlo en este año (1959) me permitió dar un aspecto más extraño y dual a la película”, contó el director al hacer un recorrido por su carrera en su página web.

El resultado fue una película macabra aunque elegante que rinde homenaje no sólo a lo mejor del cine Noir, sino también a cierto espíritu transgresor que Parker crea y sustenta con decisiones visuales y argumentales que sorprendieron a quienes, hasta entonces, le habían considerado un director menor sin verdadera capacidad para la experimentación. La combinación que logró entre una lóbrega y deslumbrante alegoría sobre la fragilidad de la cordura, la promesa rota de las creencias, los miedos primitivos y retorcidos de la consciencia y algo más amargo, demostró no sólo el talento de Parker para elaborar escenarios complicados a través de un profundo sentido de lo conceptual y lo individual, sino además un recorrido inquietante hacia algo más asombroso. La película rinde tributo a cierto tipo de lenguaje sardónico y temible — Angel Heart está llena de símbolos ocultistas y que aportan una renovada lectura a cada escena — y también, a la penumbra como un tipo de lenguaje angustioso y cada vez más profundo.

No hay nada sencillo en esta fábula sobre la caída a los infiernos de un demonio con rasgos humanos, una víctima penitente que no sabe que lo es y al final, la condena eterna en la forma de un elevador que se desliza hacia las sombras. Y la combinación de la complejidad sugerida con el terror convertido en un lenguaje misterioso es que lo que hace que Angel Heart sea algo más que una excentricidad y sí, un film muy cercano a una pieza de autor confusa por momentos, durísima en sus puntos más altos y al final, conmovedora por su capacidad para evadir una percepción simple sobre la identidad.

“Hay una rosa negra que se desliza entre las manos” dice uno de los personajes en el libro y la frase se traslada en toda su extraña belleza a la pantalla. Quizás el punto culminante de una mirada casi obscena a la belleza.

Estrellas oscuras

Para la ocasión, Parker tomó algunas decisiones interesantes con respecto al elenco que encarnaría a los extraños personajes de la película. Para Harry Angel — ese inquietante, ambiguo y roto detective privado — insistió en contratar a Mickey Rourke, convertido en una estrella controvertida luego de la película erótica 9½ Weeks, de Adrian Lyne. Se trataba de una decisión osada: Harry no era un protagonista al uso y de hecho, el personaje se transformaría lentamente en un hombre perdido, retorcido y al final temible, lo que no parecía coincidir con la imagen de chico sexy que encumbraba a Rourke. Pero Parker insistió y de hecho, después diría que el actor era la encarnación de la maldad “moderna”, con su personalidad fracturada y la extraña imagen de un individuo “muy cerca de la tentación y la caída en el desastre”.

Mickey Rourke, entonces una estrella consagrada por «Nueve Semanas y Media», como el detective Harry Angel.

Para el extraño cliente de Harry, Louis Cyphre, Parker imaginó a un hombre que pudiera brindar al demonio una personalidad humana. Un negociante nato, una deliciosa versión del pecado y además “un hombre con el que pudieras tomar una copa, a pesar del miedo”. Robert De Niro se convirtió en la elección natural para Parker, que, además, estaba convencido que el actor podía dotar  de un rostro comprensible a la abstracción del mal. No se trataba de llevar al público al infierno, sino de mostrar al infierno al público, a través de la sonrisa y la extraña percepción sobre la profundidad de lo temible que De Niro podía brindarle.

Robert de Niro como Louis Cyphre, el rostro del mal

Por último, la decisión más controvertida de Parker fue Lisa Bonet — hasta entonces sólo conocida por su actuación en el Show de Bill Cosby —  fuera Epiphany Proudfoot, una bruja de poderes misteriosos, que además, tendría escenas de sexo explícito en pantalla. “No parecía una buena decisión y por ese motivo, la tomé”, comentaría después Parker, sorprendido del revuelo que causó el hecho de ver a la hija de Norteamérica, a la niña buena de la televisión del país, convertida en una criatura maligna, sexualmente agresiva y al final, inquietante.

Lisa Bonet, como Epiphany Proudfoot, una bruja de poderes misteriosos. 

Fue un acto de profanación para la moral estadounidense y de hecho, toda la película está encaminada a sostener un aire blasfemo. El camino de Ángel hacia la condenación — y descubrir, al final de todas las cosas, que su pasado y futuro le esperaban en la misma habitación — , es un acto de osadía argumental que Parker asumió cambiando el foco de atención: en lugar de mostrar la dimensión lóbrega del personaje de De Niro — en la novela “más grande que la vida” — , el guion mira casi con simpatía a Harry, que poco a poco desciende entre sangre, engaños, traiciones y horror, hacia un tipo de oscuridad inesperada que sorprendió e incómodo al público de la época. Con su cinismo nihilista casi descarnado, Angel Heart se convirtió en un film difícil de digerir y una pequeña joya oscura, que aun mantiene su insólito poder de seducción.