En Los Palos Grandes pintan murales para alegrar la vida

La urbanización está por cumplir 92 años desde su fundación. Aunque se trata de una cotizada zona de clase media, no es una burbuja dentro del océano de problemas del país. Por ello, sus vecinos se organizaron y a pesar de la pandemia y de la crisis nacional, decidieron ponerle arte y color

En Los Palos Grandes pintan murales para alegrar la vida

“Ay, José Gregorio, que no llueva hoy. Queremos terminar tu mural”, dice la señora Carmen, mirando al cielo con esperanza, mientras sus vecinos montan un toldo y ponen sobre la mesa unos pinceles y potes de pintura.

Se encuentran al comienzo de la primera avenida de Los Palos Grandes, entre la primera transversal y la avenida Francisco de Miranda. Unos edificios más allá están los chinos de la urbanización, tan populares y conocidos en la zona.

Un sol resplandeciente aleja los nubarrones y, entonces, pueden comenzar a pintar la obra de la semana: la réplica de “Un beato en Wynwood”, hecha por Eduardo Sanabria (Edo), que ilustra 6 facetas de José Gregorio Hernández: ícono, médico, cirujano, venezolano, trujillano y civil.

Lo que hace dos años empezó como un proyecto para celebrar el 90 aniversario de la fundación de Los Palos Grandes, se convirtió en una sólida agrupación vecinal que, más allá de la recuperación de espacios, les permite reunirse, conocerse y, ante la pandemia y con medidas de bioseguridad, compartir fuera de casa. Así lo siente la señora Carmen y por eso pide a José Gregorio.

Palos Grandes

(Fotos: Ramses Mattey)

Ella tiene una emoción que contagia, una sonrisa que entre las gaitas que suenan al fondo y la energía con la se prepara para el proceso creativo, hace olvidar por un rato los problemas y la rutina macondiana caraqueña. “Esto para mí ha sido un placer, porque yo estaba en una crisis. Me agobiaba estar metida en mi casa porque la pandemia me dejó sin trabajo. Yo tenía una librería en el Colegio San José de Tarbes en El Paraíso y cerramos por la cuarentena”, cuenta.

Los 24 años que llevaba sirviendo como librera en el San José de Tarbes se esfumaron de la noche a la mañana.

El 12 de marzo de 2020 las clases presenciales se suspendieron y, aunque el colegio continuó sus actividades virtualmente, con ellas también se fue el trabajo de Carmen. Encerrada, solo salía a comprar comida. En una de esas idas y venidas se encontró con Doménico Helmeyer, el vecino que está detrás del proyecto de los murales y de LPG de Noche –el nombre de la agrupación nacida en 2019–, quien le propuso participar. Sus ojos brillan cuando lo dice: es alegría.

“Cada mural ha sido una satisfacción increíble, de verdad. Nos dedicamos mucho. Nunca en mi vida había hecho cosas así. Esto es un placer, es maravilloso y estoy encantada, creo que llevamos 23 murales ya, imagínate”. A pesar de llevar más de una década viviendo en la zona, es la primera vez que coincide y comparte con otros vecinos, lo que representa una paradoja: en pandemia y ante la crisis sanitaria hizo más amigos que antes, cuando solo se ocupaba de la rutina diaria en el trabajo y de las labores del hogar.

Los murales también fueron un respiro para Jennifer, su hija. Ella tiene 22 años y no pudo continuar sus estudios universitarios por falta de dinero. Trabajaba vendiendo dulces en el San José de Tarbes y con lo poco que cobraba podía pagar su carrera de Idiomas Modernos. Aunque considera que ahora tampoco está perdiendo el tiempo: la realización de los murales la mantiene activa dentro de las actividades que organiza en LPG de Noche.

Colores que alegran el día

“La gente se deprime cuando ve la pared fea. Eso psicológicamente incide en las emociones. Esto no sólo acaba con eso, sino que también contribuye con la colaboración entre los vecinos. La gente cuida sus paredes, sus espacios”, explica Doménico Helmeyer, quien ya tiene más 40 años viviendo en la zona.

Él es el responsable principal del proyecto, quien, en consenso con los demás vecinos, decide cuáles artistas y obras hacer en las paredes a restaurar: “Lo que buscamos es crear esperanza y fe frente a los problemas. No somos una burbuja. Estamos lejos de nuestras familias. Hay mucha gente de la tercera edad que no puede salir a pasear. Hay muchas calles abandonadas, con indigentes, los niños del hampa que se apoderan de estos espacios. Muchos vecinos se sienten encerrados, encarcelados en sus propios hogares. Tratamos de fomentar que las personas salgan, que caminen, que hagan ejercicios, que formen actividades culturales, una asamblea de ciudadanos, por ejemplo, esas cosas se hacen al aire libre.

—¿Y ha funcionado?

—Al mejorar el entorno la gente cambia de actitud. Antes caminaban con la cabeza agachada, mirando hacia el piso, de forma triste, pero ahora, cuando ven un mural con luz, con brillo, con colores, se alegran. Tratamos de crear un efecto dominó en la urbanización, que se replique y los motive. Por ejemplo, están muy agradecidos con Edo porque sus familiares se tomaron la foto con el mural de Wynwood. Los que están aquí no pudieron hacerlo. Este mural es como conectarse con sus familiares. Dicen: “tú estás con tu beato allá y yo estoy con el mío aquí”. Es el mismo beato y el mismo artista.

Palos Grandes

—Está Edo, pero también hay otros artistas. ¿Cómo los seleccionan?

—La selección de los artistas se inició con las diferentes galerías que estaban aquí en la zona. Esas galerías proponían a sus artistas plásticos y, nosotros, un grupo de vecinos donde estamos arquitectos y diseñadores, según las obras propuestas, veíamos la factibilidad de replicarlas en las paredes y muros. Al principio hubo algo de negación de darle color a la calle. Algunos querían gris, beige, negro, blanco. Creo que es porque los edificios de la zona datan de los años 60 y 70, cuando se usaban colores neutros. La idea no es pintar por pintar, es crear una obra de arte, un espacio con color en el que se pueda compartir. La pandemia imposibilitó ir a los museos, pero aquí se puede caminar al aire libre, en una ruta para la familia y para tomar fotos.

—¿Y reciben apoyo de alguna institución?

—Esto es esencialmente vecinal, aunque lo hacemos también de la mano de la junta de condominio, con el apoyo de la Alcaldía de Chacao, de Pinturas Venex, con voluntarios, con las chicas de Mandala Callejero y algunos de los comercios que hay por acá, porque esto mejora la fachada de los edificios y el avalúo del inmueble. Incluso contamos con la gente que está afuera, el apoyo de Edo lo demuestra. Le escribí por Instagram y aceptó. Las personas que están afuera no dejan de apostar por el país. Es muy bonito, la verdad.

Oportunidades y sociedad civil

Leonel González es un pintor autodidacta que encontró en los murales una oportunidad para darse a conocer. Un día lo llamaron de Utopía 19, una galería ubicada en El Hatillo, y le preguntaron si estaba disponible para replicar la obra de Edo Ilustrado. Él no sabía quién era y comenzó a investigar. Entonces, entró en contacto con Doménico Helmeyer y se convirtió en el artista plástico que dirige a los vecinos en esta pintura.

Fue a los 25 cuando Leonel se dedicó de lleno a las artes plásticas. Han pasado 7 años ya. Tiempo que le ha permitido darse a conocer en algunas galerías nacionales e internacionales, aunque asegura que es a través de Instagram por donde se le da mayor difusión a su trabajo. “Este es mi primer mural y mi primer trabajo con tantas personas. Ellos son los protagonistas de esta tarea, están siempre animados y hacen todo, solo dirijo nada más”.

Palos Grandes

Si bien se trata de una actividad vecinal, varios de los involucrados tienen experticia en el arte y la creación visual. Carolina Quevedo, por ejemplo, es diseñadora gráfica y vive en Los Palos Grandes desde que tenía 6 años. Le fascina haber encontrado una actividad con la que puede unir su compromiso vecinal y su pasión profesional. “A mí esto me alegra la vida, me permite socializar y pintar, que me encanta porque trabajo con colores. En Los Palos Grandes me crie, me casé y volví después de que me divorcié”.

Entre los vecinos pintores también se encuentran las integrantes del grupo Mandala Callejero, quienes llevan a cabo actividades culturales similares, pintando paredes y muros en varias zonas de Caracas.

Patricia Montero, una de ellas, decidió apoyar la iniciativa de Los Palos Grandes. El grupo en total suma 19 personas que se juntaron por un propósito: “Se trata de recuperar espacios públicos para los caraqueños desde la sociedad civil. Aunque con esto no podemos restablecer la calidad de vida que teníamos antes, sí permite conectarnos como ciudadanos para transformar nuestra realidad y adaptarnos a unas circunstancias pandémicas que no previmos”.

 

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(Foto: Daniel Hernández)

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