En los senderos criminales de El Ávila

Las áreas verdes de una ciudad están destinadas al divertimento y recreación de los ciudadanos. Pero su uso se ha desvirtuado desde hace ya tiempo. Muchos han sido víctimas de la inseguridad en parajes bucólicos. Historias de robos, amenazas y hasta violaciones se pierden en las hojarascas y helechos de llantos. Ni en la madre naturaleza se está a salvo

En los senderos criminales de El Ávila

Era sábado, temprano en la mañana. Daniela Ponte, una estudiante de 21 años, llamó a un amigo para subir a El Banquito, en el Parque Nacional Ávila. Una vez que emprendieron la ruta, avizoraron a dos muchachos sentados en el suelo. Ella los recuerda jóvenes, con atuendos atléticos, un par de deportistas más. Les preguntaron por el camino y se lo indicaron.