En Venezuela no somos alemanes

Existe una intención, sana o malsana, dependiendo de donde provenga, de regocijarse con supuestos avances del fútbol venezolano. No se puede ser mezquino como para negar que hay mejoras que deben sostenerse y promocionarse, pero tampoco se puede ser alcahuete y vender la idea de que el balompié criollo transita un camino de transformación similar al que grandes potencias, como Alemania, supieron recorrer.

En Venezuela no somos alemanes

Muchos dirán -con razón- que apenas transitamos la primera semana del año y que no es momento para amargarse la existencia con denuncias o señalamientos, pero me va a disculpar, estimado lector, y es que a la “viveza criolla” hay que enfrentarla sin reparar en fechas ni fiestas. Son demasiados los vividores que hoy se arriman al poderoso de turno y mañana, cuando éste caiga en desgracia, serán los primeros en alejarse. Son profesionales del oportunismo, hijos de las más básicas necesidades y representantes de las mayores miserias del espíritu humano.

Estos dependientes del poder se han llamado a silencio ante un panorama que, aunque suene extremista, es más alarmante que los vividos con anterioridad. No le miento: hasta este momento no existe un calendario aprobado y publicado del año futbolístico en nuestro país. Más allá de que éste sea expuesto en las próximas horas (está prometido para el martes 10 de enero), todos y cada uno de los actores han quedado como perfectos representantes de esa viveza criolla que aconseja dejar todo para último momento.

No somos alemanes, y hay más episodios que así lo confirman.

Por ejemplo, la Asociación de Clubes Profesionales del Fútbol Venezolano inauguró a finales de 2016 su propia sede, y además anunció estar facultada para hacerse cargo y desarrollar la figura de una liga profesional, lo que constituye un avance maravilloso. Ahora bien, un paso semejante no puede ir en solitario; los equipos criollos no deben obviar su objetivo, que no es otro la sustentabilidad de su negocio. Y es que más allá de las buenas intenciones del conglomerado de clubes, cada institución debe velar primero por su existencia, entendida esta como la capacidad de mantenerse en un contexto de crisis como el que vive nuestra nación.

Si repasamos el comportamiento de los equipos venezolanos luego de la firma con la televisora uruguaya GolTV, podríamos sospechar que poco se ha hecho para lograr lo que antes mencionaba. A escasos instantes de comenzar una nueva temporada, ¿cuántos equipos han mejorado su infraestructura? ¿En qué invirtieron el dinero de ese acuerdo? ¿Están mejor preparados nuestros entrenadores? En fin, va quedando claro que ni somos alemanes ni nos interesa estudiar su caso.

¿Cuál es el ejemplo germano? Allá por el año 1999, tres años antes de que el equipo nacional teutón disputara la final del Mundial Corea y Japón, sus autoridades, entendidas como los rectores de clubes y equipos nacionales, debatían y formulaban un nuevo modelo metodológico que les permitiese, tanto a equipos como a selecciones, adaptarse a los nuevos tiempos y con esto aumentar la competitividad de un fútbol ya rico en historia y triunfos.

Comprendamos la magnitud del caso en cuestión: Alemania ya ostentaba en sus vitrinas tres títulos mundiales, así como innumerables trofeos continentales, tanto a nivel de selecciones como de clubes, pero siguiendo el consejo de los grandes conocedores de la evolución humana, no se dejaron iluminar por el brillo de estos trofeos ni por llegar a una nueva final de un mundial, sino que mantuvieron la mira en favor de su propia progresión. Mientras tanto nosotros, que transitamos una etapa parecida a la niñez futbolística, vivimos en un contexto en el que los alcahuetes celebran y callan ante tanta improvisación.

¿Cree que exagero? Este es nuestro fútbol hoy:

– A escasas semanas de comenzar el torneo todavía no hay calendario definido.

– No hay directores de metodología en los equipos que se encarguen de promover un aprendizaje real de esta disciplina.

– Solo un puñado de equipos tienen canchas de entrenamiento propias.

– El mercado de fichajes es una ilusión porque aquí nadie informa de las transacciones.

– No existen programas de TV que opinen o analicen lo que sucede en cada jornada. De hecho, tampoco hay repeticiones de las transmisiones de los partidos.

– Tampoco abundan casas clubes, comprendidas como el lugar en el que vivirán y estudiarán los chicos de las categorías juveniles e infantiles. Una pensión no se compone únicamente de habitaciones, sino que debe ser un segundo hogar para esos jóvenes valores.

– No hay acuerdos con clubes del primer o segundo mundo futbolístico, algo que China, en medio de su histérica vorágine de fichajes sí ha alcanzado justamente con sus pares alemanes.

– En la segunda década del siglo XXI la ciencia y el fútbol venezolano se conocen de vista, y mientras en el resto del continente empieza a hablarse de neurociencias, de temas cognitivos, en nuestro país, hasta los autodenominados analistas deportivos se ríen de esos conceptos.

– Los equipos no son clubes y pertenecen a sociedades desconocidas o a algún órgano del estado regional.

Las nuevas realidades de Tomás Rincón, Alejandro Guerra, Arquímedes Figuera, Rafael Acosta y demás jugadores criollos en el extranjero dieron fuerzas a los funcionarios del balompié criollo para asegurar que todo va viento en popa. No puede culpárseles de defender su negocio, pero el lector, que no come ni se lucra con esta actividad, puede repasar esa rápida lista que antes enumeré para comprender que ni todo está bien ni se trabaja tanto en el futuro como los militantes quieren hacernos creer. Vale preguntarse qué pasaría con la gran mayoría de equipos si, como desde hace casi cinco años viene advirtiendo Laureano González, se aplicara el Reglamento para la Concesión de Licencias de Clubes FIFA. Como se puede concluir, no es el mensajero a quien deben enfrentar los directivos sino a sus obligaciones.

Sé que mi exposición no sorprende a nadie y que todo esto que menciono es tan cierto como viejo, pero ya le decía que a la viveza criolla hay que combatirla sí o sí. En momentos en los que los equipos están en sesiones de readaptación a la competencia, solamente existe la confirmación de la TV en los torneos de primera y segunda, así cómo las celebraciones de aquellos que interesadamente, ante este panorama, se “hacen los suecos” y siguen tocando sus notas al igual que los músicos del Titanic.

Pero eso ya usted lo sabía, de la misma manera que también estaba claro de que en Venezuela, y cómo no ,en nuestro fútbol, los venezolanos no somos alemanes.