ENTREVISTA | Hijo de preso político de Fidel cuenta lo que vivió su padre

“15 de diciembre de 1959. A las cuatro de la tarde nos regresan al tribunal. En los momentos previos a esta última sesión hablo con mi esposa, que se acerca tan llena de dolor como de secreta esperanza. Ella presenció, en horas de la mañana, aquel insistente: '¡Paredón! ¡Paredón! ¡Paredón!'…”, que un pequeño grupo profirió ante las puertas del edificio donde nos encontrábamos”, escribió Huber Matos en su libro de memorias llamado Cómo llegó la noche.

ENTREVISTA | Hijo de preso político de Fidel cuenta lo que vivió su padre

Muchos sienten que la noche eterna que se cernió sobre Cuba desde 1959 comenzó a levantar en la isla luego de que el dictador Fidel Castro muriera el pasado viernes 25 de noviembre en La Habana. Aunque no signifique un giro inmediato en las condiciones del país, el hijo de Matos, uno de los presos políticos más importantes de la Revolución, expresó que “ya algo ha cambiado”.

Huber Matos lleva el nombre de su padre. Tiene 72 años y vive desde los 15 en Costa Rica. Tuvo que huir del régimen cubano luego de que su papá fuese condenado a 20 años de cárcel. Tras la muerte de Fidel sostuvo: “En la psique de la mayoría de los cubanos hay algo que se rompió, un temor al gran represor y subconscientemente la gente siente un  nivel de liberación porque aquel individuo que los había subyugado, ya no está”.

Según su opinión, queda en su lugar otro dictador que no tiene capacidad ni la posibilidad de defender su tiranía como hizo Fidel. «La gente ve en Raúl Castro un dictador en pequeño, no a aquel sujeto que era invencible desde el punto de vista psicológico. Al que todo le salía bien”, añadió para El Estímulo.

Ante el fallecimiento de Castro, Matos expuso que reaccionó “con sorpresa y alegría” pues “donde muere un dictador habrá más libertad”.

El cubano quien es uno de los fundadores del grupo opositor Cuba Independiente y Democrática (CID), que se fundó en octubre de 1980 en Venezuela con el apoyo de Acción Democrática  y COPEI, hace un símil con lo que sucedió en Venezuela. “(La muerte de Castro) es algo así como cuando se murió (el presidente Hugo) Chávez. En ese momento murió algo más que Chávez. Quedó (Nicolás) Maduro, un dictador en pequeño”.

El padre de Matos fue acusado por Fidel como “traidor de la Revolución”. El ex comandante rompió con Castro en 1959 y pasó dos décadas en prisión antes de partir al exilio. Murió 34 años más tarde en Miami (Estados Unidos).

El dirigente que perteneció –igual que Castro- al Partido Ortodoxo se separó de Fidel “porque la Revolución le prometió al pueblo una democracia multipartidista, y en los primeros meses después del triunfo revolucionario el 1 de enero de 1959, empezó a notar que el proceso estaba tomando el rumbo de una dictadura comunista».

Según indicó, Matos habló con Fidel sobre este asunto y este le contestaba que eran influencias del Che (Guevara) y de Raúl (Castro) y que lo resolvería. Cuando se dio cuenta de que Fidel no tenía interés en acomodar este problema, renunció  a su jefatura en el Ejército Rebelde.

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Su papá estuvo a punto se ser fusilado luego de ser apresado el 21 de octubre de aquel histórico año en Camagüey. Luego de la detención, Castro preguntó a una muchedumbre durante una manifestación que si era justo ejecutarlo. La gente contestó: «Paredón» (que los fusilasen).

Después del mitin, Fidel llamó a una junta de gobierno para definir la suerte de Matos. El Che Guevara y Raúl Castro favorecían la ejecución y tres de sus ministros que cuestionaron las acciones de Castro fueron de inmediato reemplazados por figuras incondicionales al gobierno. Al final, Castro decidió en contra de la ejecución, explicándose: «No deseo convertirlo en un mártir».

El día del juicio

Huber Matos (hijo) recuerda ese 15 de diciembre. “Mi padre llegó a las puertas del teatro donde se realizaba el juicio. Nosotros estábamos ahí”, contó quien para aquel entonces contaba con 15 años de edad. “Yo creo que yo estaba aterrorizado”.

La audiencia se celebró en una ciudad militar que en tiempos de la Revolución la rebautizaron con el nombre de Ciudad Libertad, aunque en realidad el sitio significaba todo lo contrario. Se trataba de un campo militar.

“Cuando mi padre llegó al teatro escoltado había como 200 rebeldes, los llamados soldados de la Revolución, quienes sorpresivamente comenzaron a aplaudirle”, recordó con emoción.

El proceso judicial duró varios días. “Tuvo careos con Raúl y con Fidel, pero él quedó muy bien pues Fidel estaba tratando con un individuo que no tenía miedo y que tenía gran capacidad de oratoria. Él tenía la verdad y no tenía miedo de que lo fusilaran. De hecho, mi padre hace un alegato muy bien construido y los militares que estaban en el juicio incluso se levantaron y lo aplaudieron”.

Rememora que la reunión que hizo la familia tras aquel evento estuvo marcada por una profunda sensación de sorpresa. “Mi abuelo que era un hombre muy especial, tenía 70 y pico de años y lo esperó 20 años más (los de la prisión). Luego de que mi padre salió de la cárcel, mi abuelo se enfermó en Puerto Rico y le dijo: ‘Huber no te vayas ahora que ahora me voy yo’, y luego se murió”.

El fervor de Matos

Cuando el dictador Fulgencio Batista (1940-1944; 1952-1959) dio un golpe de Estado en 1952 que derrocó al presidente democráticamente electo Carlos Prío Socarrás, Huber Matos comenzó a alejarse de la docencia para dedicarse a la lucha contra el dictador. Luego se unió al proceso que llevaría adelante Fidel Castro.

Su hijo asegura que cuando aún no estaba vinculado al movimiento 26 de julio ni a Fidel, “un día estaba escuchando la radio y lo estaba mirando. Estaba muy molesto porque Batista había dado un golpe y llamó a unos estudiantes a una manifestación. Cuando vinimos a ver, estábamos visitándolo en la cárcel”. En el 52 lo metió preso Batista y en el 59, Fidel.

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En esta fotografía Castro acusa a Matos de «traidor»

Los 20 años de cárcel

Matos recuerda como un período “doloroso” los años de prisión de su padre, quien cumplió la mayor parte de la condena en el penal de la Isla de la Juventud. “Desde niño mi padre era un hombre tan especial, verlo preso y condenado de manera brutal e injusta era duro. Cuando yo era niño, él era profesor, además la familia trabajaba en una finca de arroz. Le tenía una admiración tremenda. Era muy carismático y cariñoso”, aclara que posiblemente “los niños piensan así de sus padres”.

Refirió que en el pueblo donde vivían lo buscaban para que dijera los discursos cuando moría alguien. “Desde muy niño me di cuenta que, entre los hombres que conocí, era un tipo diferente. Recuerdo inclusive me dijo una vez: ‘oye que la China va a ser un país muy poderoso’, y luego añadió: ‘es que van a ser muchos chinos’”. También tenía sentido del humor.

Matos lo visitó en la cárcel tan solo una vez, a sus 15 años. Luego se fue a Costa Rica con su madre. “Lo pude ver 20 años más tarde. Hizo una huelga de hambre en la que lo torturaron”.

Contó que lo liberaron porque había cumplido la condena y Fidel Castro había llegado a la conclusión de que Huber Matos con una prisión continuada  -que sería muy difícil de justificar- le iba a  perjudicar más internacionalmente.

“Tres días antes del 21 de octubre del 79, yo estaba muy preocupado. Habíamos esperado 20 años y creíamos que iba a ser muy difícil que saliera con vida”.

Fue gracias al apoyo del entonces presidente de Costa Rica, Rodrigo Carazo Odio (1978-1982), que su padre llegó al país centroamericano. Carazo mandó a tres hombres de confianza a Cuba, entre ellos a su propio hijo Mario y al encargado de la Seguridad Nacional. Llegaron a La Habana, fueron ante las autoridades y dijeron: “venimos a buscar a Huber Matos que ya cumplió”, y se lo entregaron.

Lo primero que quería hacer Huber al salir de prisión era ir a Yara, municipio de la provincia de Granma, su lugar de nacimiento donde está enterrada su madre.

“Él no quería salir de Cuba pero le advertí que su insistencia en quedarse podía ser mal interpretada. Me hizo caso y salió”.

Sus últimos días

Huber Matos falleció en Miami la madrugada del 27 de febrero de 2014. Tenía 95 años. La causa de la muerte fue un “ataque masivo del corazón”. Su hink lo  recuerda como un hombre que adoraba la música, tocaba guitarra y cuyo plato preferido era muslo de pollo «todos los días», comenta entre risas.

“En los últimos momentos de su vida yo estaba conversando con él por Skype. Lo último que me dijo fue: ‘la lucha continúa, viva Cuba libre’. Luego se murió”.

La esposa de Matos falleció hace cuatro meses en Costa Rica. Ambos cuerpos descansan juntos en el cementerio de San José hasta que Cuba “sea libre”, según pidió el político en su propio testamento.

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 Foto cortesía lainformación.com del entierro de Huber Matos en Costa Rica

Sobre Venezuela

Huber Matos reflexiona sobre la situación que viven Cuba y Venezuela. “Estos procesos sociales y políticos hay que verlos con la lupa de la historia. Los seres humanos hemos ido ganando milímetro a milímetro. A veces parece que el mal va a triunfar, pero como sucedió con Hitler, luego pasa que lo pierde todo. La marcha de la humanidad es una marcha hacia el progreso. Aunque Cuba y Venezuela están pasando por una terrible situación porque están siendo dirigidos por unas gentes que no tienen capacidad de producir o de estimular a los seres humanos, no puede mantenerse en el poder porque no son ni lagunas, son pantanos”.

Matos dice que no ha vuelto a su tierra y recalca: “no visito ningún país donde haya una dictadura. Menos el mío”.

Sobre los movimientos opositores en la isla asegura que sí hay una oposición organizada y “otra cuyas actividades son más dirigidas a lograr cierta simpatía en el exilio cubano”, pero reconoce que la lucha en Cuba “no es fácil”.

“No porque estén divididos, sino porque el pueblo cubano ha perdido la esperanza en el futuro. No es el régimen, la población ha perdido la fe. El pesimismo es el mejor aliado de las dictaduras”, finalizó. 
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