España abre incierta etapa política

La fractura del voto entre cuatro opciones que pronosticaban las encuestas se cumplió en los comicios locales domingo.

España abre incierta etapa política

La convivencia entre los viejos y los nuevos partidos y su capacidad de entenderse marcará el futuro político de España a seis meses de las elecciones presidenciales.

La fractura del voto entre cuatro opciones que pronosticaban las encuestas se cumplió en los comicios locales domingo. El gobernante Partido Popular perdió su hegemonía territorial, pero el Partido Socialista no logró capitalizar el castigo a la derecha.

Las nuevas formaciones emergentes, sobre todo Podemos y en menor medida Ciudadanos, serán decisivas para la gobernabilidad del país. Los mercados saludaban con dudas y una fuerte caída de la bolsa el nuevo escenario.

«Tenemos dos bloques ideológicos que parecen consolidarse», dijo Juan Jesús González, profesor de Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia. «De un lado, la derecha y el centro que presentan PP (el Partido Popular) y Ciudadanos, y de otro la izquierda, con socialistas y Podemos. El peso relativo de ambos se divide al 44%».

Los españoles eligieron 8.120 ayuntamientos y los gobiernos de 13 de las 17 regiones del país. La participación nacional fue de 65%, muy similar a la de hace cuatro años. Lo que demuestra, según los expertos, que los españoles están cambiando de voto.

«España ha dejado de votar por tradición», indicó María José Canel, catedrática de Comunicación Política en la Universidad Complutense de Madrid. «Casi uno de cada dos votantes han cambiado la opción de voto que mantenía».

La larga crisis económica, el desempleo y algunos escándalos de corrupción han erosionado el bipartidismo, que cayó 13 puntos con respecto a 2011 y apenas supera 52% del total de las papeletas.

Los dos termómetros de ese cambio fueron Madrid y Barcelona. Dos coaliciones de izquierda popular, que apoya Podemos, ganaron provisionalmente las alcaldías más importantes del país barriendo a populares y socialistas.

«Estas elecciones son el final del ciclo que empieza con la transición a la democracia (tras la muerte del dictador Francisco Franco en 1975)», dijo González. «Cambia el sistema de partidos y lo que está por ver son las implicaciones de todo esto».

«Algunos hablan de segunda transición. Otros, de un simple cambio de actores», añadió.

El presidente Mariano Rajoy todavía no ha hecho una valoración del resultado.

La pérdida de más de 2,3 millones de votos y posibles pactos de izquierda han hecho que la derecha pierda poder territorial. Podemos y Ciudadanos se han quedado con la llave de muchos gobiernos después de 35 años de alternancia entre populares y socialistas.

«Quien quiera entenderse con nosotros tendrá que dar un giro de 180 grados en las políticas de recortes, que han sido un fracaso», dijo el politólogo Pablo Iglesias, líder de Podemos.

«La gran noticia es que a partir de ahora los acuerdos no se harán por sillas y cargos, sino para beneficiar la vida de los españoles», aseguró Albert Rivera, presidente de Ciudadanos.

Rivera, de 35 años, e Iglesias, de 36, están llamados a jugar un papel fundamental. Rajoy aspira a repetir mandato en las elecciones generales previstas a fin de año, pero las encuestas coinciden en que no repetirá mayoría.

La fuga de votos a Ciudadanos no ha sido quizá todo lo grande que se esperaba. Pero el partido centrista de Rivera es ya la tercera fuerza municipal del país y ha triplicado su apoyo desde las elecciones europeas del año pasado.

Mientras tanto, los socialistas y Podemos se disputan el liderazgo de la izquierda de cara a las generales. Iglesias ha pegado un mordisco electoral al socialismo que, sin embargo, se mantuvo como fuerza referente de la izquierda.

La extrapolación de los datos del domingo a las generales dibujan un parlamento nacional fragmentado y la necesidad de acuerdos.