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Estudiantes de Mérida: Recuperando la identidad extraviada

Faltando una fecha para que concluya la campaña regular del Torneo Clausura, Estudiantes de Mérida se aseguró la clasificación a la liguilla por vez primera desde que se disputa el campeonato con el actual formato. Una victoria (2-0) sobre JBL significó una alegría tremenda para un pueblo ávido de protagonismo, nuevamente. Más allá de las licencias que permite un campeonato que no premia la regularidad sino al que se embale de mejor manera sobre el final, es mezquino no reconocer los méritos que han hecho los de Nabor Gavidia para estar de nuevo en la palestra.

Estudiantes de Mérida: Recuperando la identidad extraviada

Varias versiones de Estudiantes han pasado por estos últimos años, algunas exitosas y otras realmente angustiantes, pero lo cierto es que el académico no ha mantenido un nivel de resultados constante que le haya permitido estar a la altura de la solera que exhibe en equipo más antiguo de los que están actualmente en Primera División. La Ciudad de los Caballeros extrañaba el ser actor principal y el buen juego al que se acostumbraron con grandes jugadores nacidos en sus entrañas o extranjeros notables que marcaron diferencia vistiendo la camiseta rojiblanca. Ahora, con un cuerpo técnico merideño en el banco, identificado con la esencia de juego nacida en esas tierras, la alegría ha regresado a Mérida.
Cuesta encontrar una referencia reciente que haga rememorar la época gloriosa de Estudiantes. Chispazos aislados. Desde aquel equipo campeón en 2001 con el ahora defenestrado en Táchira, Sachi Escobar al mando, solo la versión 2009 de Chuy Vera, que arrebató el título precisamente al aurinegro en la última fecha se acercó a lograr algo importante. De resto, las pugnas gobierneras a nivel gerencial fueron socavando al estructura futbolística de un equipo que tuvo que cambiar de manos para hoy día ilusionar nuevamente.
En abril de 2016 comenzó a gestarse este nuevo Estudiantes. Con inversión privada de gente involucrada al fútbol, conocedora de las reales necesidades de una organización histórica emblema en Los Andes, saneando las finanzas, reconstruyendo la plantilla y dándole las riendas a un cuerpo técnico con Juan Cruz Real al frente, todo comenzó a cambiar para bien.
Sin embargo, las ideas del argentino costaron en ser digeridas por un grupo acostumbrado a un fútbol menos vertical y de más posesión, algo tradicionalmente merideño. Así la directiva tomó una decisión que a la postre sería clave: Nabor Gavidia y Elvis Martínez se sentarían en el banco. Dos tipos de la tierra, por cuyas venas no corre algo más que sangre rojiblanca. Formados y criados en el fútbol virtuosista de las montañas andinas. ¿Su misión? Devolver la identidad a los académicos.
El Clausura permitió la renovación de una plantilla cuidada desde la parte gerencial. “Inmejorable” ha sido el calificativo de uno de los efectivos de Estudiantes al ser consultado sobre el trato que han recibido desde la directiva. Así, en un clima estable, hicieron el esfuerzo de “repatriar” a “Pulga” Gómez, la última joya surgida del seno rojo y blanco, quien se convertiría en el núcleo del funcionamiento de un equipo que, junto con Carabobo, marcan la tendencia de buen fútbol en el segundo semestre del año.
Con uno de los mejores arqueros jóvenes del país asentando cabeza y de vuelta a la titularidad (Alejandro Araque) el armazón basa su idea en la experiencia y la solidez de sus efectivos. Gavidia encontró un once básico dentro de un plantel poco profundo, sin muchos nombres rutilantes. Así, hoy todos recitan de memoria el once tipo: Araque; Álvarez, Muriel, Chacón y Yégüez; Gómez, Velasco y Barrios; Espinoza, Herrera y Vargas. Con la recuperación del mexicano Luz Rodríguez y el aporte valioso de Cristian Rivas y Rosmel Villanueva, el equipo del pueblo merideño juega primores: horizontal en la tenencia, como la historia decreta que debe jugar Estudiantes, siempre a ras de piso en la conducción, sin pelotazos, muy dinámico y altamente efectivo de cara al arco, la propuesta en cancha del 4-3-3 devolvió el poderío al académico.
En este equipo todos tienen la misión de tratar bien la pelota, como principal elemento de atención para recuperar la identidad de su juego. Así, algunos futbolistas con actualidad modesta como Velasco, “Yoko” Barrios, Carlos Espinoza o Andris Herrera han explotado porque se han sabido acoplar a la idea. Estudiantes juega sin un volante de recuperación nato: Yeferson Velasco hace las veces ese papel sin serlo naturalmente. Sin embargo, esa posición nominal está ocupada por todos: los mixtos se convierten en cerradores y viceversa, de acuerdo a las necesidades. Barrios y Velasco se vacían en cada partido para servirle de escuderos y habilitadores a tres atacantes que se han dado a conocer por el gran semestre de Estudiantes. “Gracias a ellos dos es que nos atrevemos a jugar así”, admitía “Pulga” Gómez en una entrevista.
Estudiantes juega igual en el Metropolitano o fuera de él. Asume riesgos que han tenido resultados adversos, pero nunca atenta con su base filosófica. Van a buscar el partido de la misma manera en carretera que en casa.  Así llegaron a la liguilla y ahora les queda demostrar que lo que han logrado no es fruto de la casualidad. En plena reconstrucción de identidad, los resultados comienzan a acompañar y eso es demostración que el camino elegido es el correcto.
Desde muy arriba Juan José Scarpeccio y Carlos De Castro sonríen. Estudiantes está de nuevo donde siempre ha debido estar.]]>

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