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Educación

El asombro, un hábito necesario

Cuando un país renuncia a pensar, meditar y dialogar sobre el refinamiento de su educación es porque está viviendo el esplendor de su decadencia. Su aspiración y respiración son el conformismo y la indiferencia. Eligió prescindir de proyectos sociales y espirituales para construir sus días. Carece de días propios, construidos, intuidos y diseñados; todos son ajenos, sujetos al capricho de lo mágico, de lo oscuro, de la contingencia y la ambigüedad. No hay preguntas, dudas, dilemas; solo certezas, seguridades dictadas por la superficialidad intelectiva y emocional. Ese país es una mujer o un hombre parados en una esquina, esperando la llegada del tiempo.