Opinión

FOTOS | Un día libre en el campo

¿Se imaginan el sonido de centenares de abejas haciendo miel, o el color de un volcán nevado en el atardecer? A veces, me siento tan abrumada por todo lo que veo y aprendo que me cuesta escribir y la cámara se convierte en mi refugio y letra. Por eso, esta columna es una galería de nuestro día libre en el campo.

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FOTOGRAFÍAS: DAGNE COBO BUSCHBECK

No todo es trabajo. Viajar como voluntarios tiene reglas muy claras que se establecen con el anfitrión antes de llegar al lugar. Donde estamos ahora es sencillo: se comienza a trabajar a las 8 de la mañana, luego del desayuno, en diversas labores, desde el aserradero hasta la limpieza del guano de los conejos, pasando por cosechas -mi actividad favorita-, plantaciones y riegos, a la 1 de la tarde nos sentamos a almorzar y después de eso estamos libres.

No les voy a mentir, siempre ayudamos en las tareas del campo luego de cumplir nuestras horas de trabajo (5 diarias). Aprendemos, compartimos y sobre todo, no nos aburrimos. Ocupamos nuestros días libres -2 por cada 5 días trabajados- en descansar, el trabajo pesado tortura la espalda de Miguel por lo que hacer siestas en la hamaca y pararse tarde la cama, también es una obligación. Aprendimos, un poco a los golpes, que estar saludable es el ítem número uno en la lista de nuestros indispensables para viajar.

Pero, gracias al verano y su luz eterna, despertarse a las 11 de la mañana no te hace sentir que perdiste todo el día: aún quedan, al menos, 10 horas de sol radiante. Así nos pasó el domingo pasado, y como tuvimos sueños reparadores, tuvimos energías para cultivar miel, hacer senderismo hacia una cascada sin agua, jugar fútbol y ver un par de volcanes coloreados de rosado, frente a un mar cálido y sereno.

Se los dejo en fotos, porque en este paseo las únicas anotaciones que hice fueron entre obturador y diafragma.

Aunque era de noche, la Luna llena nos hizo creer que nunca oscureció.

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Katya, nuestra anfitriona, posa junto al almuerzo, pichanga: papas fritas cubiertas con carne, pollo y cochino ahumado, con cebollas fritas, tomate y aguacate.
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Mi sombra con el traje para hacer apicultura.

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Luis, nuestro anfitrión, cosechando miel.

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Abejas en sus colmenas.  Tubildad_5.JPG

Las colmenas son recargadas con nuevos marcos para que las abejas sigan haciendo miel.

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Luego de la recolección, se llevan para almacenarse.

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Kelly, otra voluntaria como nosotros, camina por un sendero a una cascada.

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Por el verano, la cascada no tenía agua y pudimos ver la magnitud de la erosión natural que hace sobre la tierra.  Tubildad_09

Nos dedicamos a ver.

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Sobre la cascada, la vista es del bosque y la bahía de Quemchi.  Tubildad_11

Seguimos el sendero.  Tubildad_12

Y nos condujo a un campo de fútbol.

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Nos fuimos a la playa de Lliuco, una población en la carretera de la costa de Chiloé.

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Vimos el atardecer, el mar y los volcanes Calbuco y Osorno.

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La luz nos despedía un día hermoso.

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Con nuestras pisadas junto a las de las gaviotas.

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