La bicicleta de Gilberto

Muchos trabajadores que hacen vida en el fútbol venezolano lo están pasando muy mal durante la pandemia por el coronavirus. Algunos tienen miedo a hablar por miedo a ser despedidos. Es el momento de tenderles una mano

La bicicleta de Gilberto

Las redes sociales han servido para todo. Cambiaron los paradigmas comunicacionales. A mí, por ejemplo, me permitió conocer a Gilberto, hace más de diez años. Por Twitter interactué con él porque conocía al detalle todo lo que tenía que ver con el querido Monagas SC. De hecho, desde entonces ya estaba vinculado al aparato comunicacional de la entidad azulgrana.

Tiene más de quince años trabajando para el fútbol, desde varias perspectivas. Graduado como Técnico Superior Universitario en Producción de Medios, siempre me agradó su trabajo, pero por sobre todo su buena onda, su personalidad tan carismática y amable. Cada vez que me ha tocado viajar a alguna transmisión en Maturín, Gilberto es muy buen anfitrión.

Recientemente, Gilberto hizo una colecta con amigos del extranjero por las redes sociales para comprarse una bicicleta. Un profesional con tanta experiencia, con familia y un conocimiento amplio en materia deportiva, tuvo que recurrir a una “vaca” entre los panas para darle solución a un problema de traslado que le impedía hacer muchas cosas. Tuvo que resolver como pudo en medio de ésta situación que nos afecta a todos. Sin gasolina, en pandemia, la bicicleta es la solución y para comprarla tuvo que recurrir a la caridad.

A todos nos ha tocado duro en este tormento llamado COVID-19. A unos más que otros. Sin embargo, no creo que exista alguien, haciendo énfasis entre los trabajadores de medios en el deporte, que no haya sido afectado por esta situación. Es lógico que existan dificultades económicas en medio de esta pandemia, cierto. No obstante, el desamparo es mayor porque, lamentablemente, los que trabajamos en medios lo hemos permitido: no hay contratos ni vínculos (en la mayoría de los casos) que permitan establecer una relación formal laboral y que haya un recurso legal al que acudir para defender a los trabajadores en este tipo de situaciones.

Y está pasando mucho. Los temores a despidos, en medio de una situación crítica en cuanto a lo laboral, impiden que se hable en voz alta de lo mal que muchos empleados de las instituciones deportivas y medios de comunicación lo están pasando. Futbolistas, trabajadores administrativos, cuerpos médicos y técnicos de categorías menores la están pasando mal. Y también obreros, que también están atravesando una situación muy fuerte. Despidos, retrasos en pagos o recortes hacen tambalear la estructura del fútbol, sobre todo el materia que yo conozco. Y hay miedo a decirlo.

El fútbol venezolano vive horas muy oscuras. No vengo aquí a darle más caña de la que ha llevado, sin embargo, cada día que pasa la situación se agudiza. Denuncias van y vienen; incertidumbre sobre la reanudación de la actividad, desorganización, disputas de poder. Es entendible que el golpe económico afecte a los empresarios y dueños de organizaciones, pero eso no debe ser excusa para deshumanizarse y dejar en desamparo a quienes mantienen operativa su propiedad y, obviamente, tienen menos recursos.

Es cuestión sencillamente de entender que así como el propietario no es responsable de esta catástrofe “epidemieconómica”, tampoco lo son quienes están en su estructura. Algo se puede hacer, de eso estoy más que seguro. Decía Don Guillermo Valentiner, fallecido propietario del Caracas FC y Laboratorios Vargas, entre otras empresas y negocios: “Podrá pasar lo que sea, pero a mis empleados nunca voy a dejar de pagarles”.

Creo firmemente que de las desventuras algo positivo se extrae y que de toda esta situación la mejor enseñanza es la necesidad de dignificar la profesión: los comunicadores que trabajan en instituciones deportivas y medios de comunicación deben dar un pie adelante para defender sus derechos laborales.

El Colegio de Periodistas debe brindar apoyo y la organización de los periodistas y comunicadores es fundamental para hacer valer sus derechos como empleados y trabajadores. El respeto se gana cuando nosotros mismos hacemos que nos respeten. Organizarse es la palabra. Ya los amigos locutores y comunicadores deportivos de San Cristóbal han dado un paso adelante en esta materia y su experiencia debe servir de ejemplo.

Conozco casos donde están “apretando” a quienes manifiestan algún descontento o desacuerdo con asuntos relacionados al fútbol (gestión, logística, estatus laboral). Una situación lamentable y gangsteriana, que ha ocurrido y seguirá ocurriendo mientras lo permitamos.

No obstante, así como en esta situación de pandemia se han desnudado carencias humanas de muchos, pues bajo esa excusa han huido de sus responsabilidades y compromisos, hay otros que han hecho un gran esfuerzo para responder a las necesidades de sus empleados. Seamos agradecidos y reconozcamos siempre a aquellos que no abandonaron en los momentos más oscuros. Incluso un “¿cómo estás?”, “¿qué necesitas?”, “¿todo bien?” tiene un valor enorme en medio de tanta dificultad.

Es hora de hacerse respetar.

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