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¿Habrá gasolina para los enfermos crónicos de Cumaná?

No hay flexibilidad ni para pacientes crónicos cuando se trata de restringir la distribución de gasolina en Cumaná. Caminar horas para recibir tratamiento médico o pernoctar en colas por combustible es parte de la dura realidad que deben afrontar. ¿Cambiará esto para ellos con el nuevo esquema?

¿Habrá gasolina para los enfermos crónicos de Cumaná?

Dexymar tiene 35 años, es madre de una niña de ocho y es paciente renal. Cada dos días debe caminar una hora y media desde su casa en el sector Brasil al oeste de Cumaná -estado Sucre, al oriente de Venezuela- hasta el Hospital Universitario Antonio Patricio Alcalá (Huapa), el centro sanitario principal en la entidad, para someterse a su sesión de diálisis.

A inicios de marzo, cuando comenzó la cuarentena social impuesta por la administración de Nicolás Maduro para evitar la propagación de la COVID-19, el automóvil de su esposo Raúl contaba con poco más de medio tanque de gasolina. Alcanzó para llevarla al hospital un par de veces, después le tocó ir a pie.

Junto con la cuarentena, en el estado Sucre –y en buena parte del país- comenzó de inmediato la restricción total en la distribución de gasolina. Desde enero de 2020 los ciudadanos pasaban entre seis y diez horas en largas colas para surtir combustible en alguna de las trece estaciones de servicio que hay en Cumaná. En paralelo comenzó también el auge del mercado negro de la gasolina. No faltaba el que vendiera el litro en cien mil bolívares.

En marzo, con la medida de confinamiento, empezó a regir la nueva normativa para distribuir la gasolina: en teoría solo sectores priorizados (salud, alimentación, medios de comunicación, funcionarios) tendrían acceso, pero se debían tramitar salvoconductos y justificativos. Los ciudadanos que no pertenecieran a estos grupos quedarían por fuera y no podrían llenar los tanques de sus vehículos.

En la práctica fue y ha sido otra cosa. No basta el salvoconducto para que algún militar designado por Julio Barrios Torres, comandante de la Zona Operativa de Defensa Integral (Zodi), a cargo de la única estación de servicio que dejaron operativa en Cumaná, surtiera el tanque de un carro.

Dexymar y su esposo hicieron todos los trámites que les solicitaron para acceder a la gasolina y poder trasladarse al hospital sin contratiempos.

Acudieron a la sede de Zodi, en el Cuartel Militar, con una carpeta en la que había informes médicos donde consta que desde hace cinco años fue diagnosticada con insuficiencia renal y que requería al menos tres horas de diálisis los días lunes, miércoles y viernes ya que sus riñones funcionaban a menos de 15% de su capacidad. También entregaron datos del vehículo que incluía todo tipo de seriales.

Les asignaron un día a la semana para surtir, junto con médicos y demás personal sanitario. Debían hacer una cola en las adyacencias del Polideportivo Félix «Lalito» Velásquez, pasar el filtro de entregar salvoconductos y luego, si corrían con suerte, ir a la Bomba El Águila, en las afueras de la ciudad, a surtir.

«El proceso era muy extenuante y no podía hacerlo solo mi esposo, porque ellos (los militares) necesitaban ver al enfermo», contó Dexymar.

Solo una vez pudieron recargar el tanque. Después de eso le tocó caminar hora y media de ida al hospital y un tiempo similar de regreso, a pesar de lo agotada que se siente y las náuseas que le produce el proceso de hemodiálisis en el que elimina toxinas de su cuerpo.

De Cumaná a Puerto La Cruz

En el Hospital Universitario Antonio Patricio de Alcalá no hay unidad de radioterapia. Para acceder a este tratamiento, Evelyn Reyes debe viajar hora y media desde Cumaná hasta Puerto La Cruz, en el vecino estado Anzoátegui. Ella tiene 42 años y desde hace un par de años es paciente oncológica.

«Llegué al punto de suplicar por gasolina», aseguró Evelyn. En la Zodi le dieron el salvoconducto, pero el documento no bastó para que en la estación de servicio El Águila le cargaran los 15 o 20 litros que les permiten a los pacientes y al personal sanitario: «La última vez fui, casi le lloré al guardia nacional que cargara el tanque del carro, que era algo de vida o muerte. Ya tenía seis horas haciendo cola».

Pero no lo logró. Y al no poder surtir por canales regulares tuvo que comprar 40 litros por 1,5 dólares por litro: «Me pidieron los sesenta dólares en billete. Ni mi esposo ni yo ganamos en dólares y tuve que comprarlos para poder pagar la gasolina y poder viajar a hacerme la radioterapia».

En el Hospital Universitario Antonio Patricio de Alcalá hay unidad de oncología, especialistas y atención a pacientes, pero no hay unidad de radioterapia a pesar de que fue prometida y presupuestada desde el año 2008 y durante los tres últimos gobiernos regionales, todos con mandatarios militantes y directivos del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv).

«Todos deben, obligatoriamente, viajar a Puerto La Cruz», explicó Vitelio Patiño, médico especialista oncólogo y representante de la asociación civil Médicos en Resistencia: «Conozco casos de pacientes con cáncer a quienes no les surten de combustible, ni tampoco pueden hallar sus medicinas en las farmacias de medicamentos de alto costo del Seguro Social. La COVID-19 existe, pero no será tan letal como sí lo es ahorita la falta de comida, de medicamentos y atención oportuna a pacientes de alto riesgo».

Patiño relató que en contacto con pacientes oncológicos algunos le relataron que lograron surtir gasolina gracias a gestiones particulares de militares: «Tengo el caso de tres pacientes que no podían acceder a zonas cercanas a la estación de servicio porque en las alcabalas se lo impedían. Un militar vio la situación y les pidió los carros y uno a uno los manejó hasta el sitio y les cargó gasolina. Pero es un caso excepcional».

La situación con los pacientes renales no es muy distinta. El presidente del Colegio de Médicos de la entidad, Rafael Peroza, apuntó que, a pesar de que en la sala de diálisis del hospital de Cumaná hay capacidad para doce máquinas para hemodiálisis, solo seis están operativas.

Peroza, quien fue director de esa unidad de diálisis, detalló que cada paciente debe acceder a unas seis horas de hemodiálisis cada dos días y que la sala podría albergar a sesenta pacientes, cumpliendo turnos en la mañana, tarde y noche.

Pero la realidad en Cumaná es que solo hay turnos en la mañana y la tarde y con la cantidad de máquinas disponibles, a los pacientes se les redujeron a tres o cuatro las horas de tratamiento: «No puedo decir si a los pacientes renales les surten gasolina, ni a mí como médico me surten a pesar de que por ser representante del gremio me llamaron a asistir a un par de reuniones para organizar la distribución del combustible».

Lo que sí puede aseverar Peroza es que sin recibir la atención médica adecuada y sin que el paciente renal pueda liberar las toxinas de su organismo, su capacidad de supervivencia se reduce a unas pocas semanas de vida. ¿Cambiará algo para ellos el nuevo esquema de venta de gasolina que comenzó hoy?