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“Hacer la cama”: ¿Mito o realidad?

¿Le "hicieron la cama" a Noel Sanvicente? Nadie podrá comprobar nunca que hubo una rebelión orquestada pero hay muchos elementos que dejan claro que el grupo fuerte de jugadores de la selección no estaba a gusto con su método

“Hacer la cama”: ¿Mito o realidad?

“Hacer la cama”: ¿Mito o realidad? por Carlos Domingues

Los días de confinamiento han permitido rescatar asuntos del pasado futbolístico de nuestro país. Buenos, no tan buenos y malos. Cómo cuando tienes tiempo sin mover el sofá al limpiar y cuando lo haces, te encuentras con aquel billete extraviado o un asqueroso pedazo de arepa que habías dejado caer hace ya bastante.

La polvareda se volvió a levantar: a través de su canal de YouTube, el periodista Fernando Petrocelli conversó con el excapitán de la selección, Luis «Pájaro» Vera y detallaron aspectos sobre su paso como asistente técnico durante el proceso de Noel Sanvicente al frente del combinado nacional. El actual estratega del Angostura de Segunda División reabrió el archivo que se creía muerto que trata de la forma como «Chita» salió de su cargo como seleccionador y surgió de nuevo la polémica: los jugadores «le hicieron la cama», en el debate.

La frase que refiere a esa conspiración interna en el fútbol, casi siempre se utiliza para describir la intención de los jugadores para que el técnico que los dirige sea despedido. Entre distintas acepciones, se puede resumir como el actuar a espaldas de una persona de forma de conseguir que ésta caiga en desgracia para lograr una ventaja personal. El polémico periodista peruano Phillip Butters quiso explicar jocosamente de dónde viene la frase y tiene mucho sentido: «En los institutos militares debes doblar la sábana en la mitad de la cama. En la noche cuando vas a meterte, no puedes entrar porque la cama está hecha y la sábana está prensada en la mitad». Pues sí, algo parecido.

Ahora: si bien ésta es una frase muy común para señalar que un grupo de jugadores tienen la intención de que su técnico sea removido, aún no se conoce el primer caso claro y confeso de que esto haya sido así. Porque afirmarlo será la comprobación de deslealtad, de admitir la desgracia de uno y lo que es peor: asumir que violó la ética profesional de trabajar para ganar, un elemento que en cualquier relación laboral deportiva sería causante de despido inmediato.

Pues esto se ha manejado así en la historia, como un mito. El periodista Carlos Daniel Avilán formulaba la misma pregunta que titula éste artículo en un reportaje para El Nacional en 2012 en el que consultó a varios técnicos de la Primera División en Venezuela (Ángel Raúl Cavalleri, Chuy Vera y Manuel Plasencia) sobre éste tema y coincidieron en que es algo que realmente pasa en el fútbol, aunque el veterano ex seleccionador Plasencia dejó claro que él no podía concebir que un futbolista fuera capaz de jugar mal a propósito para perjudicar a un técnico.

En el concierto internacional y en la élite del fútbol, hay casos recientes en los que se intuye algo similar: Rafa Benítez cuando dirigió al Real Madrid en 2015, Claudio Ranieri en el Leicester después de sacarlo campeón contra todo pronóstico en 2016, Ronald Koeman en el Valencia, José Mourinho en el Manchester United, José Villas – Boas en el Chelsea. En todos los casos se maneja esa hipótesis, ese rumor de que los futbolistas influyeron de diversas formas para lograr la destitución de sus técnicos. ¿Qué alguno de los involucrados lo haya confesado? Ninguno.

Sin embargo, considero que para «hacer la cama» no siempre debe ser una actitud evidente, no debe obedecer siempre a un complot, sino también es la consecuencia tácita de muchas cosas que no marchan bien en la relación profesional y personal de un técnico con el grupo que dirige. La clave para saber que existe una situación tal es la intención voluntaria de los futbolistas en perjudicar a su técnico. ¿Pasó esto con Sanvicente?

Según lo que declaró «Pájaro» Vera en la entrevista dada a Fernando Petrocelli, había desde el principio, un factor humano que determinó la relación: «Desde el primer módulo en Madrid vi que había un problema de egos elevados», dijo. Que Amorebieta no le diera la mano a un miembro del cuerpo técnico, que el grupo ni siquiera diera los buenos días o que Salomón Rondón se negara a hacer un trabajo dictado por Sanvicente denota que era evidente que existía un menosprecio por la jerarquía de quién los dirigía. ¿Pero esto se produjo por qué razón?

Existen tres factores por los que generalmente un grupo «hace la cama a un técnico»: están en desacuerdo con sus métodos de trabajo, no comparten las formas de transmitir el mensaje o existen choques personales entre jugadores que tienen ascendencia en el grupo y el técnico. En el caso de Sanvicente parece que hubo de todo.

Recuerdo que un miembro de ese cuerpo técnico me reveló que un defensor de la selección que hacía carrera en Europa se molestó porque en los entrenamientos de las concentraciones le sugerían cómo despejar de cabeza. Habrá que ver de qué manera era dado el mensaje en ese caso porque un central que actúe en Europa probablemente no necesite que le digan cómo debe hacer algo tan fundamental en su trabajo como cabecear. Ahí puede haber un choque entre las formas y el mensaje que se quiere transmitir, sin justificar al futbolista en su actitud.

Sin embargo, Vera hizo énfasis en lo humano. En el menosprecio que un futbolista que actúa en el extranjero daba a los miembros del cuerpo técnico. Y es algo que sí pasa y lo rescato de una conversación que sostuve con un miembro del cuerpo técnico de César Farías durante su pasantía como seleccionador nacional a la que hice referencia hace un par de artículos atrás: «César sabía que tenía que estar a la altura de quienes dirigía o hasta por encima. Había que lograr el respeto de quién llegaba de Europa a la concentración con una cadena de oro o un reloj de 5000 dólares. Y lo logró. Todos lo respetaban».

Nada justifica esa actitud de los jugadores en contra del cuerpo técnico de la selección. Mucha razón tiene «Pájaro» Vera cuando dice en la entrevista que el grupo podía haberse acercado a Sanvicente para conversar las formas y los métodos. Parece que ésa no era la principal razón. Además, tampoco ayudaba mucho el seleccionador en acusar a sus futbolistas públicamente de «Don Regalón» en los fallos infantiles que significaban un costo altísimo en cada partido. Puso su cabeza en la guillotina con esas declaraciones. ¿Esos fallos eran inocentes o producto de la dichosa «cama»? Nadie podrá probarlo. Luego vino aquella carta de Amorebieta primero y luego la de los 15 firmantes que demostraban lo insostenible que ya era la relación técnico – jugador.

Noel Sanvicente siempre ha admitido que se equivocó en la manera de relacionarse con los seleccionados durante su etapa como técnico, pero también me reveló en una entrevista que sabía que hubo una componenda malintencionada contra su trabajo, incluso desde factores externos al entorno de la selección. ¿Una «cama» instigada desde afuera? ¿Qué intención podría tener alguien que apostara a su fracaso?

En fin, nadie podrá comprobar nunca que realmente hubo una rebelión orquestada pero sí hay muchos elementos que dejan claro que el grupo fuerte de jugadores de la selección no estaba a gusto con Sanvicente como técnico. ¿Le hicieron la cama? Como a Plasencia, me costaba creer que un grupo de futbolistas fuera capaz de influir negativamente y a propósito para salir de un técnico. Hasta que junté todas estas evidencias.

Ahí está la respuesta.

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