Hijo, por favor, ¡déjame en paz!

Claro que son una bendición, pero también son unos pequeños dictadores. Es parte de la dinámica. ¿O acaso nunca has sentido ganas de decirle a tu hijo que te deje tranquilo un rato? Di la verdad

Hijo, por favor, ¡déjame en paz!

Siempre he sido un defensor de tener un espacio propio. Un lugar donde se pueda tener paz y tranquilidad. Un sitio donde haya silencio y puedas dedicate a ti. Cuando se tiene un niño de dos años corriendo por toda la casa, eso es imposible.

Parte de mi trabajo como papá consiste en mantener a mi hijo con vida, en vigilarlo para que no haga nada que pueda suponer un riesgo para su pequeño cuerpecito (montarse en el sofá, brincar en la cama, meter la mano en el tomacorriente), y estar en eso 12 o 15 horas al día, es demandante y agotador. Soy un papá alfa en eso, pero es un trabajo de tiempo completo.

Por ese motivo creo que necesito unos minutos al día para mí (casi siempre me tomo un break en el baño, que se ha transformado en un santuario), pero ya El Matteo ha empezado a tocar la puerta y a llamarme: “Papá… Papá… Achuchuwiii”, que se traduce a: “Papá, sal de allí, no creas que te me vas a escapar”.

Entonces, los momentos de tranquilidad, paz y silencio se han reducido a casi cero. Me quedan las siestas de El Matteo, pero cada vez son menos. Soy un zombie con todas las de la ley, nada más me falta comenzar a morder gente.

Hijo, por favor, ¡déjame en paz! Yo te amo, lo eres todo para mí, daría mi vida por ti, pero a veces eres realmente insoportable y un dolor en mis testículos. Drenas todas mis energías y ya no sé qué día de la semana es. Tu mamá y yo necesitamos descansar.

Porque no es solo que tenemos que estar pendientes del niño todo el tiempo, a cada minuto, cada hora, es que también tenemos otras responsabilidades. Mantener la casa decente, hacer mercado, cocinar, lavar, trabajar, escribir, poner gasolina, crear contenido, hablar con la familia alrededor del mundo, evitar contagiarnos de coronavirus… A veces creo que es demasiado y lo único que pido son 30 minutos para ver algo en Netflix y un par de horas para ver el fútbol en paz.

Pero el pequeño dictador no acepta mis demandas (bueno, demandas no, súplicas), y con su diminuta mano de hierro exige cada vez más y más atención. Mi esposa está casi que se arrastra por el piso. Ya yo estoy gateando en él.

A veces tengo la siguiente fantasía: Él se va a dormir a las 8 de la noche y luego de que está en su cuna, con su dedo metido en la boca, yo voy a poder hacer varias cosas y dedicarme a mí. Pero eso es solo una fantasía, yo me quedo dormido primero que él.

El camino de la paternidad es caóticamente maravilloso. La vida de un papá tiene mucho de alegría, de amor y felicidad y también mucho de cansancio, mucho de cansancio, mucho de cansancio. ¿Ya dije que la vida de papá tiene mucho de cansancio?

Amo profundamente a mi hijo, pero, por favor, déjame en paz por un ratito.

Estuvo bueno este tetero en las rocas (aunque por el cansancio se me derramó encima un par de veces).

Un papá perfectamente imperfecto

No parece ser muy común que un hombre ventile así las vicisitudes de ser papá. Pero aquí está. El periodista Andrés Schmucke se estrena contando sus experiencias, tetero en mano y con la pañalera equipada y llena de historias