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Hombre en la Luna

Con la misión Apolo 17 de la NASA, enviada al espacio el 7 de diciembre de 1972, los EE. UU cerraron el programa Apolo que colocó a 12 hombres en la luna y a 21 alrededor de ella.El comandante Gene Cernan, quien falleciera el 17 de enero pasado, fue el último ser humano que pisó la superficie lunar.

Hombre en la Luna

Si creíste que pusieron un hombre en la luna»

Hombre en la luna”

(Si crees que no hay nada en mi manga, entonces nada está bien.” (REM»

La administración Obama demostró su interés en el programa a Marte. Consideraban inútil regresar a la Luna, si ya había sido “conquistada” en el pasado. La administración Trump, a través de la información que se ha filtrado por algunos ex asesores de la NASA, quienes son sus actuales consejeros en la materia, considera que una futura misión a Marte es muy costosa y que la Luna sería más accesible, pero con apoyo de la iniciativa privada. La idea sería la de iniciar una suerte de “colonización” de la Luna, como paso previo al lanzamiento de futuras misiones al planeta Marte. Inclusive Jeff Bezos, propietario de Amazon estaría interesado en contribuir financieramente.

Los costos de los programas espaciales han sido históricamente mucho más bajos que los de los gastos militares a nivel mundial. Sin embargo, todos estos proyectos de alcanzar la Luna o Marte en el mediano plazo, a costos mil millonarios, no están exentos de planteamientos que tocan no solo elementos vitales de la raza humana, sino también de su viabilidad futura.

Por ejemplo, según el Programa Mundial de Alimentos, alrededor de 795​ millones de personas en el mundo no tienen suficientes alimentos para llevar una vida saludable y activa. Esta cifra representa a casi uno de cada nueve personas en la tierra. 12,9% de la población mundial presenta desnutrición. Uno de cada cuatro niños en el mundo presenta retrasos en el crecimiento. 24.000 personas mueren diariamente por razones vinculadas al hambre. 66 millones de niños en los Países en Desarrollo asisten con hambre a clases.

Adicionalmente, si estuvieran disponibles más recursos y fueran usados eficientemente, se podrían cubrir todas las actividades de prevención y combate de enfermedades.

Por otro lado, son incontables los beneficios científicos y tecnológicos que se han derivado de los distintos programas espaciales, incluyendo la creación de nuevas tecnologías, nuevos sistemas y nuevos materiales. Para, el desaparecido astrónomo estadounidense, Carl Sagan, se trata de un asunto de tener consciencia sobre nuestra fragilidad y fabilidad. “Poblar otros mundos unifica naciones y grupos étnicos, liga a las generaciones y requiere de nosotros que seamos inteligentes y sensatos a la vez. Libera nuestra naturaleza y, en parte, nos devuelve a nuestros comienzos.”

Algo así como salir a buscarse, para encontrarse y así entenderse mejor. “Tras un breve hiato sedentario, estamos recuperando nuestro antiguo estilo de vida nómada”, agrega Sagan, en una de sus últimas obras: “Un Punto Azul Pálido”. Representación usada por Sagan para describir nuestro planeta en el medio de un vasto universo en expansión.

Si no hubiéramos sido nómadas, ni viajeros, ni aventureros, no habríamos construido la civilización, que aun imperfecta, tenemos hoy día y que nos ha permitido sobrevivir como especie. Después de incontables exploraciones por tierra y mar, enlaces, conexiones y desconexiones, justicias e injusticias, balances y desbalances, somos una civilización cada vez más globalizada en donde los horizontes se acercan a velocidades impensables. El historiador Felipe Fernández- Armesto llama a estos promotores y exploradores de las distancias: “Los Conquistadores del Horizonte”. Me pregunto: ¿Dónde están los nuestros? y me encuentro que están migrando. Tratando de conquistar los horizontes por múltiples razones. Lamentablemente pocas, tienen que ver con motivaciones científico – tecnológicas.

De Hitler a Trump: una lista de insólitos candidatos al Nobel de la Paz

Para que una candidatura al Nobel de la Paz sea válida tiene que ser presentada por miembros de asambleas nacionales y gobiernos; miembros de tribunales internacionales; rectores de universidad, profesores de ciencias sociales, historia, filosofía, derecho y teología o directores de institutos de investigación sobre la paz e institutos de política exterior. Se supone que las candidaturas son secretas, pero a algunos les interesa hacerlas públicas.