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Huáscar Barradas: Los músicos venezolanos nunca nos quedaremos sin trabajo

El músico venezolano Huáscar Barradas cuenta cómo será este viernes 13 su espectáculo “Hallacas con Flauta” en la Concha Acústica de Bello Monte | Por Chefi Borzacchini

Huáscar Barradas: Los músicos venezolanos nunca nos quedaremos sin trabajo

Fue muy gratificante reencontrarnos con Huáscar Barradas, uno de los músicos venezolanos más sobresalientes de los últimos 30 años, quien ha sabido navegar y vivir sus ciclos artísticos acompañado siempre del sonido del éxito.

Actualmente, vive entre Estados Unidos y Venezuela, de manera muy intermitente, esa resonancia creativa que él genera no le ha abandonado, por el contrario, diríamos que está en su punto más alto, sin duda alguna.

Incansable, incansable, incansable en sus actividades, en su agenda de espectáculos y en su verbo. Quizá únicamente se le pueda ver sosegado, cuando conecta su corazón con sus dedos y ata su respiración a la flauta. Asume nuestra conversación con vehemencia y narra la etapa que está viviendo como creador en Miami.

Analiza la huella que están dejando por todo el mundo los músicos y artistas venezolanos que han migrado (que no es su caso), y no olvida el esfuerzo y la tenacidad que está demostrando la gente de la cultura que se ha quedado en Venezuela.

Huáscar Barradas. Foto: Cortesía

Huáscar Barradas. Foto: Cortesía

Es media mañana y aparentemente el sol mayamero no le hace “ni coquito” a este maracucho que cuenta las horas y los minutos para cumplir un nuevo sueño: hacer el “Gran Finale” de este 2019 en Caracas con su ya histórico espectáculo musical “Hallacas con Flauta” y que esta vez dice, serán “mollejúas”, como decimos los maracuchos para significar “con todo” o “buchonas”. Inevitablemente con este tema inicia la entrevista.

Será este viernes 13 de diciembre, al caer la tarde decembrina como a golpe de las 5:00, la fecha y hora que Huáscar escogió para cumplir su delirio. Por fin, luego de 14 años consecutivos ofreciendo este espectáculo en varias ciudades de Venezuela y en Estados Unidos, sobre el escenario de la Concha Acústica de Bello Monte estarán cantando 300 niños y jóvenes de El Sistema de Orquestas y Coros, acompañando a Ozias Acosta, ex de los Gaiteros de Pillopo y Daniel Somaroo, quienes interpretarán algunos de sus éxitos como Pa’ que Luis y Sentimiento Nacional, entre otras emblemáticas canciones navideñas.

Huáscar Barradas. Foto: Cortesía

Huáscar Barradas. Foto: Cortesía

“Este será el ‘Hallacas con Flauta’ que siempre soñé, a lo grande y completamente gratuito, dice emocionado. Yo estoy cambiando el estilo de mis espectáculos, siempre que sea posible y que aparezcan los patrocinantes (como esta vez con la CAF y la Alcaldía de Baruta). Prefiero mil veces tener un mega concierto acorde con el esfuerzo de producción, que pueda ser disfrutado por 3 mil personas a un teatro pequeño en el que solo podamos tener a 500 personas que sí pueden pagar”.

—¿Por qué te has empeñado en mantener este espectáculo por tantos años?

—El proyecto “Hallacas con Flauta” es mi esfuerzo dedicado a los niños venezolanos, porque no quisiera que ningún niño de mi país no se supiera el Burrito Sabanero en los próximos 50 años; imagínate que nuestro pequeños y jóvenes no pudieran cantar por ejemplo Dim Dim Dim y que en cambio sí bailaran y tararearan un reguetón, eso sería la pérdida de nuestra identidad, la pérdida de la música que somos. Sería como no comer arepa con queso o hallacas y pasaríamos a ser otra sociedad. Yo me he concentrado en que al menos en el plano musical eso no nos ocurra. Solamente el año pasado ofrecimos 17 conciertos de este espectáculo. Es mi contribución a retomar, año tras año, nuestra tradición musical navideña.

Una dosis de música para dormir

Ya a sus 55 años de edad, este flautista zuliano -formado desde muy niño por importantes profesores del mundo, en las mejores escuelas y centros musicales internacionales, pionero de El Sistema en Maracaibo como integrante de la primera Sinfónica Infantil y flautista de renombre internacional- ha escrito una buena parte de la exitosa y fructífera partitura de su vida.

Huáscar Barradas. Foto: Cortesía

Huáscar Barradas. Foto: Cortesía

Como creador y músico se puede decir que Huáscar es un atrevido con humildad; un innovador que mezcla ancestralidad con actualidad, y un adicto a los escenarios y al contacto con los públicos. De allí el frenesí que cada nuevo concierto, sea ante una o ante mil personas, le genera.

—¿Cómo te sientes en este momento desde el punto de vista creativo y artístico? ¿Cómo definirías la etapa que estás viviendo aquí en Florida (EEUU)?

—Creo que estoy viviendo una etapa muy importante, porque estoy enamorado de la composición; estoy haciendo una transición y no es que voy a dejar de ser Huáscar el flautista, el ejecutante. La verdad es que siempre compuse música, por ejemplo piezas sinfónicas u obras de avanzada como Canto de la Ballena, o las canciones que he hecho con Quique Peláez, o los arreglos musicales, pero de allí a estar componiendo música todos los días, hay gran trecho.

Esta es una experiencia única. Estoy trabajando para una empresa que me encargó crear música para ayudar a sanar los trastornos del sueño, es decir, el insomnio, cómo relajarse, cómo estimular el descanso, dormir bien, cómo tener una buena vida a través del descanso. Te explico: las tres estructuras de la música que ahora estoy componiendo están fundamentadas en dormir, vivir y relajarse y con esos tres elementos lo que queremos lograr es el buen vivir. Es un gran desafío para mí porque al final no es la música de Huáscar, sino la música que Huáscar compone para ayudar a la existencia del ser humano. Hasta ahora he compuesto 14 obras diferentes, son piezas que tienen entre 6 y 14 minutos y eso me tiene muy ocupado desde el pasado enero. Es decir, ha copado prácticamente mi 2019.

—Qué interesante y curioso al mismo tiempo, porque ese nuevo reto te plantea una disciplina, unos horarios y una agenda para componer; es como otro régimen de creación y además tienes prefijados los temas, o el foco de la composición.

—Sí. Es muy raro también para mí como artista, digamos que estoy viviendo como en la época de Beethoven o de Mozart, que les pagaban a los músicos por componer y por encargo; como en la época de Bach, quien tenía que componer todos los domingos para la misa y entonces escribía una Cantata o un Réquiem. Ahora, desde que estoy en Miami, compongo algo nuevo cada semana, con un horario, con una agenda.

—¿Y cómo te hace sentir ese proceso?

—Yo me siento raro porque cuando Aldemaro Romero -a quien quiero y considero como mi mentor- me hablaba del oficio del compositor, él me decía que había que tener una disciplina, levantarte en la mañana y comenzar componer.

Huáscar Barradas. Cortesía

Huáscar Barradas. Cortesía

Por otra parte, es doblemente extraño porque además ahora se compone con computadora, y yo soy un músico totalmente a la antigua, componía con lápiz y papel, y ahora he tenido que aprender a usar esta herramienta. Ahora, después de viejo, me he dado cuenta de que he sido muy tonto por no haber hecho esto desde los 15 años. Pero tenía esa limitación y yo no lo sabía. Bueno, Dios te lleva a un camino que tú no sabías y en esto estoy.

—Pero estás feliz con este proyecto, se trasluce en tu rostro.

—Estoy super, super feliz, hiper feliz. Viviendo frente al mar, me levanto todas las mañanas temprano y lo primero que hago es admirar un amanecer espectacular; cuando hay luna llena veo el reflejo de la luna en el mar entero; entonces es imposible no estar feliz siendo un artista que compone y trabaja en su casa; es una vida un poco rara la de nosotros los creadores, porque no tengo que ir a ninguna oficina, a ningún banco, estoy en mi casa con mi flauta, el piano y una computadora, y si me canso camino una hora por la playa y regreso inspirado a seguir componiendo.

—Estás en un momento trascendental de tu oficio como músico. ¿En qué te apoyas para estar haciendo esa música que nos va a servir a los seres humanos para soñar, relajarnos, sanar o incluso encontrarnos con nosotros mismos? ¿Qué emoción te sostiene?

—Lo dijiste al comienzo de tu pregunta. Es algo trascendental lo que estoy haciendo en este momento. Así lo siento. Saca la cuenta que a través de la música puedas curar, hay miles de madres en el mundo que no saben cómo calmar a sus bebés cuando lloran día y noche y no logran alcanzar el sueño; hay millones de personas en el mundo que en las noches están preocupados porque no pueden pagar las tarjetas de crédito y no pueden dormir; hay muchachas bellas, gente joven, que tú las ves muy hermosas pero hablas con ellas y te dicen que tienen más de dos años que toman pastillas para dormir. Entonces, creo que cuando uno hace un proyecto para la humanidad se enfrenta a un desafío muy grande.

Para hacer estás composiciones me estoy basando en lecturas que he hecho durante muchos años, y además he tenido la fortuna de tocar y hacer música desde niño, por eso sé que la música barroca y los movimientos lentos tienen un efecto particular en la gente. Digo esto no porque yo lo haya inventado, o porque yo sea tan sabiondo, sino porque conozco que un maestro búlgaro inventó un sistema que se llamaba “Super Inteligencia”, por la década del ’70 del siglo pasado, que se fue a los hospitales de Rusia y comenzó a aplicar música barroca, clásica y de ciertos períodos y con ciertos movimientos lentos, al tiempo se dieron cuenta que los latidos del corazón bajaban y se producía un estado de relajación importante con la aplicación de estos tratamientos en las personas que padecían trastornos del sueño.

Un compositor que no se cree compositor

—Cuando dices: “si yo lo hubiera hecho antes”, “si yo lo hubiese aprendido antes”, pero creo que el momento lo determina el propio creador (tú). ¿Qué está aprendiendo Huáscar Barradas de este proceso creativo?

—Que uno en la vida puede tener un plan pero hay cosas que te cambian esa ruta…
nunca hubiera pensado vivir en Miami Beach y frente a la playa. Me está enseñando que uno algunas veces debe ser como una mariposa, que el viento la echa para uno lado y para otro. Mi pulso es la música y mi carrera, pero de pronto sopla un viento de un lado y de otro lado. Por ejemplo, tengo un disco parado desde hace dos años, muy complejo, porque siempre salen unos proyectos y otros y el disco sigue esperando. Sin embargo, gracias a las tantas herramientas que he aprendido este año, ese disco va estar alimentado por un proceso creativo más rico todavía. Claro, también tiene que ver con la paz y la tranquilidad que tengo ahora, porque la vida de Huáscar Barradas ha sido estos últimos años una vida loca, que no para, que no se detiene y que no te da tiempos ni espacios para crear. Y para componer algo grande necesitas tiempo y paz.

—Entonces ese disco tendrá de todo…

—Claro, estoy ilusionado con ese disco. Tengo varias canciones muy locas; el disco es la mezcla perfecta para mí entre la música clásica con la de Latinoamérica; hay piezas con un mezcla perfecta entre la música de Chopin con los tambores Olodum de Brasil, algo parecido cuando hice la ópera Carmen con tambores, o cuando hice con Chino y Nacho el reguetón alternativo que era algo muy avanzado para lo que es el reguetón ahora, porque a nadie se le ocurre mezclar poemas de Mario Benedetti con música de Tchaikovsky y a ritmo de reguetón, tal vez algo que la gente no entendía en su momento.

—¿Ya te consideras compositor?

—No. No me considero compositor, esa palabra para mí es muy pesada. Compositores son Bach, Mozart, Stravinski… Sé que aún no soy compositor. Yo toco flauta más o menos bien y es lo que he hecho toda mi vida y es lo que yo domino plenamente, pero la composición es un arte sumamente profundo y yo lo soy es un pichón de compositor, eso lo tengo clarísimo y no me molesta decírmelo.

Evidentemente, alguien como yo que estudié tanto durante mi vida, que no fue que me regalaron las notas en la universidad, que me fajé con estudios de composición, orquestación, que he tenido chance de viajar y de prepararme en importantes conservatorios, pues puedo componer; pero de allí a ser compositor hay un trecho grande, esa es una palabra y un oficio to heavy . A la final yo lo que hago es tocar flauta.

—Con todo y esa humildad, quienes te conocemos y hemos seguido tu trayectoria sabemos que has llevado tu carrera profesional como solista y maestro muy bien estructurada y con mucha disciplina. Ahora, esta nueva etapa te ha sacado un poco de los escenarios y debes estar como un tigre desesperado, trepándote por las paredes con las ganas de volver a tu tanda de conciertos y a recibir los aplausos del público ¿Cómo te hace sentir ese “bajón” en tus presentaciones y qué añoras de esa actividad artística?

—Es así mismo como lo describes: estoy desesperado por tocar y tocar. Por ejemplo, el dar clases en Houston, lo disfruto, pero siento que yo no pertenezco a eso solamente y no es algo que quiero hacer por el resto de mi vida o constantemente. Ah, pero ahora que me voy de gira estoy loco de emoción. ¿Y qué es lo increíble? Que recientemente, cuando toqué para un programa de televisión, me consigo con un gran amigo y él me dice que estoy tocando mil veces mejor que nunca. Y la razón es que para un músico como yo, que tocaba y hacía más de 100 conciertos al año, que traía un training de 15 a 20 presentaciones al mes, pues es algo desesperante no tocar, eso es lo que extraño.

Mi amigo Henry Linares me llamó un día muy preocupado y me dijo que tuvo un sueño, que me vio como un tigre encerrado en una jaula. Me eché a reír porque así mismo me he sentido. Pero me estoy desquitando este diciembre y mi ilusión más grande es que tocaré en Venezuela con los niños y muchos amigos músicos y con mi banda. Ahora cuando toco hay una satisfacción tremenda y una entrega total.

El desafío de los artistas venezolanos

—¿Cómo ve Huáscar Barradas a Venezuela desde lejos? ¿Cómo la sientes con sus artistas trabajando y triunfando por todo el mundo?

—Sabes que en los tiempos de crisis pasan las cosas más increíbles. Cuando fui al Sistema de Orquestas a dictar clases este año, me di cuenta con ese montón de niños y jóvenes, más de 115 que tomaron las clases, que hay tantos, pero tantos talentos. Entonces en Venezuela ha pasado que de pronto se fueron tales y tales músicos importantes pero quedaron éstos y éste y otros, muchos más con un porvenir musical inmenso. Otro tema es la necesidad de hacer cosas y en medio de la pelazón de cable tan fuerte que hay aquí, la gente del Microteatro hace cosas, con sus salas pequeñas, con pocos actores, con o sin vestuario, con o sin maquillaje, con 20 personas en el público, toda gente joven, con o sin dinero pero echándole pierna. Y es ese ambiente de lucha que tenemos en Venezuela, lo que va a permitir que en el futuro emerjan artistas y creadores venezolanos absolutamente extraordinarios.

—Viviste la efervescencia cultural que tuvo Venezuela en las décadas de los ‘80s y ‘90s. Ahora, con la migración, el fenómeno se ha invertido: ese auge cultural se está dando pero los escenarios del mundo; es así que día a día nuestros creadores y artistas de todas las disciplinas se destacan en el exterior. ¿Cómo evaluarías tú la impronta que ellos están dejando en el exterior?

—Estaba pensando en Laureano Márquez, por ejemplo. Él, a su manera, con sus textos brillantes y su humor tan inteligente se está dando a conocer en otros países. Pero quizá uno de los problemas que tenemos los artistas venezolanos es que el arte venezolano es muy venezolano y ha costado muchas veces que haga click con otros públicos y en otros contextos. Entonces el desafío nuestro como artistas es mostrar y hacer entender al público del mundo este arte con pinceladas venezolanas y con identidad venezolana, pero al mismo tiene que ser con un lenguaje universal. Esa fue mi búsqueda al hacer la Ópera Carmen en gaita tambora, quería que a través de esa composición todo el mundo escuchara la tambora del sur del Lago de Maracaibo.

Un buen ejemplo de este análisis es el colombiano Carlos Vives, quien logró llevar e imponer el vallenato en todo el mundo, lo modernizó e hizo que se escuchara en toda Latinoamérica gracias a sus músicos, a la incorporación que él hizo de la batería y guitarra eléctrica y eso lo hizo universal.

—Es indudable que los músicos venezolanos, de todos los géneros, pero especialmente los de formación académica, están impactado los medios musicales de muchos países, formando incluso nuevas audiencias y generando un gusto por la música clásica en contextos como el de Florida (EE. UU.). ¿Para ti qué es lo que diferencia a los músicos venezolanos de los de otras nacionalidades?

—El caso de los músicos venezolanos es parecido al de los cubanos –esos que se fueron a Rusia a estudiar la música académica y regresaron luego a Cuba para hacer su música popular-. En nuestro caso, nos criamos y levantamos en un país caribeño donde escuchamos y bailamos todo tipo de música y por la labor de un gran maestro como José Antonio Abreu, nos gusta tocar y sabemos tocar al más alto nivel a Mozart y a Brahms. Por ese hombre que tuvo un visión de mundo, de universalidad, de evolución, de tanta avanzada, que casi le quedó grande al país, por su Programa que consiste en que la música es una herramienta de crecimiento emocional, intelectual y económica (porque Gustavo Dudamel no es un pobrecito ahora), que da unos valores de ciudadanía y que no solo te permite salir del barrio sino sacar el barrio y la marginalidad de tu cabeza, es que los músicos venezolanos nos diferenciamos de los de cualquier lugar de la tierra.

—Pero se marcharon también con unas fortalezas técnicas para poder acceder a los grandes escenarios, porque si no tienes con qué a nivel musical y artístico no hay muchas oportunidades por muy buen ciudadano que seas.

—Los músicos venezolanos tenemos un entrenamiento técnico basado en la escuela de formación académica, estrictamente europea. Un primer lote de músicos venezolanos se formó con muchos maestros extranjeros que llegaron a Venezuela; por otra parte, también muchos de nosotros salimos afuera a seguir formándonos en las mejores escuelas de música, más que todo los de la generación de los años de 1980 y 1990; después los que regresamos enseñamos a nuestros alumnos, y a los que se quedaron, José Antonio Abreu les llevó grandes solistas del mundo académico que le han permitido a nuestros músicos, en su enorme mayoría formados por El Sistema, llevar el virtuosismo de la música académica a la música popular y a cualquier género. Esto es realmente único y es nuestra gran diferencia. Por ejemplo, en Estados Unidos el que toca jazz toca jazz, nunca va a poder tocar una Sonata de Bach porque le resultaría como hablar y tocar en otro idioma.

—Eso se llama versatilidad para poder pasar de un género musical a otro con altos niveles de creatividad e improvisación.

—Claro. Es como si yo te pusiera un ejemplo de que mi papá nació en Noruega (mi papá es larense) y mi mamá en Bobure (Zulia) y yo entonces toco tambores, y mi papá ponía unos discos de las sinfonías de Sibelius y asimismo hablo noruego y hablo maracucho, porque muchos venezolanos hemos vivido en esa mescolanza. Por eso somos músicos y artistas muy atípicos. Yo cuando muchacho llegué a Nueva York, se sorprendieron de lo que podía hacer, pero más loco era en Alemania porque yo tocaba en la ópera con mi smoking y me iba luego en bicicleta y me cambiaba la camisa por una de colores bien tropical y tocaba en el club de jazz más famoso de Frankfurt. Era el mismo músico que en el lapso de dos o tres horas estaba tocando a Donizetti y luego jazz con la banda de música brasilera más famosa en Alemania.

Entonces los venezolanos nos hemos convertido en músicos muy particulares. Tenemos, por ejemplo, a un Alexis Cárdenas y no hay nadie en el mundo que pueda hacer con el violín lo que él toca; y quién puede crear la magia de Gustavo Dudamel, que se vacila una sinfonía de Mahler con la misma naturalidad y exquisitez con la que puede dirigir a Guaco, porque Gustavo puede ser muy clásico pero su papá es trombonista y toca pura salsa, así que para Gustavo la música caribeña es lo más normal y se la disfruta. Entre tantos músicos nuestros que puedo nombrar porque hay mucha gente buena-buena, está por ejemplo el Negro Álvarez, un tipo que toca el cajón tan bien o mejor que cualquier gitano en la tierra entera, porque él llevó el cajón a un estatus muy elevado, gracias a su visión de baterista y a su sólida formación como músico.

—Y esa versatilidad es la que ha permitido que esa legión de músicos venezolanos que se han ido al exterior estén subsistiendo y haciéndose un nombre internacional, que sean altamente competitivos y puedan colocarse en las mejores agrupaciones y orquestas, amén de los innumerables emprendimientos musicales y artísticos que también están creando.

—Exactamente. Lo que ha pasado es que se ha creado una suerte de conflicto con músicos y artistas de otras nacionalidades. En Miami están todas las bandas atascadas de músicos venezolanos y todos haciendo música a un altísimo nivel y tenemos como competir. Y está pasando que en otros países, como algunos del sur donde el nivel de formación de los músicos nativos es menor, los nuestros llegan arrasando. No es que llegamos a quitarles el trabajo, es un tema que cuando tienes gente más calificada es imposible que no te contraten.

Y esa búsqueda de la excelencia con la que nos formaron y nos inculcaron, ha sido muy buena, ha sido salvadora, porque le ha dado trabajo a los músicos venezolanos en cualquier lugar del mundo. Entonces ahora recuerdo a Aldemaro Romero. Él tenía razón cuando un día me dijo: “Huáscar, no te preocupes, porque cuando estés pelando cable te vas a un hotel, tocas unas horas y te van a pagar 75 dólares por noche… yo también lo he hecho y vas a poder comer”. Aldemaro estaba clarísimo, y quiero decir que los músicos venezolanos nunca nos quedaremos sin trabajo porque la calidad no la puedes tapar con un dedo.

—A estas alturas de tu vida personal y artística ¿puedes darme tu autodefinición o decirme quién eres?

—Yo soy un maniático de la música, definitivamente. A la hora de grabar me pongo bastante fastidioso, y no porque yo quiero, sino porque así me acostumbré y me acostumbraron por tanto látigo que me dieron desde chiquito, tuve maestros muy exigentes y duros y eso me fue formando también la personalidad. Mucha gente conoce mi lado de maracucho, mi lado chistoso, pero otros, algunos amigos más cercanos, me dicen “el Kaiser maracucho” o “el maracucho alemán”.

La exigencia y rigurosidad fue la metodología bajo la cual me formaron y así me moldearon también una forma de vida: yo no sé ni puedo hacer las cosas mal hechas, busco de ser siempre lo más impecable que pueda. Y es que en este oficio, en este negocio, tampoco hay tiempo que perder y así me lo hicieron saber desde pequeño. De manera que me entrenaron para ganar y para hacer las cosas siempre bien.