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La marcha del silencio gritó contra Cristina Fernández

Por Juan Carlos Figueroa, desde Buenos Aires.- El miércoles fue un día extraño en Buenos Aires. Pasadas las 5pm (hora local), el pegajoso y sofocante verano se transformó en una tarde tormentosa. Y cuando todos debían correr a ponerse a resguardo de la lluvia, miles en el centro de la ciudad salieron con paraguas en mano a caminar por el medio de la calle. La llamaron “la marcha del silencio”, en memoria del fiscal Alberto Nisman, pero en lugar de callar, dijeron muchas cosas. Gritaron muchas cosas.

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Agencia EFE

Pidieron «¡justicia!, ¡justicia!», apenas los manifestantes comenzaron a reunirse en la plaza del Congreso. Reclamaban porque luego de un mes todavía no hay ninguna certeza sobre la muerte del fiscal Nisman, quien cuatro días antes de ser encontrado con una bala en la cabeza acusó a la presidenta Cristina Fernández de encubrir a los culpables del atentado contra la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (Amia) de 1994.

La protesta estuvo encabezada por un grupo de fiscales opositores al gobierno. También participaron la madre del funcionario, su ex esposa y sus hijas.

“¡Asesina!, asesina!”, se atrevieron a gritar algunos a lo largo de la caminata, que se movió por la Avenida de Mayo y llegó justo a las inmediaciones de la Casa Rosada. La Presidenta no estaba allí.

Más temprano, salió rumbo a su residencia de verano fuera de la capital argentina. El oficialismo calificó la actividad, convocada hace dos semanas, como golpista. Defendieron todos estos días que era una burda estrategia para utilizar la muerte del fiscal para desestabilizar. Y mientras los opositores marcharon, los kirchneristas se manifestaron por Twitter con la etiqueta #TodosConCristina.

Pero cada vez que el “¡asesina!” comenzaba a sonar fuerte, la mayoría de los presentes transformaba el grito en “¡Argentina¡, ¡Argentina!”. Siempre fue así. La acusación política también fue ahogada muchas veces por el himno nacional. Nada de política, fue la consigna formal de los convocantes. Sin embargo, los políticos no pasaron desapercibidos. Frente a los reflectores de las cámaras aparecieron al menos ocho pre candidatos a las elecciones presidenciales que se celebrarán este año en Argentina.

Cuando no había gritos, solo el goteo de la lluvia sobre los paraguas hacía ruido. Y a veces un murmullo general lo llenaba todo. Como si todos, de repente, comenzaran a rezar el rosario, mientras avanzaban con paso torpe y dudoso, intentando evitar los charcos de agua. La avenida de Mayo no bastó. Todas las calles aledañas se inundaron de gente. La Policía Metropolitana, citada por medios locales, asegura que había cerca de 400 mil personas. A lo lejos, desde la altura de los edificios cercanos, se podía ver una inmensa alfombra de paraguas.

Al lado de la Casa Rosada quedan las oficinas de la causa Amia, donde trabajaba el fiscal. Allí terminó la marcha. Volvieron a gritar. ¡Justicia!, ¡asesina!, ¡Argentina! Pero, al final, una consigna lo arrasó todo. Una frase con un pesado significado para los argentinos. Palabras que les hablan de dictadura, de muerte, de terrorismo, de política, de lo que no debería ser. En esta extraña tarde de verano, todos los marchistas comenzaron a gritar: “¡Nunca más, nunca más!”.

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