Isaac lucha contra el olvido de Paraguaná

En tiempos en los que se escarba en el pasado para justificar acciones políticas, borrando y tergiversando hechos, cambiando nombres y símbolos patrios, un profesor de la Universidad de Los Andes y sus estudiantes batallan contra el uso y abuso -y el desprecio- de la memoria histórica en un pueblo de Falcón

Isaac lucha contra el olvido de Paraguaná

1999. Unos vecinos limpian el lugar donde funcionará el archivo de Paraguaná. Algunos barren el patio y otros entran y salen del recinto con cajas de polietileno repletas de documentos viejos. Son los papeles del pueblo, abandonados en un depósito a merced de los hongos y el polvo.

Las caras de los voluntarios muestran entusiasmo por el trabajo. Son los maestros, acompañados de los grupos culturales del Complejo Cultural Josefa Camejo, fundado en 1991. El trabajo en el archivo no estaba contemplado entonces. Empezó hace unos meses y le llevó muchas semanas poder identificar y clasificar los documentos municipales.

La jornada está coordinada por Isaac López, quien después de hacer un diagnóstico de las condiciones de los archivos municipales del estado Falcón para la Fundación Polar, se dedicó a recuperar el de su comunidad: la península de Paraguaná, donde si bien no nació sí se crio y se formó durante su niñez y adolescencia. La historia de cómo venció al olvido de su pueblo empezó muchos años atrás, cuando se acababa de graduar de historiador.

Lejos y cerca

Isaac todavía recuerda cuando tomó la decisión de irse de Paraguaná. Fue un día de 1981. Tenía 17 años y no decidía qué estudiar. Le gustaba desde la arquitectura hasta la medicina veterinaria. Pero su papá, Felipe López Geerman, quien era un tipo muy reservado, le sugirió algo relacionado con la escritura, por sus calificaciones de bachillerato en historia y literatura.

Fue entonces cuando decidió cambiar las tierras áridas de Paraguaná, al norte del estado Falcón, por los páramos helados de la Sierra Nevada, en el estado Mérida. Allí estudiaría Historia, en la Universidad de Los Andes (ULA). La mudanza, por supuesto, implicó cambiar muchas de sus rutinas, pero el deseo de ser historiador –algo con lo que ya estaba entusiasmado– lo llevó a adaptarse a su nuevo entorno.

Estar a 686 kilómetros del estado Falcón no era un impedimento para sentirse en casa. En la Escuela de Historia se dedicó a estudiar a su comunidad. Después de cursar las asignaturas obligatorias, se propuso un ambicioso trabajo de grado que, por la complejidad y extensión del tema, le tomó más tiempo de lo estipulado: Coro, 1527-1823: Ensayo de crítica historiográfica y fuentes para su estudio. Una investigación de tres tomos.

Hacer ese trabajo sirvió de excusa para visitar a su estado en las vacaciones intersemestrales. En una de esas idas y venidas, en 1991 coincidió con la visita del presidente Carlos Andrés Pérez, quien se encontraba inaugurando el Complejo Cultural Josefa Camejo por los 200 años del natalicio en el pueblo de esa heroína de la independencia venezolana. Al evento asistieron también grupos culturales: músicos, intelectuales y poetas locales y regionales. Pueblo Nuevo se llenó de gente, de artistas y de obras de teatro.

A Isaac eso le emocionó mucho y se animó a visitar a su gente más seguido.

En otra de sus visitas al estado logró hacerse con una vacante en el Archivo Histórico de Coro, que había sido fundado unos años antes por el historiador Carlos González Batista, un académico reconocido por la historiografía.

Y fue González Batista quien, un día de 1995, le propuso un proyecto. Lo habían llamado desde Caracas: el historiador Manuel Rodríguez Campos, de la Fundación Polar, estaba ubicando a investigadores de todo el país para levantar un informe sobre el estado en el que se encontraban los archivos documentales de todo el territorio nacional.

Por su trabajo sobre Coro, Isaac era el indicado para Falcón. Un trabajo que también le había valido la recomendación de algunos profesores para tomar el cargo de profesor de paleografía en la Escuela de Historia. Aceptó la propuesta y se embarcó en un proyecto que lo llevaría al reto más grande que enfrentan los historiadores: la guerra contra el olvido y la desmemoria.

Esa era la realidad de Pueblo Nuevo: después de la visita del presidente, las actividades poco a poco fueron perdiendo interés. De un día para otro, el Complejo Cultural prácticamente quedó inoperativo y la gente volvió a lo suyo. El olvido otra vez regresaba a las calles llenas de arena. Los espacios, que antes estuvieron repletos de poetas e intelectuales, estaban nuevamente vacíos. Fue como si todo se hubiera tratado de un espejismo en el desierto.

Motivado por este escenario, queriendo cambiarlo, luchando contra el olvido, Isaac emprendió su viaje por todo el estado. El periplo le permitió llegar al corazón de Falcón y conocer su historia desde adentro. Viajó desde Tucacas hasta Mene de Mauroa, desde Pueblo Nuevo hasta Churuguara. Un trabajo duro en el que conoció cada rincón de la entidad, y donde la mayoría de los documentos estaban deteriorados. No había nadie que los cuidara.

Entre todos los fondos documentales, a Isaac le llamó la atención el de Paraguaná. Aparte del archivo de Coro es el más grande y antiguo de la región. Aunque él no cree en aquello que dice que los ciudadanos que no conocen su historia están condenados a repetirla, porque la historia no se repite, sí entiende que el desconocimiento del pasado deja al presente en tinieblas. Por eso, quiso hacer algo. Y Paraguaná fue su punto de partida.

Reunió a la comunidad, les explicó la importancia del proyecto y recibió su apoyo. Esos mismos jóvenes de grupos culturales, la mayoría aprendices de actores y dedicados a la poesía en el Complejo Cultural, ahora acompañados de maestros de las escuelas y liceos, emprendieron el rescate el archivo histórico que desde 1999 se llama Archivo Histórico del Municipio Falcón.

Después de la limpieza, el trabajo contempló la organización, clasificación e identificación de los documentos que fueron catalogados en cuatro fondos documentales: el del Concejo Municipal, de la Alcaldía; el Juzgado, relacionado con la aplicación de justicia en la zona; la Prefectura, concerniente a la vida civil; y, finalmente, el de Registro Subalterno, que era el más viejo de todos.

La memoria parecía regresar para quedarse.

A partir de entonces, el trabajo empezó a dar sus frutos y la gente sonrió cuando, de los legajos amarillentos, aparecieron las partidas de nacimiento de varios habitantes del pueblo. Estaban extraviadas desde hacía décadas, perdidas con la identidad de los mismos habitantes. Identidad que Isaac, ahora fundador y director del archivo, rescataba de las fauces del olvido.

Playa y trabajo

2009. Diez años después de aquella gesta, Isaac ya no es el director del archivo. Dejó el cargo en 2007 por diferencias con el gobierno regional y nacional. Su labor no le fue reconocida: un artículo de prensa en el que desmontaba el uso político que el chavismo hacía de la figura de Josefa Camejo contribuyó con el cese de sus funciones. Aunque eso no le impidió seguir colaborando como profesor de paleografía e historiador de la región.

Por eso, cuando los primeros tres fondos estuvieron completamente recuperados, consideró que ya era hora de empezar con el cuarto: el del Registro Subalterno. Entonces, junto a su colega de la ULA, Robinzon Meza, diseñó un proyecto de servicio comunitario para la Escuela de Historia.

La idea era llevar a Pueblo Nuevo a los futuros historiadores de la ULA, para que trabajaran en la recuperación. Los gastos de pasajes corrían por su cuenta, mientras que la comida y el hospedaje los cubría la comunidad. El Estado no se hizo cargo.

Los estudiantes se entusiasmaban con la idea porque era una oportunidad para ir a la playa, que, viviendo en Mérida, les quedaba a muchos kilómetros. En las vacaciones, 6 o 7 estudiantes iban de visita. En total, fueron cerca de 30 alumnos los que visitaron Paraguaná.

Isaac los llevaba a recorrer la península en su jeep. Conocían los pueblos de Falcón y se bañaban en sus playas cristalinas. Cambiaban el frío de la montaña por el calor del Caribe, con un cielo azul celeste que se fundía con el mar en el horizonte.

Pero eso eran los fines de semana, porque cuando llegaba la hora de trabajar, nadie se detenía en su gesta por la memoria histórica. La mayoría de esos documentos revelaban sucesos del pasado que eran desconocidos para sus propios habitantes. Hechos que los estudiantes voluntarios pudieron dar a conocer, porque en esos folios encontraron las investigaciones que desarrollaron sus trabajos de grado. Isaac los orientaba y en varias oportunidades sirvió de tutor. Viajaban al pasado a través de los folios, a la vez que batallaban contra el olvido en nombre de la memoria.

Más de 9.000 documentos fueron catalogados. Una hazaña que, como el mismo Isaac cuenta, ocurrió en el momento indicado: la comunidad fue la responsable de mantener, darle alojo y atender a los visitantes cuando las circunstancias lo permitían. Ante la crisis económica que asfixia a la población, hoy los vecinos no podrían hacer una labor así. Y eso es algo que les preocupa, pues, si bien el archivo ya se encuentra restaurado, no cuenta con un presupuesto propio y la preservación de ese trabajo está en riesgo.

Sin futuro

2021. El Complejo Cultural Josefa Camejo, que fuera orgullo de Paraguaná, está en peligro de derrumbe y con graves marcas de comején. No hay dirección, no hay rumbo, ni presupuesto. Aunque Isaac confía en la voluntad de su gente por preservar el acervo de su pasado, no deja de sentir miedo de que el olvido regrese de nuevo.

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